Tiempos de tribulación

El Evangelio de ayer, en línea con la lectura del Apocalipsis que se hace al principio, va sobre las persecuciones y catátrofes que Jesús anuncia a sus discípulos, si bien, al final de todo ello, les anuncia tambien que llega, asimismo, el día de su liberación.

Es decir, quien en una crisis, o tribulación, no corre como gallina sin cabeza, al final triunfará.

Volvamos a la conocida máxima ignaciana: “en tiempos de crisis no hacer mudanza”. Tiempos de crisis, tiempos de tribulación de cualquier tipo, que nos ponen a prueba, o ponen a prueba nuestras creencias o nuestra línea de actuación. En esos tiempos hay que insistir en lo que creemos profundamente.

La crisis puede ser de todo tipo, cada cual que mire su caso, económica, personal, profesional……

La cuestión es que la crisis se lleva por delante todo lo no assentado, todo lo no auténtico, la crisis en sí no es mala dado que depura.

Puede crear  situaciones difíciles, e, incluso, aparéntemente insolubles, pero de todo se sale.

La cuestión es agarrarse a algo para salir, no sea que no tengamos nada a lo que asirnos y nos acabemos hundiendo.

 

Perseverancia

El Evangelio de hoy relataba aquel pasaje en que Jesús anunciaba a sus discípulos toda suerte de persecuciones por Su causa si bien les decía al final que “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Los antiguos decían que la virtud no es otra cosa que una repetición de unos determinados actos. Es decir, la perseverancia, la repetición, en el bien es una virtud.

Vamos a hilarlo con lo que decíamos sobre la sonrisa. Una sonrisa es más que nada pero no es suficiente, la perseverancia en sonreir forma la virtud de la alegría, ¿se sonríe porque se está contento? ¿o se está contento porque se sonríe? La primera pregunta va en línea de lo que dice la Escritura “de la abundancia del corazón habla la boca”, la segunda va en línea de lo dicho aquí: la repetición de actos buenos da lugar a una virtud. En definitiva da igual, es un poco si fue primero la gallina o el huevo. Ambas tesis son complementarias.

Lo cierto es que perseverar en un ánimo positivo da lugar a alegría y esta suele ser contagiosa.

A veces no se tienen ganas de sonreir, y es difícil perseverar si no se sabe en qué. Si no hay motivo para no sonreir, mal vamos, si el motivo es unaa chorradilla hay que superarlo pronto, si es grave hay que buscar fundamentos y ayuda para superarlo, y si es muy grave, y no se puede superar más que con el tiempo, ahí están los demás.

A mí, cuando mi enfermedad era más que evidente, una persona que había dejado todo por vivir en Comunidad me preguntó si había dejado de creer, la repuesta fue rápida, la verdad es que no. No hago más que antes, no soy ni mejor ni peor, creo lo mismo, mucho o poco, porque perder la fe y la salud por lo mismo ya es de tontos.

Este tiempo, y para el futuro, sólo le pido a Dios fuerzas para soportar lo que venga, y, de momento, lo que necesito viene por anticipado y, a veces,  pese a mi.

Hoy tengo ocasión de compartir y meditar con vosotros sobre la perseverancia, algo muy necesario sobre todo cundo no sale el Sol, hemos de saber que o no miramos en la dirección correcta o que, indefectiblemente, saldrá,

Sonreir

Hoy en el tranvía me ha ocurrido un suceso intrascendente, aparentemente. Un joven, a la vista de mi bastón y mi mala manera de andar me ha pulsado y abierto la puerta, yo le he dicho “gracias” y él me ha contestado “de nada”; como digo algo sin importancia pero primero él se ha dado cuenta, segundo me ha abierto la puerta y tercero ha recibido mi agradecimiento y me lo ha devuelto con una breve contestación. Yo me he sentido muy bien, da gusto que exista gente normal por el mundo.

Parece mentira pero los que estamos más débiles necesitamos eso, que se nos devuelvan las gracias, un mensaje de whattsapp preguntando por nuestra salud, médicos que bromeen etc…. y, sobre todo, gente positiva y que sonría.

Yo, cuando estaba bien, no pensaba en que nada de eso fuera importante, ahora veo que sí y que se agradece mucho,sobre todo, si el que lo hace no tiene otro motivo de sonreir que su real gana.

Estaba dándole vueltas a esto cuando he recibido el comentario del Evangelio del día que se refiere a aquél pasaje en que los discípulos admiraban la majestuosidad del Templo de Jerusalem y Jesús les decía que de lo que veían no iba a quedar piedra sobre piedra. Yo siempre pensé que iba sobre la destrucción de Jerusalem por Tito, pero, según el comentario, tiene un sentido más propio.

Primero que no hay que admirar siempre el exterior, cosa que, algunos como yo hacemos siempre, y segundo que toda construcción (véase vida profesional) se puede destruir en un instante (equivocación, mala racha, enfermedad…) de modo que no quede piedra sobre piedra.

A mí me ha pasado y me pasa, esta enfermedad ha puesto en solfa mi vida profesional, me limita cada vez más y me hace depender de todo el mundo. O sea que de mi  quedará poquito, aquello que no sea exterior, o sea poquito. Salvo que esta enfermedad sea una inestimable ocasión para trabajar hacia adentro, que es lo más posible.

Hoy en día me quedan muchas cosas que hacer, pero la más importante  y dura es mantener la sonrisa. Ojalá pueda, sino puedo, siempre tengo la de mi mujer y la de mi hija pero espero que, los que lean este blog esbocen una sonrisa y se propongan sonreir todos los días que alguien, seguro, se lo agradece.