Tiempos de tribulación

El Evangelio de ayer, en línea con la lectura del Apocalipsis que se hace al principio, va sobre las persecuciones y catátrofes que Jesús anuncia a sus discípulos, si bien, al final de todo ello, les anuncia tambien que llega, asimismo, el día de su liberación.

Es decir, quien en una crisis, o tribulación, no corre como gallina sin cabeza, al final triunfará.

Volvamos a la conocida máxima ignaciana: “en tiempos de crisis no hacer mudanza”. Tiempos de crisis, tiempos de tribulación de cualquier tipo, que nos ponen a prueba, o ponen a prueba nuestras creencias o nuestra línea de actuación. En esos tiempos hay que insistir en lo que creemos profundamente.

La crisis puede ser de todo tipo, cada cual que mire su caso, económica, personal, profesional……

La cuestión es que la crisis se lleva por delante todo lo no assentado, todo lo no auténtico, la crisis en sí no es mala dado que depura.

Puede crear  situaciones difíciles, e, incluso, aparéntemente insolubles, pero de todo se sale.

La cuestión es agarrarse a algo para salir, no sea que no tengamos nada a lo que asirnos y nos acabemos hundiendo.

 

Visitas: cartuja de Aula Dei

img_20160130_091539Aula Dei

En el barrio de Montañana (Zaragoza), en la carretera que lleva a San Mateo de Gállego, está esta interesante cartuja. Mandada edificar en tiempos de D. Hernando de Aragón albergó una importante comunidad de cartujos hasta hace unos pocos años, en que, siendo muy pocos y no pudiendo mantener la vida monástica, se fueron a Valencia y, con la inestimable ayuda de mi amigo Serafín Andrés,  donaron el edificio a Chemin Neuf, comunidad católica francesa de  gente casada, mayoritariamente, sacerdotes y religiosos.

La cartuja se ha convertido en un centro de actividades formativas de la Comunidad. Hoy en día, y tras su rehabilitación, en las antiguas celdas viven familias completas.

Hay que tener en cuenta que una celda es muy grande, tenía habitación, oratorio, mirador, pasillo, taller y huerto. En tiempo de los cartujos era muy austera, hoy son hogares sencillos.

La cartuja es un lugar para hacer una visita familiar, se puede, incluso, y si se quiere, asistir a Misa los domingos.

Hoy en día se puede visitar por todo el mundo, con los cartujos las mujeres, por exigencias de la clausura, no podían entrar. Cuando se restauraron las pinturas de Goya de su Iglesia se construyo un pasadizo por las bodegas para que las mujeres pudieran acceder a la Iglesia sin violentar la clausura. Hoy esta entrada está en desuso.

Merece la pena ver el conjunto, la Iglesia, su retablo, la silla prioral, las pinturas de un Goya recién llegado de Italia, los claustros, las capillas claustrales, el refectorio, la biblioteca, la sala capitular, la celda de un cartujo y cómo vivían, el cementerio,…..

Alguna de estas salas quizá no la enseñen en un visita guiada, pero se compensa con la explicación.

 

 

Perseverancia

El Evangelio de hoy relataba aquel pasaje en que Jesús anunciaba a sus discípulos toda suerte de persecuciones por Su causa si bien les decía al final que “con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Los antiguos decían que la virtud no es otra cosa que una repetición de unos determinados actos. Es decir, la perseverancia, la repetición, en el bien es una virtud.

Vamos a hilarlo con lo que decíamos sobre la sonrisa. Una sonrisa es más que nada pero no es suficiente, la perseverancia en sonreir forma la virtud de la alegría, ¿se sonríe porque se está contento? ¿o se está contento porque se sonríe? La primera pregunta va en línea de lo que dice la Escritura “de la abundancia del corazón habla la boca”, la segunda va en línea de lo dicho aquí: la repetición de actos buenos da lugar a una virtud. En definitiva da igual, es un poco si fue primero la gallina o el huevo. Ambas tesis son complementarias.

Lo cierto es que perseverar en un ánimo positivo da lugar a alegría y esta suele ser contagiosa.

A veces no se tienen ganas de sonreir, y es difícil perseverar si no se sabe en qué. Si no hay motivo para no sonreir, mal vamos, si el motivo es unaa chorradilla hay que superarlo pronto, si es grave hay que buscar fundamentos y ayuda para superarlo, y si es muy grave, y no se puede superar más que con el tiempo, ahí están los demás.

A mí, cuando mi enfermedad era más que evidente, una persona que había dejado todo por vivir en Comunidad me preguntó si había dejado de creer, la repuesta fue rápida, la verdad es que no. No hago más que antes, no soy ni mejor ni peor, creo lo mismo, mucho o poco, porque perder la fe y la salud por lo mismo ya es de tontos.

Este tiempo, y para el futuro, sólo le pido a Dios fuerzas para soportar lo que venga, y, de momento, lo que necesito viene por anticipado y, a veces,  pese a mi.

Hoy tengo ocasión de compartir y meditar con vosotros sobre la perseverancia, algo muy necesario sobre todo cundo no sale el Sol, hemos de saber que o no miramos en la dirección correcta o que, indefectiblemente, saldrá,

Sonreir

Hoy en el tranvía me ha ocurrido un suceso intrascendente, aparentemente. Un joven, a la vista de mi bastón y mi mala manera de andar me ha pulsado y abierto la puerta, yo le he dicho “gracias” y él me ha contestado “de nada”; como digo algo sin importancia pero primero él se ha dado cuenta, segundo me ha abierto la puerta y tercero ha recibido mi agradecimiento y me lo ha devuelto con una breve contestación. Yo me he sentido muy bien, da gusto que exista gente normal por el mundo.

Parece mentira pero los que estamos más débiles necesitamos eso, que se nos devuelvan las gracias, un mensaje de whattsapp preguntando por nuestra salud, médicos que bromeen etc…. y, sobre todo, gente positiva y que sonría.

Yo, cuando estaba bien, no pensaba en que nada de eso fuera importante, ahora veo que sí y que se agradece mucho,sobre todo, si el que lo hace no tiene otro motivo de sonreir que su real gana.

Estaba dándole vueltas a esto cuando he recibido el comentario del Evangelio del día que se refiere a aquél pasaje en que los discípulos admiraban la majestuosidad del Templo de Jerusalem y Jesús les decía que de lo que veían no iba a quedar piedra sobre piedra. Yo siempre pensé que iba sobre la destrucción de Jerusalem por Tito, pero, según el comentario, tiene un sentido más propio.

Primero que no hay que admirar siempre el exterior, cosa que, algunos como yo hacemos siempre, y segundo que toda construcción (véase vida profesional) se puede destruir en un instante (equivocación, mala racha, enfermedad…) de modo que no quede piedra sobre piedra.

A mí me ha pasado y me pasa, esta enfermedad ha puesto en solfa mi vida profesional, me limita cada vez más y me hace depender de todo el mundo. O sea que de mi  quedará poquito, aquello que no sea exterior, o sea poquito. Salvo que esta enfermedad sea una inestimable ocasión para trabajar hacia adentro, que es lo más posible.

Hoy en día me quedan muchas cosas que hacer, pero la más importante  y dura es mantener la sonrisa. Ojalá pueda, sino puedo, siempre tengo la de mi mujer y la de mi hija pero espero que, los que lean este blog esbocen una sonrisa y se propongan sonreir todos los días que alguien, seguro, se lo agradece.

Viajes: Estambul

20141015_152216Vista desde Sta. Sofía.

Como mi hija me ha comentado, así como quien no quiere la cosa, que mi blog era un rollo y que podría hablar de viajes he decidido comenzar por una ciudad que es un icono para mí: Estambul.

A Estambul ya he ido tres veces, la primera en la Semana Sante de 1990 (viaje de fin de carrera) la segunda el año que me casé, Navidades de 1998, y la tercera como colaborador de un proyecto europeo del Obrador de Ideas en octubre de 2014.

En las tres ocasiones he encontrado una ciudad fascinante si bien en 2014 más arregladita y con menos “sabor” que en 1990.

Del viaje de 1990 destacaré que estuve 7 días y ví los monumentos de siempre  (los que toda guía señala que hay que ver) y más, dado que en toda mezquita hacía por ver el anexo con la tumba del sultán, muy recomendable. Muy recomendables las cisternas de Justiniano, las murallas de la ciudad, torre Gálata, el Topkapi, el palacio de Dolabace, la mezquita azul, la de Solimán (impresionante), Santa Sofía…..además recuerdo que en un paseo sólo encontré una pequeña Iglesia católica donde fuimos el domingo de Resurreción.

El segundo viaje fue para enseñarle Estambul a mi mujer, fueron 3 días estupendos. Paseamos mucho, vimos las mezquitas más importantes, Santa Sofía, que nos impató por su grandiosidad, la torre de Gálata y el Bósforo además del gran Bazar y el Bazar de las especias. Como nota importante es que en Invierno se pone el sol a las 4 de la tarde  (3 de la tarde en España) y hace un frío que pela.

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En el último viaje, de 3 días, fui de nuevo con mi mujer, admiramos otra vez Santa Sofía, vimos muy arreglada y muy puesta (con locales hipster, vegetarianos, etc..) la zona de la torre Gálata, probamos otra vez el verdadero kebab turco, su te etc…. ya callejeamos como en una ciudad conocida.

Para un cuarto viaje me queda una visita al Patriarcado Ecuménico Ortodoxo, esto ya son rarezas propias.

Recomiendo volar con Turkish aerlines y hopedarse en un hotel como el Best Wenstern President, por su centralidad y calidad, pero cada cual puede hacer lo que le dé la gana que seguro que acierta visitando una ciudad como esta.

San Josemaría

img_20150531_175655Virgen del Pilar. Perdiguera

Esta primavera tuvimos una comida en casa de mi padre en Perdiguera con él, obviamente, mi tío Jesús y con Miguel, Goyo, Ricardo, José María y don Santiago.

La comida fue muy amena, se trataron muchos temas el primero de los cuales fue la propia comida: migas y carne asada, más sencilla y mejor, imposible.

Lógicamente  hablamos de San Josemaria que, justo después de ordenarse y cantar Misa, vino a suplir al párroco unos dos meses a Perdiguera allá por 1925, tres años antes de la fundación del Opus Dei.

También vimos fotografías de la época y, claro, Perdiguera era un pequeño pueblo de Monegros en 1925, con todo lo que ello conllevaba.

San Josemaría venía de Barbastro, que era y es la capital de su fértil zona, había hecho el seminario en Zaragoza y su primer destino era Perdiguera. Además no se alojó en casa del párroco, sino en una casa muy humilde, pero muy limpia y de gente muy honrada, de unos labradores.

El Santo  ha dejado dicho que aquella estancia le hizo “mucho bien”, hablando de su estancia con especial cariño.

La conversación transcurrió con hechos que no se recogen en las biografías como que mi bisabuela paterna veía como antes o después de Misa paseaba hasta la cercana ermita de San José. Hecho, sin duda, cierto tanto por la testigo como por la conocida devoción del Santo por San José.

La duda surgió por las “sopas con vino” que, según las biografías, dijo a San Josemaria el hijo, del matrimonio con que se alojaba,  que se comería en caso de ser muy rico. Yo creo que hacía referencia a sopas acompañadas de un vaso de vino, otros creen que es el típico pan con vino, lo que es claro es que es imposible que sean sopas cocinadas con vino. Pero el chaval dijo lo que dijo.

Le dije a Miguel que investigaría algo más, y lo haré, no es habitual que un Santo fundador se aloje, siquiera sea sólo dos meses, en el pueblo de uno.