San Josemaría

img_20150531_175655Virgen del Pilar. Perdiguera

Esta primavera tuvimos una comida en casa de mi padre en Perdiguera con él, obviamente, mi tío Jesús y con Miguel, Goyo, Ricardo, José María y don Santiago.

La comida fue muy amena, se trataron muchos temas el primero de los cuales fue la propia comida: migas y carne asada, más sencilla y mejor, imposible.

Lógicamente  hablamos de San Josemaria que, justo después de ordenarse y cantar Misa, vino a suplir al párroco unos dos meses a Perdiguera allá por 1925, tres años antes de la fundación del Opus Dei.

También vimos fotografías de la época y, claro, Perdiguera era un pequeño pueblo de Monegros en 1925, con todo lo que ello conllevaba.

San Josemaría venía de Barbastro, que era y es la capital de su fértil zona, había hecho el seminario en Zaragoza y su primer destino era Perdiguera. Además no se alojó en casa del párroco, sino en una casa muy humilde, pero muy limpia y de gente muy honrada, de unos labradores.

El Santo  ha dejado dicho que aquella estancia le hizo “mucho bien”, hablando de su estancia con especial cariño.

La conversación transcurrió con hechos que no se recogen en las biografías como que mi bisabuela paterna veía como antes o después de Misa paseaba hasta la cercana ermita de San José. Hecho, sin duda, cierto tanto por la testigo como por la conocida devoción del Santo por San José.

La duda surgió por las “sopas con vino” que, según las biografías, dijo a San Josemaria el hijo, del matrimonio con que se alojaba,  que se comería en caso de ser muy rico. Yo creo que hacía referencia a sopas acompañadas de un vaso de vino, otros creen que es el típico pan con vino, lo que es claro es que es imposible que sean sopas cocinadas con vino. Pero el chaval dijo lo que dijo.

Le dije a Miguel que investigaría algo más, y lo haré, no es habitual que un Santo fundador se aloje, siquiera sea sólo dos meses, en el pueblo de uno.

Oposiciones

Me acuerdo que cuando era opositor, en los tiempos del cuplé, había un libro cuyo título era “Oposita que algo queda”. Durante mi época de opositor no leí otra cosa que mis temas y luego no he leido nada relativo a oposiciones que no sean los temas propios, o sea que de ese libro sólo recuerdo el título

La verdad es que a mí no me fue mal en las oposiciones (y eso que no paré, estuve más de 4 años y me reconvetí de oposición) pero reconozco que es un sistema antinatural que embrutece y llega a machacar la juventud.

Yo diría más bien que no oposites si no estas al 100% seguro de dónde te metes.  La juventud da mucho de si, pero hay que saber que se estudia unas 12 horas al día, 6 días a la semana (salvo cuando se firma convocatoria que son 7) y  que hay algo de vacaciones en Navidades, Semana Santa y Verano cuando no hay convocatoria.

Además no vale pensar a priori en los años que se va a estar opositando, se sabe cuándo se empieza no cuándo se acaba. Ahora bien, sucede que puedes tirarte años, refugiarte en el tran tran, ir más o menos mal o no sacar la oposición nunca ni tener visos de sacarla, en estos casos hay que tener el valor de dejarla.

Sacar la oposición está bien, no sacarla, como me dijo un amigo, es un fracaso y que no os cuenten películas, Es un fracaso y hay que asumirlo como tal para cerrarlo y saber salir de él, que la vida es más que un examen y el mundo es muy grande.

Lo dicho, se cuentan muchas chorradas sobre la oposición, pero el que quiera hacer una tiene que saber de qué va, ver su progresión, y ser muy honrado consigo mismo.

Las formas

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Que el “hábito no hace al monje” ya lo sabemos, pero ello no implicaba quitarse los hábitos sino procurar ser mejor monje, que es más difícil. Sucede que la moda de religiosos, sacerdotes, monjas y demás ha sido poco menos que lamentable desde que no se obligan a vestir hábito o sotana y no por ello más piadosos.

Pero pasemos a la vida civil. Sucede que en sitios como la función pública en España no hay norma alguna exigible en materia de vestimenta y aquello puede llegar a parecer la peña del pueblo.

Yo recuerdo que tomé posesión ante el funcionario de Registro que iba con unos vaqueros y una camiseta de “ACDC” (lo dicho, como en la peña, familiar en todo caso). Aquello puso un punto poco serio y poco formal y me hizo ir siempre de traje por eso.

España es un país de base ácrata que busca la informalidad en todo aun a costa de banalizar todo. A mí no me parece mal que se flexibilicen las formas pero entre eso y “vestir el cargo” hay un punto.

El particular quiere que, si es un alto cargo quien le atiende, vaya vestido de modo acorde a su posición, así como es bueno saber que hay un cura por la calle porque lleva sotana y no que vaya vestido como un mozico de pueblo.

Las formas en el vestir, el hablar y el escribir son importantes.

De ahí pasamos a la nueva política y sólo diré ¿iría usted mejor vestido a la comunión de su sobrina que a ver al Rey de España?

Todos y todas

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Menos mal que la RAE ha dicho con claridad que en español el masculino es el género neuto que se refiere al femenino cuando se cita personas o cosas de ambos géneros.

Recuerdo que lo del “todos/todas” empezó hace muchos años, cuando algún político progre, básicamente inculto, propuso redactar las normas así.

A parte de esto, todas palabras tenían su femenino, y así surgió el “miembros/miembras” de una ministra que ahora disfruta en la ONU de un cargo proveniente de su dilatada historia en pro de los derechos de la mujer.

Así pues, la sociedad española, instalada plácidamente en la incultura, empezó a hablar mucho para no decir nada y a hacer palabras raritas, así en vez del APA, dado que sólo hablaba de padres, nació el AMPA, que habla también de madres y tenía una cierta reminiscencia extraña.

La RAE ha hablado, pero tarde, nos ha recordado una norma básica de nuestro idioma pero el “Bienvenidos y bienvenidas a todos y todas…..” se ha impuesto.

Hay políticos como el sr. Garzón que da pena oirlos, también Sánchez Castejón y otros de su ralea.

Lo gordo es que el “Bienvenidos y bienvenidas” me lo oí el otro día en un pase de modas infantil. La tontería, concluí, es muy contagiosa.