Diario

Hace un año, cuando comencé este blog, mi profesora de yoga me sugirió que lo podía escribir a modo de diario. No le hice caso y escribí de todo un poco. Yo creo que siempre me he credo muy importante por lo que era o por lo que sabía, y ahora veo que no. He publicado en Facebook y LinkedIn artículos de este blog y para la gente son interesantes los de la enfermedad, reflexiones sobre la enfermedad o sucedidos que tengan relación con la enfermedad, mis reflexiones vivenciales, políticas o profesionales, resultan, con gran dolor de mi ego, mucho menos interesantes.

Y no es que la gente sea morbosa y le guste leer desgracias, no. La gente busca reacciones ante algo nada deseable, sin más.

Ciertamente, en todo lo que tengo y soy, salvo esta maldita enfermedad, soy igual a muchos. Lo único que me diferencia es que, afortunadamente, somos pocos los que padecemos esto, y lo único que me puede singularizar, es mi reacción.

O sea que la idea del diario, estaba bien. Soy un poco tardo. Me doy cuenta de todo pero tarde, así trabajo más.

Esto debió de empezar en 2012, pero eso lo cuento ya en otra parte del blog. Hasta 2014 casi no me di ni cuenta. En octubre de 2015 cogí la baja. Lo llevé bien hasta este verano y hoy lo llevo a pulso.

Aún no tomo antidepresivos, y espero que no, pero a ver si me adelanto a lo que me pasa y no sólo me conformo, que no es poco pero no es suficiente.

La gente te mira y define bien, esto es horrible, lo que no sabe es que, sin ser deseable para nada, todo el mundo lo puede sobrellevar, incluso muy bien. Hay quien no sobrelleva bien ni una pequeña contrariedad, pero que se lo haga mirar, Y no creáis que por sobrellevar lo grande se lleva lo pequeño, a todos nos pasa que, a veces, podemos con lo grande y nos desestabiliza lo poco.

No hay enemigo pequeño, hay que mirarlo de frente para ver cómo es. Sólo así veremos si es una chorrada o hay que preocuparse. Hay que tomar las verdaderas dimensiones del problema, cosa que cuesta, y reaccionar. Si no reaccionamos, lo mismo es que nos mola el problema y queremos un vida dura y sacrificada, para que los demás nos digan lo buenos que somos. Pues eso es muy cansado y los demás bastante tienen con lo suyo, porque todo el mundo tiene preocupaciones y los temas alegres se agradecen más.

Esto empezó hace unos años, es un proceso en el que se va cambiando, pero, no nos engañemos, es una putada. Te toca y te toca. Te puedes rebelar, poner triste pero ¿para qué? Es mejor aprender, si bien, uno es lento y sigo siendo igual de poco simpático que antes.

 

Voluntarios

Hace poco iba  con mi silla subiendo el Paseo de la Independencia de Zaragoza. Iba con cierta precaución porque siempre he tenido miedo de que me atropelle alguien que esté consultando su móvil por algo que, seguro,  no puede esperar. Desde hace poco. conviven, además, en el Paseo, testigos de Jehová, peatones con móvil, y voluntarios de organizaciones caritativas en busca de socios.

Me referiré a estos voluntarios pues fui atropellado por uno de ellos. Era un día cualquiera, yo subía temprano al fisio, y a lo lejos vi a un voluntario de Intermon-Oxfam persiguiendo a una señora para que se hiciera socia. Yo seguí mi camino, él ni me vio, y se me cayó encima, yo aún me disculpé y él no dijo nada, se levantó y se fue.

Como el lector puede imaginar me quedé bastante fresco. En fin…

Enseguida lie esta situación a algo que hemos vivido o vivimos todo. Este joven no está en la calle por gusto (creo) le pagan algo (poco) por cada socio que hace, eso es como quien tiene un bonus anual que depende del producto que vende o de los números que hace. Sucede que venderá a cualquier precio ya que quiere cambiarse de coche o lo que sea. Sucede que venderá cosas que ni entiende, que, quizá, no son muy buenas para el cliente, pero bueno se entiende que no hay que decirlo todo, que perder la venta y ver minorado el bonus es de tontos.

Es lo que nos ha pasado a todos con la crisis. Desde los bancos se ha querido crecer y se han ofrecido bonus sustanciosos a sus empleados y nuevos y raros productos bancarios. Los empleados, para obtener el bonus, vendían lo que fuera. Muchos clientes, con tal de obtener ganancias, compraban lo que no entendían. Y así hasta que todo explotó.

Es una avaricia global, y volveremos a ella con independencia de la posición del arco político en que nos situemos. De hecho, en el caso de las tarjetas black, ha habido gente de todos los colores políticos imaginables y es que el dinero es lo que es. La avaricia es algo previo, e ínsito al ser humano, es uno de los antes llamados “pecados capitales”. Sobre la avaricia no se reflexiona y la tenemos todos, con independencia de nuestras ideas políticas.

Si somos inconscientes a que somos de natural avariciosos, si no tenemos medido el grado en que lo somos, ni sabemos qué cosas desatan nuestra avaricia, lo veremos todo normal y atropellaremos todo lo que se interponga en nuestro camino con tal de obtener nuestro objetivo.

Para este voluntario había que conseguir socios y lo demás no existía, ni lo consideraba. Lo malo, para mi, es que entre “lo demás” estaba yo en ese caso.

 

La enfermedad

Una amiga/pariente me dice que hable sobre la enfermedad y creo que es el momento. Como, hasta el momento, sigo negativizando, diré, previamente, que en 2003 me debutó una glomerulonefritis membranosa que negativizó en 2005, repuntó en 2009, negativizó en junio de 2012 y, de momento, sigue así. Es una enfermedad que afecta a los riñones, filtran mal echando la proteína en la orina, no en sangre con lo cual se provoca una fiesta de proteinuria, exceso de colesterol y triglicéridos, edemas, etc… En fin, de momento, libre.

En julio de 2012 saqué el farol del Rosario de mi pueblo, cosa que hacía desde los 13 años y había cumplido 45, iba con regularidad al gimnasio y corría. El farol pesa 15Kg, se lleva sobre un palo y requiere equilibrio y fuerza normales, nada altos. El caso es que me vi mal de equilibrio y sudé mucho. Me quedé un poco extrañado, pero seguí haciendo vida normal, tenía algún mareo pero no le daba importancia, además, cambiando unas bombillas encima de un colchón, las piernas se me movían y no las podía parar, botaba, eso me preocupó más pero yo seguía. En julio de 2013 casi estampo el farol, ya no lo llevé más. Ese verano iba más mareado pero lo achacaba a tensión baja.

En semana santa de 2014 iba tan mareado que me miré la tensión y era normal. En julio de 2014 dejé de correr pues me caía si miraba a los lados. Dormía mal, lo achaqué todo a mis pertinentes vegetaciones de las que me operé, en octubre de 2014, dormí mejor pero seguía igual.

En septiembre de 2014 me empecé a mirar pero lo último era el neurólogo, que me vio en noviembre, me mandó hacer scaner, me vio en diciembre y vio una ataxia cerebelosa clara. En principio parecía lentamente progresiva, causa: no se intuía. En febrero de 2015 fui al fisio pero iba caminando más bien normal. En julio de 2015, durante una semana, me ingresaron en Zaragoza para pruebas médicas para ver si mi ataxia era autoinmune como la glomerulonefritis pero no salió nada.

Yo continué trabajando normal pero ya a finales de julio, para ir a una comida, mi socio, del que dependía en el despacho, me echó una mano para ir y volver. En agosto hizo lo propio mi cuñado sin decir nada. El 6 de octubre de 2015, por insistencia de mi mujer, me cogí la baja y me fui de médicos a Barcelona y Madrid, la conclusión fue ataxia cerebelosa multisistémica, causa: no se sabe, tratamiento: no hay; pronóstico: progresa despacio hasta el final ( entre 9 o 15 años desde los primeros síntomas) y se van desconectando sistemas vitales, primero afecta al equilibrio y al habla.

He ido, poco a poco, a peor tanto en el habla como en el equilibrio. Desde noviembre de 2016, tras caídas varias, voy en silla de ruedas.

Desde diciembre de 2016, la Seguridad Social me dio la incapacidad absoluta permanente.

Desde septiembre de 2016 dejé el gimnasio, voy a Piscina adaptada, un día, dos días con fisio en seco, uno a logopeda, otro a xilografía japonesa (por las manos) y otro a yoga. Es por mantenerse en la medida de lo posible.

Escribo en dos medios de comunicación digitales, en un libro cuya edición me regaló mi despacho y que tengo que redactar, y en este blog.

Y nada más.

Esta es, básicamente y sin entrar en detalles, mi enfermedad, poco simpática, como se ve, con ella convivo hace años, a veces me lo pone difícil. Ha veces lo vivo bien gracias al apoyo de mi mujer y mi hija y de la familia extensa.

Si tengo algún día escudo heráldico me podré al avestruz porque no afronté el problema hasta que era muy evidente. Lo que pasa es que es sin remedio, y eso que en 2015 acudí a dos mercachifles. El primero sin estudios pero, decía él, transmitía energía con las manos, y, curiosamente, sólo se le había muerto un amigo mío que tenía cáncer. Me dijo que yo no tenía nada, menos mal. Me comentó si después de imponerme las manos olía a rosas o así, yo le dije que sólo olía a tabaco, y él era fumador empedernido. Menos mal que cobraba si te curaba, o sea que sólo perdí el tiempo.

Lo peor fue su compañera que era psicóloga, digo su compañera porque, en medio de la “terapia”, se lió con él dejando marido e hijos, dejémoslo ahí.

Desde octubre de 2015 sólo voy de médicos, en enero de 2016 cambié de neurólogo por otro porque el que tenía era tremendamente gilipollas, ahora el que tengo es muy simpático y no es partidario de buscar tratamientos que no existen y me van a poner genial, ya que no me voy a poner bien, por lo menos me rio.

A veces la gente que me conoce me dice cosas inmerecidas, esto te toca igual que me tocó entrar en un gran despacho como Cuatrecasas. Lo que sucede es que hay cosas que te tomas bien y el riesgo de volverte idiota es mayor, y hay cosas difíciles que, por contra, tienen menos riesgo, o sea, que se igualan. La cuestión estriba en caer, o no, en la zona de riesgo.

En el post anterior hablaba de testimonio, es decir, yo llevo mi vida y cada cual que saque sus conclusiones si le sirve de algo, pero yo no soy ejemplo de nada. Soy un tío que ha tenido mucha suerte en la vida y que, ahora que vienen mal dadas, tiene el apoyo de su mujer y su hija, podría quejarme etc…. ¿a quién? y ¿sirve de algo? además es muy aburrido y ya me quejo con tontadas, además mi familia no me deja.

O sea, cada cual que piense lo que quiera y si le sirvo de algo pues mejor.

 

 

Testimonio

Dos amigos me han pedido que vaya a ver a gente. que ellos conocen, a hablar. La verdad es que, al principio del verano, no sabía qué decir, hoy más o menos. Me veía un poco sobrepasado y, todo hay que decirlo, con la voz que me queda, justo para hablar en un auditorio, quizá fuera vanidad pues siempre la he tenido y cultivado y algo queda. Ahora entiendo que con ver a un tío que vive y es feliz la gente tiene bastante para pensar, da igual lo que yo diga, cada cual se aplica el caso a lo suyo.

Uno se cree muy original y ahora toca no serlo, no ser nada y perder la individualidad. Dejarse querer y dejarse hacer. La verdad es que lo que más me cuesta es pasar de la independencia a la dependencia. Primero fue dejar de conducir, no fuera que… y dejar de juzgar a los conductores que me llevaban, luego fue dejar de trabajar, todo eso lo he cumplido, me queda dejar de dar el coñazo y ser más diligente con los médicos.

El nuevo papel que me toca es dejar hacer a los demás. Parece un tontada pero, para mí, no lo es. Además lo demás quieren hacer. Si uno sigue vivo es por el increíble afecto de los demás, conocidos o no, que, en este momento y en esta Sociedad, se vuelcan para que la vida de todos sea lo más normal posible. Desde el alcalde que pelea con los bordillos de su ciudad. hasta la Comunidad de vecinos que se rasca el bolsillo y hace accesible el portal “aunque sólo sea para cuando entre nosotros haya una persona mayor”.

Es un papel complicado porque otras personas hacen lo que tú hacías, pero es lo que hay, hay un nuevo papel, otra cosa que hacer o una nueva por dejar hacer.

Ahora entiendo algo lo del testimonio, los chicos tienen que aprender que la vida no es rectilínea, que pasan cosas, incluso, que le pasan hasta al que no le pasa nada, que la vida es variada, que no se pierde ni se aumenta la fe, y que no  se es mejor ni peor, por una enfermedad , etc…

Pero lo importante sigue siendo el oyente, el que hablar no es más que el sobre que lleva la carta. La carta ni es suya ni la va a leer él, sólo ha de ser buen sobre.

Los nuevos espartanos

Los espartanos, cuando nacía un niño, lo examinaba un consejo de ancianos, y, si tenía alguna minusvalía, lo despeñaban por un barranco para evitar al Estado los gastos de mantenimiento de una vida poco productiva. Hitler hacía lo mismo. Y hace unos años, cuando aún no tenía esta enfermedad ni por asomo, un compañero/amigo llamaba despectivamente “el subnormal”  a un ujier del Parlamento, que tenía una minusvalía psíquica y había sacado dignamente sus oposiciones y su plaza, a diferencia de muchos otros.

Sucede que ayer oigo hablar a una madre de que su hija ha tenido una reunión convocada ex profeso por el equipo director de una Facultad. Sucede que la niña, que tiene un síndrome que le lleva a hablar con dificultad y a usar silla, va a ir a un Colegio Mayor interna  y la nota le ha dado para estudiar una carrera de prestigio. La reunión fue para desalentar a padres e hija, para decirles que era una carrera muy difícil y que hiciera otra más fácil. Evidentemente, se oyeron de todo y la niña va a empezar la carrera.

Yo creo que no salgo de mi asombro desde ayer, hay quien se cree que, frente al esfuerzo de vivir todos los días, lo importante es un carrera universitaria.

Vaya mentes más limitadas, resulta que la niña se supera día a día, sonríe todos los días, sus padres se separan de ella para que haga su vida aunque conlleve más riesgo, y hay quienes, como los antiguos espartanos, juzgan que no podemos hacer lo mismo que los demás, que, con perdón, pero para nosotros no es para tanto comparado con lo que hacemos día a día, y, nos vienen a decir, que mejor que para qué, que no demos tanto mal, que no hagamos lo ordinario que hay gente mejor.

Cierto que damos mucho mal, en nuestro descargo diré que no es a idea. Siempre se puede volver a tratarnos como ya he descrito antes, siempre se nos puede despeñar por un barranco y fin.

En el fondo yo tengo suerte, esto me ha pillado mayor, mi familia y mi entorno me ayudan sin pedirlo, y la gente siempre ha sido muy maja conmigo, jamás me he encontrado con un gilipollas. Dada mi edad tengo un currículo interesante y, por eso, me doy el lujo de reírme de quien presume de su logros profesionales únicamente.

Cuando digo que no me he tropezado con gilipollas soy muy generoso, ahora recuero dos: una psicóloga y un médico neurólogo. Fíjese que ambos tienen, si no han muerto, carrera.

Frente a la lucha por vivir, una carrera no es sino un elemento más. Puede salir bien o mal, pero no pasa nada. Además ¿qué es salir mal? ¿suspender? o ¿tropezarse con tontos?

Aunque Hitler, y mi amigo, nunca lo vieron, el peor síndrome es el que no se ve, la falta de empatía que te lleva a tratar a los demás como cosas útiles o inútiles. Un riesgo que corremos todos si no humanizamos nuestras ocupaciones.

Asumir la mentalidad espartana es fácil y rentable.

 

 

Yo no podría

Eso me dice alguno, bienintencionado, cuando me ve, pero siento decirlo: tu sí podrías. Esto no tiene ninguna ciencia, como decía uno que conozco, y ya se me perdonará la vulgaridad, es más fácil que mear en pared.

Los que te dan soporte son los que tienen mérito que piensan por lo que pasas, que sufren angustia, que ven limitada su vida por otro, etc… ¿tú? no es para tanto, mucho mito es lo que hay.

Cierto que ves limitada tu vida pero hay que adaptarse, sin más. Y tomárselo bien. La alternativa es muy aburrida,

Esto me lleva a una reflexión común que es atribuirse todo lo bueno, o lo que parece bueno, a uno y sus propios méritos, y el que es generoso también a la suerte. Lo que llamamos “malo” se lo atribuimos a Dios, como si nos fuera poniendo “pruebas” a cuál peor. Esta enfermedad la mandaría Dios si seguimos esa lógica. Yo creo que no hay nada bueno o malo, las cosas son, sin más, y lo bueno y lo malo es nuestra reacción.

De hecho lo que llamamos bueno genera más gilipollas que lo que llamamos malo. Hagan la prueba y verán.

Don de consejo

Hace poco me he dado cuenta de lo que ya intuía: yo no tengo ese don. Para todo hay que valer, y para eso no valgo, no digo que alguna vez haya acertado, pero normalmente no. Además, si hoy en día unimos a eso el hecho de que hablo como las ballenas y no se me entiende, cerramos el círculo.

Lo que si veo es que con mi sola presencia la gente se monta su película particular. Con no decir nada, escuchar y sonreír, basta. La gente no quiere oír, quiere decir y que le oigan. Es jodido ( en la medida en que uno no es la estrella, que es lo que más mola) pero es así.

Aprovecho para rectificar/completar mi artículo sobre “Dios”, cuando decía que “humanizamos” a Dios, quería decir que lo “reducimos” porque cierto que Dios se hizo hombre para mostrarnos al verdadero hombre, y cierto que, a través de esa humanidad, se da a conocer, digamos que da el paso y nos lo hace fácil, nos evita interpretaciones imposibles de lo absoluto. Pero siempre lo reducimos a la mínima expresión, a algo mezquino, algo fácil y controlable, algo que no moleste, algo que sea políticamente correcto, incluso algo criticable. Reducimos, pero así hago yo con la mente de los demás, creyendo que tengo don de consejo, y que mi enfermedad me hace muy guay (y de eso nada). Incluso creo que soy interesante para quedar con la gente, por eso de que estoy malito y demás, y no veo el esfuerzo que hace todo el mundo por estar conmigo cuando hay opciones más fáciles. O sea que muchas gracias, y perdón, a ver si me acostumbro a depender del cariño de los demás, son muchos años tratando de ser independiente.

Pues bien, volvamos al tema. Don de consejo no tengo y he de aprender a escuchar. Es importante aprender que mucha gente se hace la terapia oyéndose y no oyendo lo obvio en telepredicadores.

Me pasa lo mismo que con los juicios, que cuando creía que me salían muy bien, los perdía, y viceversa. Este blog es parecido, hay artículos que creo muy interesantes, y no los lee nadie y viceversa.

Es decir, que soy mal juez en causa propia. De hecho creía que este Blog lo leían sólo mis amigos y día a día me dice otra gente que lo lee.

El mundo es imprevisible. De hecho me es imposible hasta fijar la periodicidad de artículos en este Blog, hay cosas muy sesudas que no tienen audiencia, y hay cosas en las que, no sé por qué, estoy más inspirado y tienen más audiencia.

Ya disculparéis, pero no soy nada original, periodicidad poca, escribo cuando me siento inspirado y, este Agosto, el calor me ha afectado como a todos.

Coaching

Con el vicio de decirlo todo en inglés, se usa esta palabreja que quiere decir: entrenamiento. La fascinación por lo extranjero es común. Yo pensaba que una compañía de autobuses  de Zaragoza, Therpasa, era de matriz alemana, dado su nombre, y me parecía superguay, luego supe que Therpasa quería decir Transportes Hernández Palacios Sociedad Anónima, y que era de Tarazona, me sentí superidiota. Cosas que pasan debido a la fascinación por lo raro..

Pero volvamos al coaching o entrenamiento. Todos hacemos, o nos hacen, coaching. Hay gente profesional en ello y hay gente que ni lo sabe. Cierto que los profesionales saben ir más allá, pero yo creo que todo parte de lo mismo: saber escuchar.

Parece algo muy simple pero no lo es, todos tenemos la tendencia de decir, de aconsejar, pero no escuchamos nada o muy poco. Últimamente la redes sociales nos refuerzan esa tendencia y nos creemos muy originales, a lo mejor sin darnos cuenta de que herimos sentimientos con lo que decimos.

El entrenador debe escuchar, a lo mejor el entrenamiento se lo hace uno mismo al poder decir lo que piensa y escucharlo. El entrenador ha de saber guiarte para decir lo que se piensa, sin más. No ha de condicionarte, no ha de hacerte decir lo que quiere escuchar, y, eso sí, ha de ser como una tumba.

Como siempre, voy a contar dos sucedidos personales. Un amigo, quizá el mejor abogado que conozco, y al que llamaré “fulano” por discreción, me decía, con sencillez, sorna y humildad, que una buena amiga, ante un gran problema que tenía, había comentado: “Me buscaría un buen abogado, pero voy a ir con fulano. Escucha tan bien.”

Otro amigo, segundo en una gran empresa, me comentaba que el gran jefe solía llamarle para que le hiciera de paño de lágrimas, para desahogarse.

Por ello creo que todo el mundo necesita alguien que le oiga, alguien a quien desarrollar sus ideas y ver, él mismo, si son tontadas o merecen la pena.

Lo difícil es escuchar de modo neutro.

De una situación pasiva pasamos al consejo. a la acción, al entrenador profesional. No todo el mundo sabe aconsejar, y hay consejos que la lían parda.

Hay quien tiene don de consejo y hay quien no, hay quien tiene experiencia y hay quien no, hay quien se guía por el bien del entenado y hay quien pasa de él, en fin… hay de todo, como en botica, y más si usamos términos ingleses que dan sensación de algo nuevo e ignoto.

Últimamente triunfa gente que se titulan como “motivadores”, se dedican a la proclamación de lo obvio, ante el asombro de gente mucho más docta que ellos.

Son consecuencia de los fallos y rendijas del sistema, que es, por donde se cuelan.

En el fondo son una cuadrilla de mercachifles, de vendedores de crecepelo, y la empresa actual tiene recursos de sobra para examinar lo obvio y el día a día por sí sola, si no lo hace que se lo cuestione y que sea crítica con las enseñanzas de esta gente.

Los verdaderos entrenadores saben sacar de uno mismo y añaden valor, no se dedican a lo obvio.

Y luego sepamos los límites de cada cual, un entrenador no es un santón al que se le debe devoción ciega en todo ni ha de pretenderlo, sus funciones son las que son, punto. Digo esto porque es común que, para personas enfermas como yo, aparecen salvadores mágicos son poderes inexplicables, tontadas a montón en las que creemos por desesperación, sin más. Apliquemos la lógica, que para eso está, y veamos si hay algo aprovechable.

No todo el mundo es buen entrenador ni se debe dar todo tipo de consejos a todo el mundo, por ejemplo, a los hijos. Cuidado con el tema. Ahora rige la especie de la amistad con los hijos y la sinceridad. A ver, uno no es amigo de sus hijos, es su padre, y hay cosas que no se cuenta y así se evita abrumarlos y descargar las propias responsabilidades en los hijos. Es verdad que es muy tranquilo tener amigos mejor que hijos, pero eso uno se lo piensa antes. Y la misión de un padre es educar no ser colegui. Pero esto, es algo que se sale del tema.

O sea que entrenar es complicado, discernir un buen entrenador también; tiene que tener claro su límite, la empresa debe saber el para qué, etc… Lo que está claro es que hace falta, en uno u otro grado, a todo el mundo, y hay que hacerlo bien.

Veranito complicado

Para mí siempre lo son. El verano acaba con la rutina y me siento perdido. Una aclaración he de hacer, siempre hablo de cosas que me pasan a mi o pienso yo, pueden ser una chorrada o muy útiles, depende del lector, pero no se crea nadie que generalizo o siento cátedra, esa no es mi intención.

Como decía, el verano es época de cambios, se acaba un año y empieza otro. Sucede que nada sigue igual, puede que nos lo parezca pero es todo un año más viejo, el nuevo ejercicio, por tanto, comporta otras cosas y podemos cambiar, o no.

El verano es un buen tiempo para chequearnos y así comenzar bien el nuevo ejercicio, o, al menos, intentarlo. Si usamos el verano sólo para “descansar” luego es lógico el “estrés postvacacional”. O vemos el verano como una oportunidad de reponernos, dormir bien, leer lo que no leemos, y venir motivados para el nuevo curso, o lo vemos como un descanso y un paraíso que, creyendo que no se acaba, se acaba.

Yo lo he vivido regular, ha habido veranos buenos y no tan buenos.

A los veranos de 2016 y 2017 he de añadir las limitaciones físicas progresivas que voy experimentando y que me hacen depender, cada vez más, de los demás. Este año dependo en casi todo. Pero, así como en 2016 me lo tomaba fatal, este año, con mayor dependencia, me lo voy tomando mejor, o, al menos, voy siendo capaz de decir lo que me cuesta que los demás me hagan todo, y dar las gracias.

Hace poco le dije a un camarero, que me hizo de asistente para llegar y salir a los baños de su local y se quedó cerca por si pasaba algo, que  lo que a él le podía parecer una pequeña ayuda de su parte, era un apoyo tremendo para mi.

Eso supongo que pasará con todos, aunque muchos no lo sabemos expresar bien. No por ello decaigáis en vuestra amabilidad, nos hacéis una vida mejor, sed conscientes de ello y que día a día vuestra sonrisa mejora el mundo y la tristeza no.

Asumir los propios límites es complicado, pero mi vida no es más que un ejemplo muy evidente por la enfermedad, que hace de “acelerador” y me los pone en la cara. Si bien, hay gente que no quiere cambiar de vida pese a que ya es mayor, pese a bajadas económicas, pese a que su pareja, por suerte o desgracia, ya no está, pese a que ese hijo se ha vuelto muy rarito, etc.. cada cuál verá, si quiere.

Todo pasa, todo cambia, y todo muda, y  en poco espacio de tiempo, no tenemos aquí (aquí ¿eh? que hablo de esta vida que es la que conozco) ciudad permanente. Si hacemos recuerdo de nuestras vacaciones todas tienen algo diferente, o muy diferente. Nada es igual, el río de la vida corre y no lo controlamos. No te esfuerces, da igual, es mejor que ahorres esfuerzos y lo asumas. Es mejor que ahorres esfuerzos y asumas tu vida ahora, ¿quién te asegura que acabarás el día?. Si vivimos con esa conciencia. no hay límites.

Todo esto, sinceramente, es más fácil de escribir que de vivir, al menos para mi, quizá para ti no. Por ello escribo lo que vivo y siento pero con la idea de que, cada uno, piense en él y vea si le vale o no.

 

 

Gilipollas

Suele pasar que el que nace gilipollas muere gilipollas, le pase lo que le pase. Entiéndaseme bien, uno no es un gilipollas ontológico, dado que gilipollas es el que dice o hace gilipolleces, no hay gilipollas las 24 horas del día (ni Rufián), tampoco hay gente que siempre es inteligente. Cualquiera te puede sorprender, hasta tú te puedes sorprender, para bien o para mal.

Recordemos la frase “Cualquier tonto hace relojes” seamos más humildes y no nos convirtamos en lo que no queremos ser, y tratemos a los demás de modo que no nos sorprendan.

Hace un tiempo un amigo me dijo que la gente no cambia, y tenía razón. La gente no cambia; o sigue igual, o acentúa sus defectos con la edad, a veces los pule no obstante. Pero cambios en sí son raros.

En mi concreta opinión diré que la gente no cambia nada aunque te caiga una enfermedad como la mía. No se cambia. Eres el mismo pero con enfermedad. La enfermedad es una llamada al cambio no el cambio mismo. Sucede que la gente “sana” no sabe qué hacer, o incluso se siente culpable de estar sano ante la enfermedad, y se da explicaciones, y entre ellas está la bondad ínsita a quien sufre la enfermedad que “bastante tiene”, y el que la sufre sigue, a lo sumo, igual, con sus mismas rarezas, y se preocupa de las mismas tonterías.

Como he dicho al principio el que nace gilipollas muere gilipollas, le pase lo que le pase. Pero los milagros existen y suelen darse diariamente. Lo que pasa es que el que suele hacer o decir muchas gilipolleces, o no cree en ello, o no pone condiciones para que se den.