A perro flaco todo son pulgas

O como se diría en correctísimo inglés “A thin dog all are mogollón de pulgas”. Y, además, no es que esté flaco, bueno, ya me entendéis.

Total que me ha rebrotado por tercera vez una enfermedad renal autoinmune, glomérulonefritis membranosa, que debutó en 2003, la controlo con medicación y reaparece cuando está en remisión. Un rollo. Pero es lo que hay, en conclusión que nunca se sabe cuándo se cubre el cupo de enfermedades y que, mientras se viva, todo puede ser peor, o mejor, nunca se sabe.

Muchos me preguntan qué tal voy, y se inquietan si no escribo en este blog. Tranquilidad, voy según lo previsto, cada día peor, Ando ya como las muñecas de Famosa, además me caigo con más frecuencia, pero aún no me he roto nada. Hablo fatal pero agradezco que me digan que no se me entiende. Aún no veo doble, todo llegará, mi problema entonces va a se cómo leer y cómo escribir, ya veremos, además doble que no es poco. En previsión de esta poco simpática situación he decidido redoblar mis esfuerzos en escribir el libro.

Esa es una de las razones por las que, puede, que ralentice mis apariciones en este blog.

Ah y tened claro que todo se lleva y se soporta (no sé el dolor físico que soy muy gabacho) y que es mucho peor ver sufrir a los que se quiere que sufrir, esto me lo ha confirmado una persona a la que admiro, cada día más, y que sabe mucho de las dos cosas.

Tiempo postnavideño

Hoy se acaban las Navidades, La fiesta del Bautismo del Señor pone fin a este largo periodo en el que, estaremos de acuerdo, se come mucho. Las fiestas son de todo tipo, las hay familiares, reencuentro con los amigos, cambio de año, fiestas para niños. etc…

Por eso habría que analizar qué pasa después de la Navidad.

Es claro que se ha analizado qué pasa después de la vacación de verano con el síndrome de depresión post vacacional y esas cosas. Después de Navidad es distinto. La Navidad es un ciclo cerrado y nadie la añora como el verano, la Navidad es un poquito empalagosa y la gente acaba harta de tanta bondad, además la Navidad forja bien nuevos propósitos y ello es como comenzar de nuevo. Por otra parte hay quien añora volver a la rutina porque la Navidad no la eliges tú sino que haces lo que te toca, empieza con las vacaciones escolares, cenas/ comidas de empresa, familiares, en casa de los suegros, otra cena/comida, los regalos, otra cena, el turrón… la rutina es más sencilla.

A mí, sin añorar la Navidad para nada (aunque me gusta) los meses de enero y febrero me causan cierta melancolía. Son meses duros de invierno, sin casi fiestas, un tanto planos… en fin, es una visión subjetiva.

Cierto es que empezamos otro año. La Navidad estuvo bien pero ya pasó. Podemos volver a ser normales y no querer a tanta gente ni ser queridos por tantos, por favor. Un pequeño excursus: a mí en el tiempo prenavideño, yo creo que imbuído de bondad ante el tiempo que llegaba y la visión de mi silla de ruedas, me dijo un conocido, antes amigo, que me quería mucho; pues yo no, nada de nada. En fin, sin más, hay quienes no cambiamos nunca y estamos siempre igual, apreciamos siempre a la misma gente, básicamente a gente que no es falsa. Lo dejo ahí.

Hay que reciclar, ver dónde estamos y partir ya.

2018 es largo y hay que aprovecharlo bien. La tontería la dejamos para fin de año que nos estará permitida.

Recomenzar, eso es lo que toca.

Coaching

Todo el mundo ha pasado alguna vez por una “charla motivadora”, normalmente en grupo. No me refiero a la de confesores, consejeros espirituales y psicólogos, cada cual en lo suyo, sino a aquella especie, surgida hace unos años, de gente que te dice lo que tienes que hacer por tu bien.

Te entrenan, no se sabe muy bien para qué, y como todo lo importante y mistérico está en inglés, ellos son “coach” y te hacen “coaching”. El “coaching” se basa en una no acostumbrada proclamación de lo obvio, lo que lo hace sorprendente para muchos, es eso, la falta de costumbre de lo normal.

No se me entienda mal. No voy a demonizar el “coaching”, hay cosas obvias que sabe reformular y, realmente, motiva a muchos. Lo peor es el uso de términos en inglés y que hay mucho charlatán.

La proclamación de lo obvio es algo evidente, nada hay nuevo bajo el sol y si hay algo nuevo no lo va a descubrir un “coach”, ello unido al escaso criterio imperante y a las ganas, en general, de salir de la rutina, dan lugar al triunfo del “coaching”.

Lo que es difícil es evitar el triunfo de los charlatanes, y aquí abundan mucho. Sobre todo en charlas colectivas donde se suelta el dicursito motivador sin escuchar, uno a uno, a los asistentes.

El charlista, dotado de una labia evidente, nos cuenta su anterior vida descarriada hasta que vio la luz, etc…

Hay quien es realmente bueno, pocos, pero los hay. Lo normal es gente del otro tipo, no se fien de que vaya mucha gente a verlo, fiense del propio criterio, se pilla pronto al charlatán: 1- Su elevado caché por dar consejos, 2- La visión de la luz, 3- No escuchar nunca…

Yo pienso que todo, o casi todo, el problema personal se soluciona cuando el que lo sufre lo cuenta. Necesita a alguien que le escuche, no que, directamente, le diga lo que tiene que hacer.

Muchas veces basta con escuchar, el que habla se va haciendo, él sólo, la terapia.

 

Reparos

Reconozco que, como soy un poco antiguo, tengo ciertos reparos por todo. He leído, como siempre, vuestros comentarios a mi último artículo, y son tan generosos, que me da cosa responderlos uno por  uno, o sea, que muchas gracias a todos.

Además, y como lo publico en redes sociales (Facebook, LinkedIn y twitter) me han llegado muchos agradables comentarios por ahí.

Escribo sin un orden preestablecido, sólo me obligo a escribir, al menos, uno por semana para que no muera este blog, sin más.

Este blog es un poco caótico, pero yo soy así. Antes de que me pierda, hablaba de los respetos humanos. Yo pertenezco a una generación en la que, para bien o para mal, nos enseñaban a no mostrar nuestros sentimientos en público. Era famosa la frase de “un hombre no llora aunque se vea las tripas en la mano”. por un lado no estaba mal ya que acababa con el sensiblerismo, por otro lado era un idea devastadora de la propia personalidad.

Antes blogs como este, relatando la enfermedad, eran inconcebibles, un minusválido era como una maldición de Dios, hoy en día se aborda todo con más naturalidad. He de reconocer que a mi me cuesta esa naturalidad. Quizá porque la vida me ha llevado a desprenderme de cosas, de modo inevitable, pero aún no me despego de mi Ego. Lo otro cuesta pero no te queda otro remedio y lo aceptas, si bien es legítimo no aceptarlo pero sólo se consigue sufrir más,  desprenderse del Ego es más complicado. La forma de ser, forjada durante años, eso es el Ego. El tema no es pasar del Ego sino desprenderse de él, es decir, ser conscientes de que la corriente de la vida nos lleva y no aferrarnos a nada.

Cuesta, pero lo otro, lo que hacemos todos por costumbre o miedo, es peor. Todo el mundo, no sólo aquellos en que es evidente, debe experimentar el abandono, es mejor hacerlo voluntariamente que, obligatoriamente, la vida te lleve a hacerlo o no hacerlo nunca.

Hablaba de los respetos, que me voy, a mí me cuesta rememorar, o hablar del pasado y ponerlo en un post. Me cuesta hablar de mis sentimientos, el blog me ayuda poco a poco a ello y las conferencias también.

Estoy a medio camino de una Sociedad en la que importaban mucho las formas, y otra más “natural” en la que no importan en absoluto. Como siempre, en España, nunca sabemos darle su valor a las formas y así nos va.

Formas hay que guardar pero no nos deben encadenar. Recuerdo que en la DGA los Letrados éramos de los pocos funcionarios que íbamos con traje y corbata, así se nos reconocía de lejos y no parecíamos unos mozicos de pueblo.

Las formas están para algo, es como los sacerdotes, ya no entro en cómo van vestidos por la calle, pero hay quien en Misa se pone sólo el alba y la estola y parece un loco. Decencia en el vestir, por favor,

Como los diputados que van en jersey al Congreso y se ponen traje para ir a la comunión de la sobrina, el mundo al revés.

Total, que estamos en una generación que no se corta un pelo para nada, ahora, eso sí, lo que tengo observado que para dar su opinión en causas arriesgadas se callan. a lo mejor ayudan pero nunca opinan, no sea que…

 

Evolución

Hoy me he preguntado para qué sirve este blog. Yo creo que empecé a escribir sin más, o por colmar mi ego que es lo más probable. Ante el apoyo de la gente seguí escribiendo hasta que, poco a poco, me quedé sin ideas. Es lo que pasa cuando no tienes un fin. En el fondo es moverse como pollo sin cabeza.

La verdad es que no sé cuál es mi papel, lo voy intuyendo pero… Esta es una enfermedad que no es un catarro, evoluciona, no se cura, y va a peor de un modo inexorable. Las consecuencias de la enfermedad en la vida diaria son muchas. Mantener una vida como en el pasado es imposible. De hecho, cada vez tengo menos ganas.

Estoy recapitulando, o sea que me pasa a mí esto, sin explicación ni cura algunas, que me aparta de mi carrera, que me lleva a casa, a ser objeto de la preocupación de mi familia y amigos, a asumir la dependencia, y sigo más o menos igual. Cierto que he aceptado alguna cosa pero porque a la fuerza ahorcan, pero no he dado ningún giro importante, hasta ahora he pensado que aceptarlo, con cierto humor, era suficiente, y no lo es. La evolución exige algo más. De hecho en la vida no estamos solos, en realidad no somos el barco que fluctúa en el río de la vida, somos un tripulante con una misión y , si no la  intuimos o no la cumplimos, perjudicamos a los demás y al barco.

La lección de este momento vital puede ser lo que decía Cristina Laclériga en su blog: no estamos ni vivimos solos, no es cierto lo  de “no hay dolor comparable a mi dolor” y ¿qué sabemos? las apariencias engañan siempre y el filtro propio engaña más aún. Además buscamos la autocompasión, y la gente nos da su compasión o bien porque no sabe qué hacer, o porque le da igual, o porque (alguno) realmente lo siente. El problema no son los demás, que, siempre, ayudan, el problema somos nosotros que, si no tenemos claro nuestro nuevo papel, mareamos a todo el que se deja.

El punto está en saber qué podemos hacer y en aceptar toda ayuda. Complicado lo de aceptar la ayuda, pero necesario. Supone renunciar al propio criterio de cómo  cuándo se hacen las cosas y dejar de hacer hasta lo más sencillo. Un abandono complicadito para alguien acostumbrado a mandar, pero es lo que toca, lo contrario es rechazar el cariño que nos envuelve, hay que ser conscientes que, detrás de cada ayuda, hay una preocupación por el bienestar del otro, y que es más fácil sufrir que ver sufrir.

2018

Hoy empieza 2018, mi deseo era acabar 2017 y no acabarlo muy mal: se ha cumplido. El año ha sido bueno. Lo comencé con la declaración de invalidez permanente absoluta y mi desvinculación del despacho. Podría decir que fue duro, pero estaba cantado. Lo más relevante de 2017 es que me he ido acostumbrando a mi nueva situación. Pero como esto progresa más rápido que yo, a ver…

En fin, empezamos  un nuevo año, primero a ver si lo acabamos, que gente sin menos motivo se fue en 2017, además a ver si lo disfrutamos, y propósito: ninguno, con tal de no ser obstáculo es suficiente.

Lo de los propósitos de año nuevo es total. Imbuidos por la bondad de estos días (que se acaba el día 8) nos proponemos de todo: ir al gimnasio, dejar de fumar, sacar una oposición… tranquilos, estos propósitos duran hasta fin de este mes, si duran más, puede que se trate de algo de verdad. Como decía, todo va en este clima navideño  global de bondad, amor y felicidad pero se pasa pronto y 2018 dura más.

A la hora de hacer propósitos hazte pocos y que sean cumplibles, así, al menos, evitamos caer en la depresión de no verlos cumplidos.

El río de la vida

Que la vida es un río ya lo decía Jorge Manrique. Que la vida es un proceso es lo mismo, además eso es lo único inteligente que dijo una psicóloga que tuve hace más de dos años. La vida no es rectilínea, ni nosotros estamos preparados para serlo, quizá estamos educados para serlo pero venimos programados para sobrevivir a lo que nos toque.

Esa es una idea que veo cada día más clara. Surgió de una pregunta en la charla del a.p.a agustinos- Romareda. Me preguntaron qué les diría a los niños; en realidad a los niños no hay que decirles nada, vienen programados para hacerse con todo lo que les toque. El problema es que deben sentir y crecer en libertad y no condicionados por los miedos y neuras de sus padres. Si yo he aceptado mi enfermedad, cualquiera puede. No condicionemos  a los niños con la vida que nos gustaría que llevaran o les tocara. Hemos de tener muy en cuenta que somos su ejemplo y su espejo para lo bueno y para lo malo.

La vida es un río, cambia. evoluciona y, tozuda, va a su fin. O nos dejamos llevar, o nos arrastra la corriente. Hasta esta enfermedad yo he rechazado depender de nadie y, ahora, me veo necesitado de dependencia, y digo “necesitado”. Hasta ahora, me he gloriado, de haber logrado todo por mi esfuerzo, pero ahora veo que el plan es otro, experimento la dependencia, con todo lo que tiene de confiar, de dejarse hacer, de dejarse querer, algo a lo que siempre, soberbiamente, me he negado.

Hoy, meditando ante un Belén, porque uno es de esa escasa minoría que se llama católica y, por ello, en este tiempo no desea Amor y Felicidad a nadie, ante la figurita del niño Jesús que depende de todos y todo para sobrevivir, creo que hay mucho que pensar sobre la dependencia. En realidad muchos dependen de uno para tener, simplemente, un día mejor. Una sonrisa, un recuerdo, un WhatsApp,… cuesta poco, pero, por favor, no sólo ahora sino durante todo el año.

Este tiempo de Navidad entre el exceso de bondad, amistad, comida, etc… resulta nauseabundo. Lo cierto es que era tan sólo un tiempo litúrgico, pero, a falta de Religión, lo mejor es sustituirla por comer, beber, y hacer sensibleras proclamas de unos deseos de bondad universal que se pasan el 8 de enero.

Este es un buen tiempo para  reflexionar, para recomenzar, para darse cuenta de cómo somos y cuál es nuestro papel ahora en el río de la vida. Quizá ya sea absurdo el figurar, quizá el papel sea ser mero instrumento, quizá sea dejarse querer. Cuesta mucho dejarse querer, pero hay mucha gente que es feliz queriendo a los demás, la cuestión es que alguien se deje. No se trata de aprovecharse de los demás sino de saber recibir su preocupación y cariño.

Hoy, el río de la vida me lleva a descubrir eso. Parece una tontada, y quizá lo sea, pero te lleva a profundos cambios si la sigues.

KENOSIS

Los que tenemos cierta edad, respetable ya que no somos ni jóvenes ni viejos, solemos tener algún cura amigo en nuestra generación, cuanto más joven se es, es más difícil, me temo.

Yo tengo más de un amigo cura, o sea sacerdote católico, esa religión que va de más a menos en su papel social o que mucha gente dice profesar aun cuando ni sabe de qué va. Con uno de estos amigos, con el que luego coincidí en un cumpleaños en Madrid, muy agradable por cierto, tomo café una vez al mes. Mi amigo, que estuvo en Roma aunque te habla más de Maella como experiencia vital, me comentó lo de la Kenosis y, como es griego, me dijo que significaba “abajamiento”, y me pregunta por cómo llevo mi personal Kenosis cada vez que quedamos. Y la llevo mal, muy mal, es lo que peor llevo, Claro abajarse, que en mi caso no es voluntario, lleva a depender de todo, de todos, y cada vez más, Abajarse lleva a aceptar y, para cuando acepto, esto ya ha ido a más. Es complicado. Claro, hay que ligar el “abajamiento” con el Misterio central de la Navidad, que no es si papá Noel era de Finlandia o un obispo italiano, es Dios que se convierte en niño, voluntariamente. Se despoja de todo, y acepta la peor de las condiciones y un futuro, en fin, digamos que complicadito.

Yo, hasta hace poco, comparaba esa distancia como la que hay entre el hombre y la hormiga. Pero yo no soy hormiga, o sea, que no vale.

Ahora la comparo entre mi vida independiente y la dependiente. Ambas sé de qué van ambas. Y no acepto la kenosis,  bueno acepto algo, no todo. En el caso de Dios su kenosis no tiene parangón. yo uso la mía porque es lo único que conozco.

Todos tenemos nuestra particular kenosis pero ¿la vemos’ ¿la aceptamos? Buen tema para meditar en este tiempo que se acerca que, seamos católicos o no, que cada vez somos menos,siempre será Navidad, incluso si Puigdemont sigue en Bruselas.

 

 

Colegio agustinos Romareda

Hoy el Apa del Colegio agustinos Romareda de Zaragoza me ha invitado a dar una charla sobre superación de la adversidad, Hace más de dos años que no doy charlas en público, por eso me la he escrito, creo que he dicho algo de lo escrito, además, me ha salido desestructurada, pero yo soy así,  ahí va:

“1-Presentación

Buenas tardes, gracias por venir, me llamo Luis Murillo, hace más de dos años que no hablo en público, me vi­ mal con el habla y me retraje, hoy estoy peor.

Yo nací el 28 de mayo de 1967, estudié en corazonistas, e hice la carrera de Derecho en nuestra Universidad. En 1995, ingresé en la escala de Letrados de la DGA , antes, de 1990 a 1994 intenté Abogado del Estado pero no la saqué. En la DGA fui también secretario del Consejo Consultivo, y vocal de la Junta de reclamaciones económico-administrativas. Impulse y fundé la asociación de Letrados de la DGA.

En 1998 me caso, en 2004 nace mi hija.

En 2005 me compro casa tipo casoplón.

En 2005 pasé a ser Director Jurí­dico de Tv y Radio autonómicas, que entonces se fundaban y partí­amos de cero.

En 2007 pasé a Cuatrecasas con la máxima categoría de abogado excepto los socios-propietarios.

En 2012 tengo los primeros síntomas muy leves de la enfermedad, en julio de 2014 dejo de correr, no puedo, en noviembre de 2014 me diagnostican la enfermedad: ataxia cerebelosa bilateral, no hay medicamentos. En mayo de 2015 dejo de conducir.

El 6 de octubre de 2015 me cojo­ la baja, en octubre de 2016 me cambio de casa, el 26 de diciembre de 2016 me comunicaron la invalidez absoluta, y en septiembre de 2017 vendo mi antigua casa. Ahora hago fisioterapia, dos veces por semana, terapia ocupacional, una vez, xilografí­a japonesa, yoga y logopedia, tengo un blog, facebook, linkedin, twitter, ayudo a preparar oposiciones, y trato de reinventarme día a dí­a.

2- ¿Qué pinto yo aquí­?

La verdad que no lo sé. La gente que me ha invitado piensa que mi testimonio es importante. Yo, siendo sincero, y pese a ser abogado, no lo sé. Una enfermedad como ésta supone una catástrofe y no se supera. Como mucho se acepta, se sabe que la vida va a ser distinta a como venía siendo.

Todo es un proceso de aceptación paulatina, la vida no es la misma y uno no es el mismo. No se trata de superación. La enfermedad no es algo que superar sino algo con que vivir con naturalidad, y eso cuesta.

Acostumbrarse a que te cuiden,

Acostumbrarse a que te hagan todo.

Acostumbrarse a dejar hacer.

Acostumbrarse a escuchar.

Acostumbrarse a hablar raro.

Acostumbrarse a la dependencia.

Acostumbrarse a la silla.

Acostumbrarse a confiar.

La costumbre leva a la aceptación.

Los demás tienen un papel muy activo, con una mera sonrisa o con una simple amabilidad pueden cambiar vidas.

1 Consejo: acostumbrémonos a ser amables siempre y a escuchar.

Adversidades, contradicciones hay muchas, en distinto grado, estemos dispuestos a sobrellevarlas, no se miden objetivamente, sino subjetivamente, en base a su intensidad. No valoremos, escuchemos, acompañemos. Y no digamos gilipolleces objetivas como ” ¡Qué día llevamos, a ti se te muere el padre y yo pierdo el lápiz!

2 Consejo: fomentemos el oír el sentimiento propio sin ser sentimentalistas de lágrima fácil. Dejemos que los niños sientan y no les encerremos en un sistema de normas. Sólo sintiendo distinguirán el grano de la paja.

No pensemos que la solución es formar en valores. Cierto que hay que formar en valores pero hay valores permanentes como la sinceridad, la honradez y el esfuerzo y otros caducos, temporales o poco importantes. Además sucede que hay valores que sirvieron para nosotros pero no para nuestros hijos que crecen en otros que no comprendemos.

Rechazarlos aumenta la brecha generacional.

3 Consejo: la vida es un rio. La vida no es algo rectilíneo, es un iter, un camino, un proceso, con sus baches, sus meandros, etc… la vida nos viene dada, no la diseñamos nosotros, pero somos libres para aceptarla o no.

El hecho de que algo no nos guste no es malo en sí­, por ejemplo: no nos gusta el colegio y vamos, A veces lo que nos gusta no nos conviene: por ejemplo los dulces. La vid no es sólo cuestión de gusto, el gusto es una buena orientación pero nada más. Suele pasar que queremos lo que nos gusta pero hay que saber distinguir.

A mi no me gusta esta enfermedad, me cuesta vivir cada momento, yo sufro, mujer sufre, mi hija sufre, mi familia sufre, la opción es aceptarla y hacer todo lo que se pueda. Sucede que, cuando se hace, se mejora uno y su entorno y todo va costando menos, pero se hace partiendo de las propias limitaciones, porque es absurdo querer correr cuando no se puede andar, lo que no es absurdo es querer que la silla corra más.

Me gusta la imagen del escudo de Parí­s: un barco, unas aguas y el lema “Fluctuat nec mergitut”, fluctúa pero no se hunde, en realidad eso es la vida: fluctuar, y hundirse, inevitablemente por viejo o por enfermedad, al final pero no voluntariamente.

Sucede que todos siempre nos hemos fijado en otros que se enfrentan a adversidades terribles, y siguen, mal o bien fluctúan, tú también eres capaz, todos lo somos. Sólo hace falta una cosa: sentirse querido y respetado. Si la familia y la sociedad te tratan normal, y no te agobian con cariños, compasiones y elogios innecesarios, se puede tirar. No somos gente especial somos gente normal a la que le ha pasado algo, como los rubios por ejemplo, nadie piensa en hacerle nada especial a un rubio, a nosotros tampoco. Lo hay que hacer es adaptar, pero ya eso lo hacemos, todos, de continuo, porque no hablamos igual a todo el mundo.

Como decí­a una, especiales son las pizzas, no nosotros.”

 

 

Levantarse

Todos los días. Siempre me ha resultado rutinario y un poco pesado. Cierto que estar mucho en la cama cansa y no es nada edificante, Hasta hace pico la noche era como un refugio donde no se hacía nada. Ahora el tiempo la va poniendo en su sitio y no deseo tanto estar dormido.

Sucede que pasar de la actividad que conllevaba Cuatrecasas a no hacer nada, es un salto muy brusco, con el tiempo te acostumbras pero no es eso.

Esta enfermedad es un largo proceso en el que pasas por diferente etapas. Ahora me voy decelerando muy poco a poco. Resulta que a mi siempre me ha gustado mucho mi trabajo, resulta que siempre he ocupado mucho tiempo con él y resulta que he procurado ser muy rápido. Ahora no tengo ni tendré trabajo y, si voy rápido, ni se me entiende.

O sea, me cuesta levantarme todos los días. Llenar tu antigua actividad con cosas es imposible, falta la pasión por lo que haces y ello es fundamental.

Estoy en fase de recolocación, veo el problema y atisbo la solución. Esta solución valdrá para mi. Es absurdo revelarla. Cada cual tiene que reconocer sus propias circunstancias y ver si necesitan solución y la solución será la suya. Ahora, es difícil levantarse y ponerle cara y ojos al día pero, si no lo hacemos ¿qué nos queda?