Coaching

Con el vicio de decirlo todo en inglés, se usa esta palabreja que quiere decir: entrenamiento. La fascinación por lo extranjero es común. Yo pensaba que una compañía de autobuses  de Zaragoza, Therpasa, era de matriz alemana, dado su nombre, y me parecía superguay, luego supe que Therpasa quería decir Transportes Hernández Palacios Sociedad Anónima, y que era de Tarazona, me sentí superidiota. Cosas que pasan debido a la fascinación por lo raro..

Pero volvamos al coaching o entrenamiento. Todos hacemos, o nos hacen, coaching. Hay gente profesional en ello y hay gente que ni lo sabe. Cierto que los profesionales saben ir más allá, pero yo creo que todo parte de lo mismo: saber escuchar.

Parece algo muy simple pero no lo es, todos tenemos la tendencia de decir, de aconsejar, pero no escuchamos nada o muy poco. Últimamente la redes sociales nos refuerzan esa tendencia y nos creemos muy originales, a lo mejor sin darnos cuenta de que herimos sentimientos con lo que decimos.

El entrenador debe escuchar, a lo mejor el entrenamiento se lo hace uno mismo al poder decir lo que piensa y escucharlo. El entrenador ha de saber guiarte para decir lo que se piensa, sin más. No ha de condicionarte, no ha de hacerte decir lo que quiere escuchar, y, eso sí, ha de ser como una tumba.

Como siempre, voy a contar dos sucedidos personales. Un amigo, quizá el mejor abogado que conozco, y al que llamaré “fulano” por discreción, me decía, con sencillez, sorna y humildad, que una buena amiga, ante un gran problema que tenía, había comentado: “Me buscaría un buen abogado, pero voy a ir con fulano. Escucha tan bien.”

Otro amigo, segundo en una gran empresa, me comentaba que el gran jefe solía llamarle para que le hiciera de paño de lágrimas, para desahogarse.

Por ello creo que todo el mundo necesita alguien que le oiga, alguien a quien desarrollar sus ideas y ver, él mismo, si son tontadas o merecen la pena.

Lo difícil es escuchar de modo neutro.

De una situación pasiva pasamos al consejo. a la acción, al entrenador profesional. No todo el mundo sabe aconsejar, y hay consejos que la lían parda.

Hay quien tiene don de consejo y hay quien no, hay quien tiene experiencia y hay quien no, hay quien se guía por el bien del entenado y hay quien pasa de él, en fin… hay de todo, como en botica, y más si usamos términos ingleses que dan sensación de algo nuevo e ignoto.

Últimamente triunfa gente que se titulan como “motivadores”, se dedican a la proclamación de lo obvio, ante el asombro de gente mucho más docta que ellos.

Son consecuencia de los fallos y rendijas del sistema, que es, por donde se cuelan.

En el fondo son una cuadrilla de mercachifles, de vendedores de crecepelo, y la empresa actual tiene recursos de sobra para examinar lo obvio y el día a día por sí sola, si no lo hace que se lo cuestione y que sea crítica con las enseñanzas de esta gente.

Los verdaderos entrenadores saben sacar de uno mismo y añaden valor, no se dedican a lo obvio.

Y luego sepamos los límites de cada cual, un entrenador no es un santón al que se le debe devoción ciega en todo ni ha de pretenderlo, sus funciones son las que son, punto. Digo esto porque es común que, para personas enfermas como yo, aparecen salvadores mágicos son poderes inexplicables, tontadas a montón en las que creemos por desesperación, sin más. Apliquemos la lógica, que para eso está, y veamos si hay algo aprovechable.

No todo el mundo es buen entrenador ni se debe dar todo tipo de consejos a todo el mundo, por ejemplo, a los hijos. Cuidado con el tema. Ahora rige la especie de la amistad con los hijos y la sinceridad. A ver, uno no es amigo de sus hijos, es su padre, y hay cosas que no se cuenta y así se evita abrumarlos y descargar las propias responsabilidades en los hijos. Es verdad que es muy tranquilo tener amigos mejor que hijos, pero eso uno se lo piensa antes. Y la misión de un padre es educar no ser colegui. Pero esto, es algo que se sale del tema.

O sea que entrenar es complicado, discernir un buen entrenador también; tiene que tener claro su límite, la empresa debe saber el para qué, etc… Lo que está claro es que hace falta, en uno u otro grado, a todo el mundo, y hay que hacerlo bien.

Veranito complicado

Para mí siempre lo son. El verano acaba con la rutina y me siento perdido. Una aclaración he de hacer, siempre hablo de cosas que me pasan a mi o pienso yo, pueden ser una chorrada o muy útiles, depende del lector, pero no se crea nadie que generalizo o siento cátedra, esa no es mi intención.

Como decía, el verano es época de cambios, se acaba un año y empieza otro. Sucede que nada sigue igual, puede que nos lo parezca pero es todo un año más viejo, el nuevo ejercicio, por tanto, comporta otras cosas y podemos cambiar, o no.

El verano es un buen tiempo para chequearnos y así comenzar bien el nuevo ejercicio, o, al menos, intentarlo. Si usamos el verano sólo para “descansar” luego es lógico el “estrés postvacacional”. O vemos el verano como una oportunidad de reponernos, dormir bien, leer lo que no leemos, y venir motivados para el nuevo curso, o lo vemos como un descanso y un paraíso que, creyendo que no se acaba, se acaba.

Yo lo he vivido regular, ha habido veranos buenos y no tan buenos.

A los veranos de 2016 y 2017 he de añadir las limitaciones físicas progresivas que voy experimentando y que me hacen depender, cada vez más, de los demás. Este año dependo en casi todo. Pero, así como en 2016 me lo tomaba fatal, este año, con mayor dependencia, me lo voy tomando mejor, o, al menos, voy siendo capaz de decir lo que me cuesta que los demás me hagan todo, y dar las gracias.

Hace poco le dije a un camarero, que me hizo de asistente para llegar y salir a los baños de su local y se quedó cerca por si pasaba algo, que  lo que a él le podía parecer una pequeña ayuda de su parte, era un apoyo tremendo para mi.

Eso supongo que pasará con todos, aunque muchos no lo sabemos expresar bien. No por ello decaigáis en vuestra amabilidad, nos hacéis una vida mejor, sed conscientes de ello y que día a día vuestra sonrisa mejora el mundo y la tristeza no.

Asumir los propios límites es complicado, pero mi vida no es más que un ejemplo muy evidente por la enfermedad, que hace de “acelerador” y me los pone en la cara. Si bien, hay gente que no quiere cambiar de vida pese a que ya es mayor, pese a bajadas económicas, pese a que su pareja, por suerte o desgracia, ya no está, pese a que ese hijo se ha vuelto muy rarito, etc.. cada cuál verá, si quiere.

Todo pasa, todo cambia, y todo muda, y  en poco espacio de tiempo, no tenemos aquí (aquí ¿eh? que hablo de esta vida que es la que conozco) ciudad permanente. Si hacemos recuerdo de nuestras vacaciones todas tienen algo diferente, o muy diferente. Nada es igual, el río de la vida corre y no lo controlamos. No te esfuerces, da igual, es mejor que ahorres esfuerzos y lo asumas. Es mejor que ahorres esfuerzos y asumas tu vida ahora, ¿quién te asegura que acabarás el día?. Si vivimos con esa conciencia. no hay límites.

Todo esto, sinceramente, es más fácil de escribir que de vivir, al menos para mi, quizá para ti no. Por ello escribo lo que vivo y siento pero con la idea de que, cada uno, piense en él y vea si le vale o no.

 

 

Gilipollas

Suele pasar que el que nace gilipollas muere gilipollas, le pase lo que le pase. Entiéndaseme bien, uno no es un gilipollas ontológico, dado que gilipollas es el que dice o hace gilipolleces, no hay gilipollas las 24 horas del día (ni Rufián), tampoco hay gente que siempre es inteligente. Cualquiera te puede sorprender, hasta tú te puedes sorprender, para bien o para mal.

Recordemos la frase “Cualquier tonto hace relojes” seamos más humildes y no nos convirtamos en lo que no queremos ser, y tratemos a los demás de modo que no nos sorprendan.

Hace un tiempo un amigo me dijo que la gente no cambia, y tenía razón. La gente no cambia; o sigue igual, o acentúa sus defectos con la edad, a veces los pule no obstante. Pero cambios en sí son raros.

En mi concreta opinión diré que la gente no cambia nada aunque te caiga una enfermedad como la mía. No se cambia. Eres el mismo pero con enfermedad. La enfermedad es una llamada al cambio no el cambio mismo. Sucede que la gente “sana” no sabe qué hacer, o incluso se siente culpable de estar sano ante la enfermedad, y se da explicaciones, y entre ellas está la bondad ínsita a quien sufre la enfermedad que “bastante tiene”, y el que la sufre sigue, a lo sumo, igual, con sus mismas rarezas, y se preocupa de las mismas tonterías.

Como he dicho al principio el que nace gilipollas muere gilipollas, le pase lo que le pase. Pero los milagros existen y suelen darse diariamente. Lo que pasa es que el que suele hacer o decir muchas gilipolleces, o no cree en ello, o no pone condiciones para que se den.

Hospitales

Ayer vi una noticia curiosa, se contraponía Motorland al nuevo hospital de Alcañiz. Como diciendo, la DGA tiene mucho dinero para los fastos de Motorland, pero poco o nada para el hospital, la DGA atiende lo accesorio pero no lo necesario. Lo mismo sucedía hace unos cinco años con la TV autonómica cuando se valoraba, muy por encima, su coste con el de un hospital.

Demagogia efectiva y barata, muy poderosa, pero pura demagogia. ¿Acaso Motorland y la Tv pública están mal? Motorland nació de recoger una inquietud de la ciudad de Alcañiz, es un polo de desarrollo de la zona, crea muchos puestos de trabajo, atrae mucho dinero y pone a Aragón en el mapa. La Tv autonómica es la de más bajo coste que hay, dinamiza el sector, crea puestos de trabajo, crea posibilidades de negocio a los anunciantes locales, y permite a los aragoneses conocer su tierra. No tienen nada que ver con el gasto en hospitales.

Sucede que con la crisis, la Administración no llega a todo. La DGA ha subido los impuestos que le corresponden todo lo que ha podido y no llega. Si os subiera al doble seguiría sin llegar, pues muchos particulares renunciarían a trabajar más ante la carga impositiva, no se crearían empresas y se renunciarían herencias. Pese a las teorías izquierdistas, sucede que ante la presión fiscal el dinero huye.

Si a esto añadimos el rechazo de donaciones, como la de la Fundación de Amancio Ortega, hemos errado el foco, nos estamos planteando teorías y el problema es el bienestar del ciudadano, nada más.

Es como la educación concertada, quitar conciertos en Aragón ha sido un graves problema paras los padres, para el Colegio, y para el trabajo que crea éste. Pero ¿ha atendido a esto el Departamento de Educación? No, ellos siguen con sus filosofías y su historias irreales, y miembros del Gobierno de Aragón llevando a sus hijos a la privada.

El problema es que todo lo ha de financiar el gasto público, en otro caso es mejor cerrarlo. El particular y la empresa están sólo para cobrarles impuestos, para nada más, su hijos los educa el sistema y la sanidad la reciben del sistema, el sistema es perfecto, no necesita ayudas y llega hasta donde puede sino váyase a Houston como Rocío Jurado.

A mí me sucedió, dí que en mi caso no hay nada, que el sistema sanitario público para investigarme me da una lista de espera de 6 meses para pruebas, y no me permite ir ni a Madrid ni a Barcelona, sino que una vez que el sistema aragonés no tuviera respuesta, que ya te has muerto, me mandaba a Santander como centro de referencia.

Di que uno es como es, los médicos en general pasan de estas cosa, el tener seguro privado de salud facilita hacer pruebas etc… que si llega a ser sólo sistema público estoy que todavía no sé qué me pasa.

Entiendo que hay que dejar de demonizar la iniciativa privada, que hay que explorar la colaboración con el sector privado, y que hay que dejarse de mirar al ombligo.

Caricias

La verdad es que, muchos días, no entiendo lo que me pasa, esta enfermedad etc… lo que llevo muy mal es el etc. La dependencia la llevo fatal.

Pero bueno, últimamente es el cambio de casa lo que más me viene en mente. Es así mejor, pero cuesta asumirlo y sonreir cuando se está sólo o con los más íntimos.

Pero bueno, son coplas que a las 10 de la mañana se pasan. Lo que me tengo que acostumbrar es a que mi ritmo no es el de antes, que no me acostumbro y ya toca.

Estos días pensaba en una conversación sobre la enfermedad, sobre su sentido, sentido creo que tiene porque para cosas sin sentido ya hay obras humanas bastantes, fin de la cita.

Sentido tiene, es una “caricia” o una gracia especial de Dios que aquí vemos al revés. Normalmente, y eso es muy bueno, confiamos en llevar un vida plena de salud, familia, profesión, dinero,… pero, a veces, alguno, conocido, sufre algo inexplicable, haced recuento alrededor. Ese “alguno” o se muere de repente, o lentamente, o sufre una cruel enfermedad que desemboca en el cajón de pino,

Cierto es que Dios te da fuerzas antes, porque te planteas esto en frío y te das de baja.

El que lo sufre tiene dos opciones:1- llevarlo bien 2-Llevarlo mal, es como todo en la vida, la enfermedad no cambia nada, sólo que te hace más peculiar.

El enfermo sufre, o no, lo que le toca. Lo realmente importante son las personas de alrededor, porque el enfermo aunque niegue su enfermedad no puede huir de ella. Pero los demás sí que pueden optar por irse, o no verlo. Y no me refiero sólo a los más próximos, que ya me ayudan a vivir, me refiero a todos.

Me refiero a la gente que te cruzas en el camino, a aquella señora que me abrió la mochila y a la que le di las gracias y me dijo “Con qué poco nos ponemos contentos los dos” yo le dije: “Sí, quizá es poco para usted, pero es mucho para mí”.

Quizá el sentido es dejarse querer, dejarse hacer, quizá… por mi parte tenga que aprender. Me cuesta, aún estoy centrado en lo bien que hago todo y llevo esto, que eso me cuento,  aunque quizá no esté entendiendo nada de nada.

Realidades últimas

Cuando yo era joven iba anualmente a convivencias, retiros, etc… (católicos, con perdón) en que se nos hablaba, alguna vez, de la muerte.

Estamos ante una de esas pocas realidades que se dan en esta vida, en realidad son 2 : 1- vivimos 2- nos morimos, todo lo demás es circunstancial. Yo no pienso en la muerte más que antes, la enfermedad sólo cambia a la gente inteligente que sabe cambiar. No pienso más que antes en la muerte, la verdad es que no pienso mucho y desde que estoy en silla de ruedas, no digo ya desde el diagnóstico, se ha muerto gente cercana que ni sospechábamos se iba a morir.

No pensamos nunca en esta posibilidad, siempre se mueren otros y esos otros han de quedar lejos de nuestro afecto. Además lo “normal” es morirse pasados los 90. Yo diría que casi es “obligatorio” siempre que no hayas sido una “carga” inaguantable, que lo mejor, y  así te lo transmite la sociedad, es morirse antes.

En este sentido vivimos en una sociedad cada día más rarita. Partimos de que no se habla de la muerte, no se lleva a los niños a los entierros, todos vivimos bien hasta los 90, todo lo demás son “accidentes”, desgracias.

La realidad, sin embargo, es tozuda, nos demuestra día a día que una cosa es lo real y otra cosa lo que queremos. Que quizá alguien que se muere a los 8 años había cubierto su vida en este mundo y llegó su fin. Es injusto, es terrible, es lo peor, pero, desgraciadamente, es lo que hay.

A mí me dice la gente que ella “no podría” con lo mío y les contesto “eso pensaba yo”, pero mucha gente puede y mejor. Además lo importante no es que tú puedas sino que tu entorno te haga poder que tú, inevitablemente, ya harás por fastidiarlo.

Yo no pienso mucho en la muerte, pero está ahí, va a venir pero cuándo y con ocasión de qué no lo sé. Si lo pensamos bien “tiene” que venir de lo contrario esto es un aburrimiento, hay que renovar. Y luego la incertidumbre del cuándo contrasta con nuestras planificaciones. Conozco a una persona que, desde joven, le diagnosticaron una enfermedad que le iba a hacer la puñeta toda la vida, a su padre se le antojó que iba a vivir poco, Pues bien se dedicó a “vivir” no hacer nada útil, cuidarse, decir chorradas, y, sin sacar el potencial que tiene, ya tiene más de 50 el que se iba a morir a los 14.

Como augures somos una pena. Hace poco me han contado de un señor muy mayor, que está muy mal, unido a la vida por un hilo, que ha pedido para comer chorizo pero de León, o sea que morir se morirá pero no piensa en ello sino en el chorizo de León y hace bien. o sea que, ni aún en ese caso, sabemos ni el día ni la hora.

Fuera de casos particulares, haríamos bien en tener presente esta realidad última, el saber que hoy es un día irrepetible de lo que me queda de vida es una idea que me ha salido sin pensar pero es así. Esa realidad nos debería hacer pensar  de otra manera.

Pero no es fácil ni aun con enfermedad grave, pensamos en general muchas tonterías y equívocos y quitárnoslas nos cuesta aunque no lleven a ningún lado.

 

“Si el cielo me diese vida, cuan de otra suerte gobernare”

Cuentan que eso dijo Felipe III de España en su lecho de muerte. El primero de los llamados “Austrias menores” era hijo del gran Felipe II y padre de Felipe IV, bajo el cual la monarquía hispánica llegó a su máxima expansión.

El periodo de reinado de Felipe III (1598-1621) no es destacable tan apenas, no hay grandes derrotas, ni grandes victoria,s ni grandes reformas. Destaca, eso sí, y a diferencia de su padre y ancestros, en dejar el gobierno del reino a sus validos. De hecho Felipe II temía que lo gobernaran.

La frase es bonita, pronunciada en un gran y señalado momento, y, de esta frase, se pueden sacar grandes conclusiones. La primera sería lo bien que usaba el rey el castellano y lo mal que se usa ahora, pero vamos a dejarlo.

La segunda sería la expresión de arrepentimiento de un rey en el postrer momento de su vida que se da por algo interno de él porque el exterior es de lo más normal. Su reinado no será como el de su hijo que va de más a menos. Es un reinado estable.

La tercera es que, por muy auténtico que sea el arrepentimiento no deja de ser una mera frase ayuna de obras. Y ahí quiero entrar, un arrepentimiento sin  obras no es creíble. Por eso no son creíbles las confesiones con Dios donde uno ni siquiera dice los pecados al confesor. Y ya ni entramos en la enmienda.

La cuarta es el tiempo: si tuviera tiempo… El tema es que todos haríamos muchas cosas si tuviéramos tiempo. Pero nadie sabe cuánto tiempo tiene. Todos tendemos a pensar que mucho, es una tendencia natural. Luego sucede que no es así, que todos conocemos quien ha salido en plenitud de vida por la mañana y no ha vuelto a comer ¿por qué? por lo que sea, ni vuelve ni lo veremos más.

A esto sigue un rato de conmoción, que se nos pasa pronto, y volvemos a nuestra vida habitual.

El tiempo, como todo lo demás, se echa de menos cuando no se tiene. Pero yo, que no tengo mucho, no lo hecho de menos, debe de ser que la modorrería, somardez y cabezudismo son variables a tener en cuenta.

La moraleja es: aprovechen su tiempo, no lo gasten en querellas inútiles, no discutan con quien no les entienda, vivan su día como si no hubiera otro (pero sin estré)s, y no se arrepientan, en su postrer momento, de no haber hecho algo.

Un puente sin más

Eso parecía este puente del 23 de abril, día de Aragón, un puente casero, sin viajes, intranscendente. Y, sin embargo, han pasado cositas.

La primera fue aceptar, de momento, mi limitación, ser un poquito más dócil y no dar disgustos, y eso que me ha costado porque renunciar a algo de uno mismo, aunque sea un chorrada, cuesta, a mi mucho.

Luego ver en política cómo la corrupción vuelve a golpear al PP y que ya era hora que dimitiera esa cazatalentos que se llama Esperanza Aguirre. A mí nunca me cayó bien, y eso de gobernar en tiempos de bonanza y pirarse cuando no hay un duro dice mucho de ella y su ego.

Ha habido que soportar comentarios de gente de poco seso que identifican PP a red mafiosa, de hecho no hay gente del PP en casos que se enjuician como los ERE de Andalucía y otros.

En fin, un día hablaré de corrupción con profundidad aunque prometo no escribir un libro. Me parece que es un tema a tratar con prudencia y no como el tema de las pobres coca colas de Espinar.

Aparte de esto, han venido amigos a comer a casa, lo cual se agradece, y he tenido comentarios en este blog, lo cual también se agradece.

Este finde estoy con un trabajo extra por un malentendido con alguien que espero que supere pronto y hasta ahí puedo leer.

He paseado poco gracias a un catarrazo que estoy venciendo pero han sido paseos  mu recomendables, el mercado agroecológico de la plaza del Pilar, y el mercadillo de los domingos de la plaza de san Bruno.

Tras un tuit razonable y otro irrazonable de uno que me bloqueó diciendo que mi estado de salud se debía a una invocación al demonio que había hecho y que se le fue de las manos (sic, aunque ojalá tuviera razón ya que hubiera sido todo más fácil), consulté con mi mujer, y estoy revisando mis comentarios para no ser tan borde que se me va la pinza.

Le prometí a mi prima Valvanuz hacerle un argumentario, no he podido pero me acuerdo. Espero poder hacérselo esta semana. Además le prometí leer un manuscrito, me puede la voluntad a las fuerzas, siempre ha sido así pero, ahora, la voluntad es la misma y las fuerzas menos.

He acabado una carta sobre La Seo para mi amigo Fernando Lostao, que la remite al ¨Debate de hoy¨. He comenzado a leer cosas para mi libro y he recuperado ánimo para ordenar mis libros. Además he concertado una venta en wallapop, he rehabilitado los Facebook de mi mujer y de un amigo, y le he metido caña en redes sociales al campamento de verano de la Petite Troupe.

O sea que parecía intranscendente este fin de semana pero no.

Pero lo más importante de todo es que deis vuestro me gusta, apoyo o lo que sea a la página de Facebook Yo me pido Vida, donde María, que está ahora hospitalizada, os pide vuestro apoyo y conciencia en las donaciones de médula. En cualquier caso, a María, su familia, y a mi mismo nos hará mucha ilusión un simple me gusta. Hay que apoyar que, a veces, la vida es muy cabrona y pone pruebas mu difíciles. Hay que hacer piña, aunque sólo sea con el recuerdo, con todo el mundo, y, especialmente, con los que peor lo pasan.

Un puente aprovechado gracias a Dios, ahora a dormir que creo que he cumplido.

Sábado

Para mí el sábado por la mañana, antes, era un horror, venía de trabajar toda la semana y el sábado por la mañana me daba el bajón.

Ahora, sin embargo, es el mejor día de la semana, el peor es el lunes por la mañana, y desde que, teóricamente, no hago nada, mi vida fluye y se resitúa ella sola.

Cada vez que trato de llevar el proceso por donde, lógicamente tiene que ir, sale mal. Quizá haya que escucharse más y pensar menos. Quizá debería haber empezado esto hace tiempo, pero no, he llevado la vida que pensaba, he cometido los errores en los que no pensaba, y he hecho lo que se esperaba de mí, que, muchas veces no coincidía con lo que yo hubiera querido.

No es que me arrepienta de lo hecho, se arrepiente uno cuando no le guía justa intención, pero quizá haría lo mismo de otra  manera, rectificaría la intención.

Aún me dan ciertas pampurias los que demandan “calidad de vida” antes que trabajar, en fin, soy ya mayor.

Total, que los sábados por la mañana son un buen día. A las nueve me despierto escuchando la jaculatoria del Pilar, espero que lo cuente cuando los podemitas la prohíban, o porque han expropiado el Pilar, convirtiéndolo en spa o en centro de interpretación de las religiones, o porque contamina el medio ambiente atmosférico metiendo mucho ruido a una hora en que hay que dormir la mona.

Bueno, aún se escucha la jaculatoria cuando la ciudad se está desperezando, se oye un tráfico muy suave, sólo abre, ya están abiertas, cafeterías, panaderías y pastelerías. Mi perrita quiere jugar a esa horas, y viene con su peluche a que se lo lance. Es un buen momento para meditar y ponerse en marcha.

La meditación diaria, algo importante. Cuesta encontrar un huecho para hacerla, a veces, cuesta hacerla, pero es algo importante para no vivir sin pensar, sin ser conscientes de que se vive. Sin más.

 

 

Paseando

Ahora, dada mi situación de pensionista, paseo mucho por Zaragoza. Voy con mi silla autopropulsada y mi perrita , una bichona maltesa muy cariñosa, al lado. Lógicamente paseo a horas en que antes trabajaba y, como me dijo Ignacio Sancho, voy sintiendo poco a poco que se me cae el corcho que forma una vida organizada por el trabajo.

Se me cae el corcho y veo la ciudad, una urbe grande pero con sus matices, veo escenas normales que ni sabía que se daban, gente tomando café tranquilamente, el olor de los churros recién hechos, el tañido de las campanas, las palomas de la plaza y mi perrita persiguiéndolas, el color del día…. Todo es un espectáculo vivo del que te priva el corcho de una vida organizada al minuto.

Toda mala situación tiene su lado bueno, y, a veces, ese lado va creciendo haciéndose mejor. Todo es evolucionar y, en mi caso, siento que se me ha dado esa oportunidad. Uno no puede esperar que la vida sea como uno quiere,o como esperan los demás, o como la del amigo a quien envidia, la vida es como es y, si uno es capaz, es bueno aplicarse el lema del escudo de la ciudad de París que se refiere a un barco: fluctuat nec mergitur. Y como un preparador mío me dijo una vez que no hay que traducir el latín no lo hago,

También participo de escenas curiosas, como con mi perrita hacemos un dúo singular ha habido gente para todo. Recuerdo tres escenas, en la primera me hice una fotografía con unos turistas en la plaza del Pilar, creo que el dúo formado por mi perrita y yo  llamó la atención. En la segunda unos reporteros de callejeros de TVE, que hacían un reportaje sobre el barrio de la Magdalena, nos echaron un “rayo” , les debimos de parecer curiosos.

La tercera fue hace poco cuando un mujer de cierta edad me dijo que mi “perro” me haría mucha compañía, ante mi sorpresa aseveró que era perro, no preguntó sobre su sexo ni dijo su “perro o perra”, yo comprendí que, por la edad, era un producto de la educación heteropatriarcal que ha sufrido este país. Gracias a preclaras cabezas como Alberto Garzón vamos entendiendo lo engañados que estábamos por los poderes fácticos y que hemos de hablar así, decir lo mismo pero perdiendo el tiempo.

Después de soportar con paciencia bolivariana su absoluto desconocimiento de la ideología de género, algo le debí de comentar sobre que la perrita era de mi hija así que, con cara compungida, me dijo “Ah que vive con su hija” y ahí ya sonreí y me marché pensando que a esta mujer, sinceramente, le debía de dar mucha pena. En fin, menos mal que me  da la risa pero situaciones así, normales y naturales, no ayudan. Llevan al “pobrecito de mí” y eso no es bueno, nada bueno, hay que apostar por normalizar sino ,a la menor, contamos nuestra triste historia, yo al menos.

La ciudad tiene esas cosas, una vez una monja de clausura nos dijo que le sorprendía no ver, en la cara de la gente, muchas sonrisas. Y es cierto, no las hay, salvo si tú sonries, ya hay una, además todo se pega, y algún otro, si te ve sonreir, lo hará… y así sucedáneamente.

Aprender a disfrutar de la vida poco a poco no es cambiar de ocupación, es abrir lo ojos, es ver lo que la vida nos ofrece y es pesar en los que nos rodean y evitar pensar sólo en nosotros que es lo más habitual.