Cabreo

Como mi psicóloga dice que a cada cosa hay que darle su nombre, hoy he sufrido un tremendo cabreo que se ha venido desarrollando poco a poco.

Las condiciones para estar cabreao like a monkey son:

Previas

1-Llevar un tiempo solo en casa.

2-Que lo previsto no se cumpla.

3-Dedicarse a cosas que no son de provecho, y tener cosas que hacer.

Simultáneas:

1-Tener que ir a rehabilitaión en silla de ruedas autoproulsada.

2-Ver gente andando.

3- Ver gente corriendo.

4-Que haya gente que te quiera acompañar en el trayecto (para que no te la pegues)

O sea, que lo que me ha cabreao es ese exceso de dependencia que uno siente y que, encima, no se puede decir nada pues la gente anda muy preocupada con que te la pegues. Si a ello unimos que ves gente independiente en la calle a montón y los que están como tú son algunos ancianitos, se junta todo.

Cuando se junta todo te cabreas, ¿contra quién? no sé, te cabreas y que no se te acerque nadie.

El remedio al cabreo:

1- Salir.

2-Que te dé el aire.

3-Hacer alguna chorrada, como sacarle la lengua a un perro.

4- Hacer lo previsto.

5- En mi caso acordarse de los de Podemos y echarse unas risas.

Como véis nada transcendente. Ya se me ha pasado.

Agradecimiento

Igual contesto a todos vuestros comentarios uno por uno, pero básicamente es lo mismo: 1- gracias por leerme en todo caso y a todos los que me leen 2- gracias por vuestro apoyo en este momento “complicado” 3- gracias por hacer un comentario, que mejora mucho el pos que sea.

Valga este mensaje para todos, de pasado y futuro.

Hoy ha sido un largo día en el que he tenido que presentar la solicitud de invalidez permanente. Ya de por sí no he dormido bien. O sea que, como he dicho, era un día completo.

No se sabe como, y no por mis posibles méritos, será porque mucha gente se acuerda, van viniendo las fuerzas, el cambio de vida, la alegría, la ilusión y uno se viene arriba.

Yo sólo le pido a Dios que me dé fuerzas y alegría para llevar esto, no es sencillo, es lo de “cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso” recuerdo que era un evangelio que se leía mucho el primer viernes de mes en las misas del colegio.

En fin, uno tiene una educación católica y siempre traduce todo igual.

En todo caso Gracias. Aunque no  veáis respuesta concreta,  gracias a todos.

 

Hoy me siento mal

Y es que he dormido fatal, además me duele la cabeza y me siento limitado, flojo y triste.

Esto del blog es terapéutico, siempre soy así de pesado pero me viene bien para expresar sentimientos.

Reconozco que soy un tremendo exhibicionista pues prefiero ésto y el facebook a llevar un cuaderno privado, y no es porque me guste una sobreexposición de mi vida sino porque soy un egoísta y me gusta que otros me lean, me digan y me sigan.

Cierto que el dolor compartido es menos dolor. Cuando estaba bien no pensaba en esto, ni en nada, simplemente estaba bien.

Ahora que estoy realmente mal, pienso mucho, cambio poco, lo que me obligan las circunstancias.

O sea, que tengo una seria oportunidad de cambio y no sé si la estoy aprovechando.

Hoy me siento  triste por mi estado de salud y mis limitaciones, piensa cuál es el tuyo y, si te sientes triste, ríete, que a lo largo del día confiemos en que algunos ya lo haremos.

Best lawyers y el Cid Campeador

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A raíz de esta noticia, algún amigo, manifestó su extrañeza sabiendo que estoy de baja desde octubre de 2015. Ha habido que aclarar que hay dos razones plausibles: la primera es que se evalúa 2015, la segunda, y más importante, es que se vota entre abogados de toda España sobre quién conoce en tal o cual especialidad a otro letrado.

Lo cierto es que hace un tiempo ( un año más tarde que mis compañeros Javier Garanto y Antonio García) salgo ininterrumpidamente en este anuario americano.

Salgo en las especialidades de media y comunications y, la verdad que, con Cuatrecasas, he trabajado en toda España sobre esas materias.

Bueno, a lo que voy, que la prensa ya ha contado todo sobre el premio, dado que tengo una enfermedad neurodegenerativa que puede (o no) acabar en una invalidez permanente absoluta, califiqué esto, en un grupo de chat, acordándome de Inés de Castro, como Reinar después de morir.

Lo de citar a Inés de Castro fue un poco repipi por mi parte o sea que os voy a evitar mi explicación sobre quién era y mando a los curiosos a la wikipedia.

Cité también al Cid Campeador en aquel conocido episodio de su leyenda en que gana una batalla después de muerto.

O sea que, salvo que el INSS diga que puedo trabajar en algo, se confirmará mi matarile profesional y éste será uno de mis últimos reconocimientos profesionales, reinar después de morir profesionalmente. Por eso le he cogido un especial cariño

 

Bajón

Hay días, o momentos del día, en que uno está desinflado o de bajón, eso nos pasa a todos, a algunos con razón a otros sin ella. En cualquier caso si pasan días hay que ir a un especialista.

Pero no voy a hablar de especialistas sino del momento “bajón”. En mi caso me da por pensar. El lunes pensé un poco en mi situación y casi me deprimo, afortunadamente el Señor me ha dado una alta dosis de incosciencia,cierto horror a los penamientos aburridos, buenos amigos y buena familia.

De esos pensamientos no sacaba nada sino amargura retroalimentada. O sea que dejé de pensar, aunque el traca traca me ha durado hasta hoy en que un amigo y su hija me han saludado al otro lado de la calle. Perfectamente podían haber seguido su camino que yo no me daba ni cuenta, no estábamos cerca, pero no sé por qué extraña razón se han desvanecidolos restos del “bajón”.

Es normal que un día, o en algún momento, uno, quien sea, mejor con razón que sin ella, no esté para nadie. Si no se repite puede ser hasta sano dado que se lleva una vida muy estresante. En tal caso recomiendo, dejarse llevar, llorar si se puede (yo no puedo y ya es pena),  etc…todo eso sirve para reconocer que uno está mal, ponerle nombre a ese mal: tristeza, duelo por alguien o algo perdido, daño corporal, odio,  envidia, mala salud…..

Una vez que sale todo y se le pone nombre hay que tener en cuent a que es uno el que está así y no el mundo; y que no es culpa de otros sino de uno (los demás pueden ser el estíulo o la causa pero se pone mal uno mismo).

Y buscar la solución adecuada, no enterrar el problema o hacer como un avestruz.

Hay que salir de ello y confiar en que se va a salir, a veces no se sabe cómo, igual no se sale como uno quiere, pero siempre se sale.

Esto es lo de los lirios del campo que cuenta el evangelio, florecen y crecen sin preocuparse. Vivimos sumidos en un mar innecesario de preocupaciones, y a mi me ha pasado que me preocupado por todo y jamás pensé que podía darme esta enfermedad.

Tiene cojones la cosa, con la de chorradas que he pensado, en fin, que no cambiaría mi vida pero me daría menos mal.

Tiempos de tribulación

El Evangelio de ayer, en línea con la lectura del Apocalipsis que se hace al principio, va sobre las persecuciones y catátrofes que Jesús anuncia a sus discípulos, si bien, al final de todo ello, les anuncia tambien que llega, asimismo, el día de su liberación.

Es decir, quien en una crisis, o tribulación, no corre como gallina sin cabeza, al final triunfará.

Volvamos a la conocida máxima ignaciana: “en tiempos de crisis no hacer mudanza”. Tiempos de crisis, tiempos de tribulación de cualquier tipo, que nos ponen a prueba, o ponen a prueba nuestras creencias o nuestra línea de actuación. En esos tiempos hay que insistir en lo que creemos profundamente.

La crisis puede ser de todo tipo, cada cual que mire su caso, económica, personal, profesional……

La cuestión es que la crisis se lleva por delante todo lo no assentado, todo lo no auténtico, la crisis en sí no es mala dado que depura.

Puede crear  situaciones difíciles, e, incluso, aparéntemente insolubles, pero de todo se sale.

La cuestión es agarrarse a algo para salir, no sea que no tengamos nada a lo que asirnos y nos acabemos hundiendo.

 

Perseverancia

El Evangelio de hoy relataba aquel pasaje en que Jesús anunciaba a sus discípulos toda suerte de persecuciones por Su causa si bien les decía al final que “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Los antiguos decían que la virtud no es otra cosa que una repetición de unos determinados actos. Es decir, la perseverancia, la repetición, en el bien es una virtud.

Vamos a hilarlo con lo que decíamos sobre la sonrisa. Una sonrisa es más que nada pero no es suficiente, la perseverancia en sonreir forma la virtud de la alegría, ¿se sonríe porque se está contento? ¿o se está contento porque se sonríe? La primera pregunta va en línea de lo que dice la Escritura “de la abundancia del corazón habla la boca”, la segunda va en línea de lo dicho aquí: la repetición de actos buenos da lugar a una virtud. En definitiva da igual, es un poco si fue primero la gallina o el huevo. Ambas tesis son complementarias.

Lo cierto es que perseverar en un ánimo positivo da lugar a alegría y esta suele ser contagiosa.

A veces no se tienen ganas de sonreir, y es difícil perseverar si no se sabe en qué. Si no hay motivo para no sonreir, mal vamos, si el motivo es unaa chorradilla hay que superarlo pronto, si es grave hay que buscar fundamentos y ayuda para superarlo, y si es muy grave, y no se puede superar más que con el tiempo, ahí están los demás.

A mí, cuando mi enfermedad era más que evidente, una persona que había dejado todo por vivir en Comunidad me preguntó si había dejado de creer, la repuesta fue rápida, la verdad es que no. No hago más que antes, no soy ni mejor ni peor, creo lo mismo, mucho o poco, porque perder la fe y la salud por lo mismo ya es de tontos.

Este tiempo, y para el futuro, sólo le pido a Dios fuerzas para soportar lo que venga, y, de momento, lo que necesito viene por anticipado y, a veces,  pese a mi.

Hoy tengo ocasión de compartir y meditar con vosotros sobre la perseverancia, algo muy necesario sobre todo cundo no sale el Sol, hemos de saber que o no miramos en la dirección correcta o que, indefectiblemente, saldrá,

Sonreir

Hoy en el tranvía me ha ocurrido un suceso intrascendente, aparentemente. Un joven, a la vista de mi bastón y mi mala manera de andar me ha pulsado y abierto la puerta, yo le he dicho “gracias” y él me ha contestado “de nada”; como digo algo sin importancia pero primero él se ha dado cuenta, segundo me ha abierto la puerta y tercero ha recibido mi agradecimiento y me lo ha devuelto con una breve contestación. Yo me he sentido muy bien, da gusto que exista gente normal por el mundo.

Parece mentira pero los que estamos más débiles necesitamos eso, que se nos devuelvan las gracias, un mensaje de whattsapp preguntando por nuestra salud, médicos que bromeen etc…. y, sobre todo, gente positiva y que sonría.

Yo, cuando estaba bien, no pensaba en que nada de eso fuera importante, ahora veo que sí y que se agradece mucho,sobre todo, si el que lo hace no tiene otro motivo de sonreir que su real gana.

Estaba dándole vueltas a esto cuando he recibido el comentario del Evangelio del día que se refiere a aquél pasaje en que los discípulos admiraban la majestuosidad del Templo de Jerusalem y Jesús les decía que de lo que veían no iba a quedar piedra sobre piedra. Yo siempre pensé que iba sobre la destrucción de Jerusalem por Tito, pero, según el comentario, tiene un sentido más propio.

Primero que no hay que admirar siempre el exterior, cosa que, algunos como yo hacemos siempre, y segundo que toda construcción (véase vida profesional) se puede destruir en un instante (equivocación, mala racha, enfermedad…) de modo que no quede piedra sobre piedra.

A mí me ha pasado y me pasa, esta enfermedad ha puesto en solfa mi vida profesional, me limita cada vez más y me hace depender de todo el mundo. O sea que de mi  quedará poquito, aquello que no sea exterior, o sea poquito. Salvo que esta enfermedad sea una inestimable ocasión para trabajar hacia adentro, que es lo más posible.

Hoy en día me quedan muchas cosas que hacer, pero la más importante  y dura es mantener la sonrisa. Ojalá pueda, sino puedo, siempre tengo la de mi mujer y la de mi hija pero espero que, los que lean este blog esbocen una sonrisa y se propongan sonreir todos los días que alguien, seguro, se lo agradece.