Evolución

Hoy me he preguntado para qué sirve este blog. Yo creo que empecé a escribir sin más, o por colmar mi ego que es lo más probable. Ante el apoyo de la gente seguí escribiendo hasta que, poco a poco, me quedé sin ideas. Es lo que pasa cuando no tienes un fin. En el fondo es moverse como pollo sin cabeza.

La verdad es que no sé cuál es mi papel, lo voy intuyendo pero… Esta es una enfermedad que no es un catarro, evoluciona, no se cura, y va a peor de un modo inexorable. Las consecuencias de la enfermedad en la vida diaria son muchas. Mantener una vida como en el pasado es imposible. De hecho, cada vez tengo menos ganas.

Estoy recapitulando, o sea que me pasa a mí esto, sin explicación ni cura algunas, que me aparta de mi carrera, que me lleva a casa, a ser objeto de la preocupación de mi familia y amigos, a asumir la dependencia, y sigo más o menos igual. Cierto que he aceptado alguna cosa pero porque a la fuerza ahorcan, pero no he dado ningún giro importante, hasta ahora he pensado que aceptarlo, con cierto humor, era suficiente, y no lo es. La evolución exige algo más. De hecho en la vida no estamos solos, en realidad no somos el barco que fluctúa en el río de la vida, somos un tripulante con una misión y , si no la  intuimos o no la cumplimos, perjudicamos a los demás y al barco.

La lección de este momento vital puede ser lo que decía Cristina Laclériga en su blog: no estamos ni vivimos solos, no es cierto lo  de “no hay dolor comparable a mi dolor” y ¿qué sabemos? las apariencias engañan siempre y el filtro propio engaña más aún. Además buscamos la autocompasión, y la gente nos da su compasión o bien porque no sabe qué hacer, o porque le da igual, o porque (alguno) realmente lo siente. El problema no son los demás, que, siempre, ayudan, el problema somos nosotros que, si no tenemos claro nuestro nuevo papel, mareamos a todo el que se deja.

El punto está en saber qué podemos hacer y en aceptar toda ayuda. Complicado lo de aceptar la ayuda, pero necesario. Supone renunciar al propio criterio de cómo  cuándo se hacen las cosas y dejar de hacer hasta lo más sencillo. Un abandono complicadito para alguien acostumbrado a mandar, pero es lo que toca, lo contrario es rechazar el cariño que nos envuelve, hay que ser conscientes que, detrás de cada ayuda, hay una preocupación por el bienestar del otro, y que es más fácil sufrir que ver sufrir.

2018

Hoy empieza 2018, mi deseo era acabar 2017 y no acabarlo muy mal: se ha cumplido. El año ha sido bueno. Lo comencé con la declaración de invalidez permanente absoluta y mi desvinculación del despacho. Podría decir que fue duro, pero estaba cantado. Lo más relevante de 2017 es que me he ido acostumbrando a mi nueva situación. Pero como esto progresa más rápido que yo, a ver…

En fin, empezamos  un nuevo año, primero a ver si lo acabamos, que gente sin menos motivo se fue en 2017, además a ver si lo disfrutamos, y propósito: ninguno, con tal de no ser obstáculo es suficiente.

Lo de los propósitos de año nuevo es total. Imbuidos por la bondad de estos días (que se acaba el día 8) nos proponemos de todo: ir al gimnasio, dejar de fumar, sacar una oposición… tranquilos, estos propósitos duran hasta fin de este mes, si duran más, puede que se trate de algo de verdad. Como decía, todo va en este clima navideño  global de bondad, amor y felicidad pero se pasa pronto y 2018 dura más.

A la hora de hacer propósitos hazte pocos y que sean cumplibles, así, al menos, evitamos caer en la depresión de no verlos cumplidos.

Ni yo bordo pañuelos, ni tú rompes contratos….

Como cantaba María Jiménez, esto me recuerda a que, suele pasar, que nunca nadie tiene toda la razón pero, a veces, sí y hay que dársela.

Sucede que el mundo de hoy en día predomina el equidistanciamiento. Hay, sin embargo, otra posición que suele mojarse más en favor de una parte pero suele pecar  de radicalismo, tal y como le suelen confirmar las actuaciones de su defendido.

Las dos posiciones obedecen al mismo miedo , yo no me mojo nunca no vaya a ser que me equivoque, yo pienso siempre lo mismo y, si me equivoco, he sido coherente. La necesidad de no equivocarse nunca, o, si me equivoco, tengo justificación,

Ambas son comprensibles pero un poco cansinas, hay un tema que, hoy en día, se olvida sistemáticamente y es el propio criterio. Ciertamente el criterio propio da miedo ya que conlleva asumir responsabilidades y éstas pueden ser duras, el propio criterio lleva a mojarse y no a sostener siempre que todo el mundo tiene sus razones. Cierto que cada cual actúa movido por su razón, pero no todas razones son iguales, mantener esto, lleva a equiparar víctimas con verdugos por ejemplo.

No se puede ser tan poco ecuánime que se sostenga sólo una postura, pero cundo, generalmente, se es equidistante, y se justifica a ambas partes, se suele ser frío e injusto.

No todas las razones o motivos son iguales, hay que saber discernir, y hay que saber decantarse si es necesario.

En el fondo es ser frío o caliente, la otra opción es ser tibio y ya se sabe que los tibios no salen muy bien parados en la Biblia.

Independencia

Aclaremos, en primer término, que lograr la Independencia es algo legítimo. De hecho, a nivel personal, lo deseamos todos, y la dependencia suele ser complicada.

La idea de la Independencia está bien, y si esa idea se materializa suele estar mejor, o no, pero, al fin y al cabo, es lo que queríamos. Independencia no es sinónimo de algo necesariamente bueno.

En España también se logró la Independencia, de ahí el nombre de nuestra famosa guerra contra Napoleón en la que tuvo parte muy activa la, entonces, patriótica Cataluña.

Independientes fueron los reinos de Taifas y el cantón de Cartagena.

Euskadi buscó la Independencia y Cataluña. cíclicamente, la busca, la culpa, parece ser, que la tuvo Felipe V.  El hombre no sabía que un acto de principios del siglo XVIII sería juzgado con criterios del siglo XXI, un poco tarde pero todo viene bien, el que no se consuela es porque no quiere.

La Independencia como fin es, sin duda alguna, algo legítimo. Pero, claro, todo fin tiene un camino para llegar a él. En España no lo hay, pero una amplia base social puede cambiar las normas y trazar el camino. De hecho cosas más difíciles hemos hecho, y que se vaya Cataluña no es la más.

Pero, tras varias elecciones normales y con mucha participación, la conclusión es que el voto independentista nunca llega ni a la mitad. Además se ve que es un voto rural, el urbano no es independentista. Y ni las generales ni las autonómicas las ha ganado un partido independentista. No hay mayoría independentista para cambiar las normas.

Conscientes de ello, los independentistas más inteligentes (Más y Junqueras) planean ir por la mayoría pelada, pasar de la otra mitad de Cataluña,  repetir la matraca independentista ad nauseam a través de TV3 y sus medios, y poner gente  que no sepa hablar de otra cosa que la independencia, ERC consigue a Tardá, Rufián y Rovira y el PDECAT a Puigdemont. Inteligentes no, por favor, que se abren a discutir y aceptan argumentos.

Una hoja de ruta demencial, unos parlamentarios de escaso nivel, pero repitiendo siempre lo mismo, los medios de comunicación propios o subvencionados, un electorado abducido, y el complejico natural de España, era la fórmula perfecta.

Lo que pasa es que en el camino han cometido delitos y desafueros sin término, no han convencido a nadie más, y han despertado a la otra mitad de Cataluña al ver de qué iban.

Si el fin es legítimo, el camino debe serlo. Aquí lo han planteado como una revolución y, ante la revolución, la Justicia, ha actuado, no hay más.

 

El río de la vida

Que la vida es un río ya lo decía Jorge Manrique. Que la vida es un proceso es lo mismo, además eso es lo único inteligente que dijo una psicóloga que tuve hace más de dos años. La vida no es rectilínea, ni nosotros estamos preparados para serlo, quizá estamos educados para serlo pero venimos programados para sobrevivir a lo que nos toque.

Esa es una idea que veo cada día más clara. Surgió de una pregunta en la charla del a.p.a agustinos- Romareda. Me preguntaron qué les diría a los niños; en realidad a los niños no hay que decirles nada, vienen programados para hacerse con todo lo que les toque. El problema es que deben sentir y crecer en libertad y no condicionados por los miedos y neuras de sus padres. Si yo he aceptado mi enfermedad, cualquiera puede. No condicionemos  a los niños con la vida que nos gustaría que llevaran o les tocara. Hemos de tener muy en cuenta que somos su ejemplo y su espejo para lo bueno y para lo malo.

La vida es un río, cambia. evoluciona y, tozuda, va a su fin. O nos dejamos llevar, o nos arrastra la corriente. Hasta esta enfermedad yo he rechazado depender de nadie y, ahora, me veo necesitado de dependencia, y digo “necesitado”. Hasta ahora, me he gloriado, de haber logrado todo por mi esfuerzo, pero ahora veo que el plan es otro, experimento la dependencia, con todo lo que tiene de confiar, de dejarse hacer, de dejarse querer, algo a lo que siempre, soberbiamente, me he negado.

Hoy, meditando ante un Belén, porque uno es de esa escasa minoría que se llama católica y, por ello, en este tiempo no desea Amor y Felicidad a nadie, ante la figurita del niño Jesús que depende de todos y todo para sobrevivir, creo que hay mucho que pensar sobre la dependencia. En realidad muchos dependen de uno para tener, simplemente, un día mejor. Una sonrisa, un recuerdo, un WhatsApp,… cuesta poco, pero, por favor, no sólo ahora sino durante todo el año.

Este tiempo de Navidad entre el exceso de bondad, amistad, comida, etc… resulta nauseabundo. Lo cierto es que era tan sólo un tiempo litúrgico, pero, a falta de Religión, lo mejor es sustituirla por comer, beber, y hacer sensibleras proclamas de unos deseos de bondad universal que se pasan el 8 de enero.

Este es un buen tiempo para  reflexionar, para recomenzar, para darse cuenta de cómo somos y cuál es nuestro papel ahora en el río de la vida. Quizá ya sea absurdo el figurar, quizá el papel sea ser mero instrumento, quizá sea dejarse querer. Cuesta mucho dejarse querer, pero hay mucha gente que es feliz queriendo a los demás, la cuestión es que alguien se deje. No se trata de aprovecharse de los demás sino de saber recibir su preocupación y cariño.

Hoy, el río de la vida me lleva a descubrir eso. Parece una tontada, y quizá lo sea, pero te lleva a profundos cambios si la sigues.

KENOSIS

Los que tenemos cierta edad, respetable ya que no somos ni jóvenes ni viejos, solemos tener algún cura amigo en nuestra generación, cuanto más joven se es, es más difícil, me temo.

Yo tengo más de un amigo cura, o sea sacerdote católico, esa religión que va de más a menos en su papel social o que mucha gente dice profesar aun cuando ni sabe de qué va. Con uno de estos amigos, con el que luego coincidí en un cumpleaños en Madrid, muy agradable por cierto, tomo café una vez al mes. Mi amigo, que estuvo en Roma aunque te habla más de Maella como experiencia vital, me comentó lo de la Kenosis y, como es griego, me dijo que significaba “abajamiento”, y me pregunta por cómo llevo mi personal Kenosis cada vez que quedamos. Y la llevo mal, muy mal, es lo que peor llevo, Claro abajarse, que en mi caso no es voluntario, lleva a depender de todo, de todos, y cada vez más, Abajarse lleva a aceptar y, para cuando acepto, esto ya ha ido a más. Es complicado. Claro, hay que ligar el “abajamiento” con el Misterio central de la Navidad, que no es si papá Noel era de Finlandia o un obispo italiano, es Dios que se convierte en niño, voluntariamente. Se despoja de todo, y acepta la peor de las condiciones y un futuro, en fin, digamos que complicadito.

Yo, hasta hace poco, comparaba esa distancia como la que hay entre el hombre y la hormiga. Pero yo no soy hormiga, o sea, que no vale.

Ahora la comparo entre mi vida independiente y la dependiente. Ambas sé de qué van ambas. Y no acepto la kenosis,  bueno acepto algo, no todo. En el caso de Dios su kenosis no tiene parangón. yo uso la mía porque es lo único que conozco.

Todos tenemos nuestra particular kenosis pero ¿la vemos’ ¿la aceptamos? Buen tema para meditar en este tiempo que se acerca que, seamos católicos o no, que cada vez somos menos,siempre será Navidad, incluso si Puigdemont sigue en Bruselas.

 

 

Colegio agustinos Romareda

Hoy el Apa del Colegio agustinos Romareda de Zaragoza me ha invitado a dar una charla sobre superación de la adversidad, Hace más de dos años que no doy charlas en público, por eso me la he escrito, creo que he dicho algo de lo escrito, además, me ha salido desestructurada, pero yo soy así,  ahí va:

“1-Presentación

Buenas tardes, gracias por venir, me llamo Luis Murillo, hace más de dos años que no hablo en público, me vi­ mal con el habla y me retraje, hoy estoy peor.

Yo nací el 28 de mayo de 1967, estudié en corazonistas, e hice la carrera de Derecho en nuestra Universidad. En 1995, ingresé en la escala de Letrados de la DGA , antes, de 1990 a 1994 intenté Abogado del Estado pero no la saqué. En la DGA fui también secretario del Consejo Consultivo, y vocal de la Junta de reclamaciones económico-administrativas. Impulse y fundé la asociación de Letrados de la DGA.

En 1998 me caso, en 2004 nace mi hija.

En 2005 me compro casa tipo casoplón.

En 2005 pasé a ser Director Jurí­dico de Tv y Radio autonómicas, que entonces se fundaban y partí­amos de cero.

En 2007 pasé a Cuatrecasas con la máxima categoría de abogado excepto los socios-propietarios.

En 2012 tengo los primeros síntomas muy leves de la enfermedad, en julio de 2014 dejo de correr, no puedo, en noviembre de 2014 me diagnostican la enfermedad: ataxia cerebelosa bilateral, no hay medicamentos. En mayo de 2015 dejo de conducir.

El 6 de octubre de 2015 me cojo­ la baja, en octubre de 2016 me cambio de casa, el 26 de diciembre de 2016 me comunicaron la invalidez absoluta, y en septiembre de 2017 vendo mi antigua casa. Ahora hago fisioterapia, dos veces por semana, terapia ocupacional, una vez, xilografí­a japonesa, yoga y logopedia, tengo un blog, facebook, linkedin, twitter, ayudo a preparar oposiciones, y trato de reinventarme día a dí­a.

2- ¿Qué pinto yo aquí­?

La verdad que no lo sé. La gente que me ha invitado piensa que mi testimonio es importante. Yo, siendo sincero, y pese a ser abogado, no lo sé. Una enfermedad como ésta supone una catástrofe y no se supera. Como mucho se acepta, se sabe que la vida va a ser distinta a como venía siendo.

Todo es un proceso de aceptación paulatina, la vida no es la misma y uno no es el mismo. No se trata de superación. La enfermedad no es algo que superar sino algo con que vivir con naturalidad, y eso cuesta.

Acostumbrarse a que te cuiden,

Acostumbrarse a que te hagan todo.

Acostumbrarse a dejar hacer.

Acostumbrarse a escuchar.

Acostumbrarse a hablar raro.

Acostumbrarse a la dependencia.

Acostumbrarse a la silla.

Acostumbrarse a confiar.

La costumbre leva a la aceptación.

Los demás tienen un papel muy activo, con una mera sonrisa o con una simple amabilidad pueden cambiar vidas.

1 Consejo: acostumbrémonos a ser amables siempre y a escuchar.

Adversidades, contradicciones hay muchas, en distinto grado, estemos dispuestos a sobrellevarlas, no se miden objetivamente, sino subjetivamente, en base a su intensidad. No valoremos, escuchemos, acompañemos. Y no digamos gilipolleces objetivas como ” ¡Qué día llevamos, a ti se te muere el padre y yo pierdo el lápiz!

2 Consejo: fomentemos el oír el sentimiento propio sin ser sentimentalistas de lágrima fácil. Dejemos que los niños sientan y no les encerremos en un sistema de normas. Sólo sintiendo distinguirán el grano de la paja.

No pensemos que la solución es formar en valores. Cierto que hay que formar en valores pero hay valores permanentes como la sinceridad, la honradez y el esfuerzo y otros caducos, temporales o poco importantes. Además sucede que hay valores que sirvieron para nosotros pero no para nuestros hijos que crecen en otros que no comprendemos.

Rechazarlos aumenta la brecha generacional.

3 Consejo: la vida es un rio. La vida no es algo rectilíneo, es un iter, un camino, un proceso, con sus baches, sus meandros, etc… la vida nos viene dada, no la diseñamos nosotros, pero somos libres para aceptarla o no.

El hecho de que algo no nos guste no es malo en sí­, por ejemplo: no nos gusta el colegio y vamos, A veces lo que nos gusta no nos conviene: por ejemplo los dulces. La vid no es sólo cuestión de gusto, el gusto es una buena orientación pero nada más. Suele pasar que queremos lo que nos gusta pero hay que saber distinguir.

A mi no me gusta esta enfermedad, me cuesta vivir cada momento, yo sufro, mujer sufre, mi hija sufre, mi familia sufre, la opción es aceptarla y hacer todo lo que se pueda. Sucede que, cuando se hace, se mejora uno y su entorno y todo va costando menos, pero se hace partiendo de las propias limitaciones, porque es absurdo querer correr cuando no se puede andar, lo que no es absurdo es querer que la silla corra más.

Me gusta la imagen del escudo de Parí­s: un barco, unas aguas y el lema “Fluctuat nec mergitut”, fluctúa pero no se hunde, en realidad eso es la vida: fluctuar, y hundirse, inevitablemente por viejo o por enfermedad, al final pero no voluntariamente.

Sucede que todos siempre nos hemos fijado en otros que se enfrentan a adversidades terribles, y siguen, mal o bien fluctúan, tú también eres capaz, todos lo somos. Sólo hace falta una cosa: sentirse querido y respetado. Si la familia y la sociedad te tratan normal, y no te agobian con cariños, compasiones y elogios innecesarios, se puede tirar. No somos gente especial somos gente normal a la que le ha pasado algo, como los rubios por ejemplo, nadie piensa en hacerle nada especial a un rubio, a nosotros tampoco. Lo hay que hacer es adaptar, pero ya eso lo hacemos, todos, de continuo, porque no hablamos igual a todo el mundo.

Como decí­a una, especiales son las pizzas, no nosotros.”

 

 

Democracia

Dicen que decía Tierno Galván que “la democracia no es sino la lucha por la democracia” entiendo pues, que la democracia no es un concepto estático sino dinámico.

Democracia es un sistema de gobierno que, etimológicamente, significa “poder del pueblo”. Pero claro, se podría entender como “poder Popular”, y hay quien así lo entiende, o poder de las mayorías, y hay quien ha usado esto para convertir una democracia en una dictadura de libro.

Últimamente Puigdemont y sus secuaces hablan mucho de democracia mientras movilizan al enfrentamiento a una parte importante de la población.

Democracia es un concepto antiguo y muy baqueteado. Lo primero habrá que ver qué es. Parece claro que la historia nos da pistas, las democracias populares encubren dictaduras, si se adjetiva el término vamos mal: democracia real, participativa, popular… si se usa mucho (como Puigdemont) algo encubrimos, si se confunde democracia con votar es como mezclar churras con merinas, de hecho se vota en las dictaduras. Es un concepto complejo. Podemos decir que se basa en tres puntos: 1. Respetar la opinión de las minorías, darle un cauce posible y darle la posibilidad de convencer a la mayoría. 2. Respetar el imperio de una ley igual para todos. 3. Concebirla como un concepto dinámico que va cambiando con los avances sociales, es decir, va calando en la vida de la gente: partidos políticos, movimientos sociales, participación ciudadana… En estos puntos se basa, sin ellos no hay democracia, y la democracia los perfecciona.

Además de ello, hay que arbitrar un sistema que le dé la voz a los ciudadanos en los asuntos de gobierno, elección de representantes, participación, etc…

Hay que ver hasta dónde se llega porque no hay que olvidar que la democracia es un sistema de gobierno y dónde no hablamos de gobierno, o hay otros valores, por ejemplo la justicia, o, a lo mejor, la democracia sobra del todo, o, como en muchas decisiones docentes, no puede ser lo mismo el voto de un alumno que el de un profesor. La democracia es un sistema de gobierno, y no otra cosa.

No es una fe, ni algo obligatorio, no es un término unívoco, ni está en posesión de nadie. Es un mero sistema de gobierno sujeto a perfección diaria. Si se va pensando, cabe esa perfección, si se busca alternativas conseguiremos otro sistema de gobierno, ¿mejor o peor? depende.