Yo no podría

Eso me dice alguno, bienintencionado, cuando me ve, pero siento decirlo: tu sí podrías. Esto no tiene ninguna ciencia, como decía uno que conozco, y ya se me perdonará la vulgaridad, es más fácil que mear en pared.

Los que te dan soporte son los que tienen mérito que piensan por lo que pasas, que sufren angustia, que ven limitada su vida por otro, etc… ¿tú? no es para tanto, mucho mito es lo que hay.

Cierto que ves limitada tu vida pero hay que adaptarse, sin más. Y tomárselo bien. La alternativa es muy aburrida,

Esto me lleva a una reflexión común que es atribuirse todo lo bueno, o lo que parece bueno, a uno y sus propios méritos, y el que es generoso también a la suerte. Lo que llamamos “malo” se lo atribuimos a Dios, como si nos fuera poniendo “pruebas” a cuál peor. Esta enfermedad la mandaría Dios si seguimos esa lógica. Yo creo que no hay nada bueno o malo, las cosas son, sin más, y lo bueno y lo malo es nuestra reacción.

De hecho lo que llamamos bueno genera más gilipollas que lo que llamamos malo. Hagan la prueba y verán.

Don de consejo

Hace poco me he dado cuenta de lo que ya intuía: yo no tengo ese don. Para todo hay que valer, y para eso no valgo, no digo que alguna vez haya acertado, pero normalmente no. Además, si hoy en día unimos a eso el hecho de que hablo como las ballenas y no se me entiende, cerramos el círculo.

Lo que si veo es que con mi sola presencia la gente se monta su película particular. Con no decir nada, escuchar y sonreír, basta. La gente no quiere oír, quiere decir y que le oigan. Es jodido ( en la medida en que uno no es la estrella, que es lo que más mola) pero es así.

Aprovecho para rectificar/completar mi artículo sobre “Dios”, cuando decía que “humanizamos” a Dios, quería decir que lo “reducimos” porque cierto que Dios se hizo hombre para mostrarnos al verdadero hombre, y cierto que, a través de esa humanidad, se da a conocer, digamos que da el paso y nos lo hace fácil, nos evita interpretaciones imposibles de lo absoluto. Pero siempre lo reducimos a la mínima expresión, a algo mezquino, algo fácil y controlable, algo que no moleste, algo que sea políticamente correcto, incluso algo criticable. Reducimos, pero así hago yo con la mente de los demás, creyendo que tengo don de consejo, y que mi enfermedad me hace muy guay (y de eso nada). Incluso creo que soy interesante para quedar con la gente, por eso de que estoy malito y demás, y no veo el esfuerzo que hace todo el mundo por estar conmigo cuando hay opciones más fáciles. O sea que muchas gracias, y perdón, a ver si me acostumbro a depender del cariño de los demás, son muchos años tratando de ser independiente.

Pues bien, volvamos al tema. Don de consejo no tengo y he de aprender a escuchar. Es importante aprender que mucha gente se hace la terapia oyéndose y no oyendo lo obvio en telepredicadores.

Me pasa lo mismo que con los juicios, que cuando creía que me salían muy bien, los perdía, y viceversa. Este blog es parecido, hay artículos que creo muy interesantes, y no los lee nadie y viceversa.

Es decir, que soy mal juez en causa propia. De hecho creía que este Blog lo leían sólo mis amigos y día a día me dice otra gente que lo lee.

El mundo es imprevisible. De hecho me es imposible hasta fijar la periodicidad de artículos en este Blog, hay cosas muy sesudas que no tienen audiencia, y hay cosas en las que, no sé por qué, estoy más inspirado y tienen más audiencia.

Ya disculparéis, pero no soy nada original, periodicidad poca, escribo cuando me siento inspirado y, este Agosto, el calor me ha afectado como a todos.

Dios

Hoy iba pensando cosas que me parecían muy originales y, como de costumbre, se me ha cruzado otra. Además de pensar en todo lo que tengo que hacer y no me apetece. Y eso que no tengo médicos, que soy muy mal paciente, bueno no soy muy paciente que digamos.

El caso es que iba a poner un artículo original, de esos que no lee nadie, y se me ha cruzado el típico y habitual comentario de “cómo lo llevas, yo no podría”.

La respuesta es “no te lo deseo pero tú podrías, yo también pensaba que no podría y ya ves” A esto se une atribuir la enfermedad a Dios, como una prueba que nos manda Dios a algunos, a ver si somos fuertes, o sea que el que la recibe es una especie de “elegido”, que, ya que está jodido, no es mal consuelo.

Yo no es que no crea en Dios, pero creo que no manda enfermedades ni esas cosas, creo que está en otros temas.

Hace mucho una amiga me dijo que tendemos a humanizar a Dios, a buscar seguridades. De ahí las listas de deberes piadosos que agradan a Dios. Hay gente que busca cumplir todos para obtener con seguridad lo prometido en vez de luchar por cumplir cada uno bien como posibilidad de penetrar en el misterio de Dios. Porque Dios es un misterio, no es un sádico despiadado que nos manda crueles enfermedades para probarnos, Dios no tiene nada que ver con la enfermedad. En realidad nos explicamos todo mejor con un Dios antropomorfo como los antigüos griegos.

La enfermedad, como, al final, la muerte, es parte de la vida, no es una prueba. Como decía Santa Teresa, en el ocaso de la vida se nos juzgará en el amor, no sobre qué obligaciones piadosas hemos cumplido o qué pruebas hemos superado. La vida, la de cada uno, es como es, y la vida en sí es un completo para amar o no, para eso Dios nos creó libres. Podemos elegir, pero lo bueno y lo malo  es responsabilidad nuestra. Los únicos dones de Dios son el conocimiento y la libertad, de ahí la perversidad de las dictaduras.

La enfermedad ni es mala ni buena a los ojos de Dios, a vista humana es mala, a vista de Dios simplemente es.

La libertad y el examen final en el amor, nos llevan a una mayor responsabilidad con nosotros mismos y los demás, sin que le podamos endilgar nada a Dios.

Todo lo malo y lo inexplicable se lo solemos chutar, o se lo recriminamos o lo sublimamos de lo puro buenos que somos.

En el fondo, como dijo uno de mi pueblo cuando le recriminaron que sólo tenía dos hijos pudiendo haber tenido tres, Dios no está para estas tontadas.

Como se nos juzgará en el amor, y somos libres, cada acto hay que hacerlo a conciencia.

Se puede tener una vida, humanamente, plena y ser un tonto del culo y cada día más. Y al contrario.

 

Gilipollas

Suele pasar que el que nace gilipollas muere gilipollas, le pase lo que le pase. Entiéndaseme bien, uno no es un gilipollas ontológico, dado que gilipollas es el que dice o hace gilipolleces, no hay gilipollas las 24 horas del día (ni Rufián), tampoco hay gente que siempre es inteligente. Cualquiera te puede sorprender, hasta tú te puedes sorprender, para bien o para mal.

Recordemos la frase “Cualquier tonto hace relojes” seamos más humildes y no nos convirtamos en lo que no queremos ser, y tratemos a los demás de modo que no nos sorprendan.

Hace un tiempo un amigo me dijo que la gente no cambia, y tenía razón. La gente no cambia; o sigue igual, o acentúa sus defectos con la edad, a veces los pule no obstante. Pero cambios en sí son raros.

En mi concreta opinión diré que la gente no cambia nada aunque te caiga una enfermedad como la mía. No se cambia. Eres el mismo pero con enfermedad. La enfermedad es una llamada al cambio no el cambio mismo. Sucede que la gente “sana” no sabe qué hacer, o incluso se siente culpable de estar sano ante la enfermedad, y se da explicaciones, y entre ellas está la bondad ínsita a quien sufre la enfermedad que “bastante tiene”, y el que la sufre sigue, a lo sumo, igual, con sus mismas rarezas, y se preocupa de las mismas tonterías.

Como he dicho al principio el que nace gilipollas muere gilipollas, le pase lo que le pase. Pero los milagros existen y suelen darse diariamente. Lo que pasa es que el que suele hacer o decir muchas gilipolleces, o no cree en ello, o no pone condiciones para que se den.

Iglesia Católica

Cierto es que yo soy uno de los primeros cabreados con Zaragoza en Común al reclamar ésta, sin sentido, la catedral de La Seo, cierto que me indigna que la CUP reclame la propiedad de la catedral de Barcelona para convertirla en un economato, pero cierto es también que la Iglesia se gasta una pasta en mantener su patrimonio. Más valdría que fuera del Estado el mantenedor, aunque no tiene dinero para mantener tanto, quizá crear economatos (y dárselos a los amigos) sea una visión futurista/realista.

Nuestra Constitución, en su art. 16, recogió, implícitamente, el papel que la Iglesia Católica ha tenido y tiene en la sociedad española, pero:

1- Cada vez menos españoles son católicos, además las vocaciones son muy escasas y abundan la congregaciones que van dejando trabajos y se centran en sí mismas para no desaparecer.

2- Lo que antes era normal, pues se veía a la Iglesia con tanta autoridad como el Estado, ya no lo es. La Iglesia es un sujeto particular que ha de tener los mismos derechos y deberes que los demás. De ahí que sus exenciones fiscales sean vistas como privilegios, y así las verá, si le toca, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

La Iglesia se justifica en su ingente labor social. Cierto, pero no le vale ya para todo y cada día menos, si bien en base a los fondos que destaca a fines sociales puede justificar ciertos “privilegios” fiscales.

En fin, los católicos hemos de prepararnos para el invierno que ya va llegando.

El problema es que la Iglesia va lento. Los cambios sociales son vertiginosos, las vocaciones siguen igual… de mal. La única posibilidad de la Iglesia es enganchar a los laicos pero no para actividades de ministerio sino para actividades profesionales que no deben hacer los curas.

Es un despilfarro de recurso que un cura sea administrador de una diócesis o restaurador, eso lo puede hacer, y mejor, un laico, lo que no puede hacer es dar misa. Hay que destacar más laicos en labore puramente profesionales.

Poco a poco se va cambiando porque ¿a la fuerza ahorcan? o ¿Por qué somos cada vez más generosos y vemos la potencialidad de los laicos?

 

Alegría

Este blog parece el rigor de las desdichas, y no es para eso para lo que lo escribo. La vida del hombre se basa en la alegría, en el contento. No en la risotada (que no está mal) sino en sonreír al esfuerzo.

Yo no sabría definir la alegría pero si ella, la vida se torna oscura y, si no se recupera, no se puede vivir.

La alegría podría ser una sobreabundancia de cosas buenas. Podría ser.

Generalmente somos muy crueles con nosotros mismos, pues, cuando examinamos nuestro actuar, nos fijamos solamente en las acciones que nos han dicho, y hemos asumido, que eren malas, no en las buenas. Y todos hacemos de todo, todos los días.

Iba a decir que hasta Puigdemont, añado que hasta Rufián, estas personas, en su corto y poco ilustrado entendimiento, seguro que hacen algo bueno al día.

Pero hay gente, de todo tipo, que vive más en la tristeza que en la alegría, por la razón que sea. La posibilidades de vivir de esta gente se limitan, desconfíen de ellos si no quieren salir de su tristeza y les parece normal.

Tenemos que hacer a diario un examen de conciencia positivo, de lo que hacemos bien y mejorarlo, la alegría se dará al verlo y en los intentos de mejora. E lo que tiene lo positivo, además, negativo, bastante hay y viene solo.

 

 

Normas

Hace mucho tiempo una amiga, que ahora da clases de teología, me advirtió de una tentación muy humana de reducir a Dios a un conjunto de normas de piedad que den seguridad.

Se busca la seguridad de lo finito ante el infinito. Ante esta reflexión, ¿pasamos de las normas? Lo cierto es que el ser humano tiene necesidad de ellas para todo, hasta para comer.

No se puede “pasar de ellas” no se puede vivir como si la norma no existiera, siempre ha habido sean muchas o pocas, No hemos de pasar al acratismo absoluto ni al normativismo excesivo.

Yo creo que el tema está, como en todo, en entender la norma e integrarla como propia. No porque la hayamos “heredado” , no porque nos la hayan contado, no por temor al castigo en caso de incumplimiento, sino porque la vemos lógica y la asumimos.

Pero también hemos de saber que una norma es sólo una norma, no es el fin pretendido sino, en la medida que la hacemos propia, una ayuda, entre otras, para el camino.

Las normas jurídicas no son más que normas de convivencia social. Muchas son imperativas porque si algunos hicieran lo que les da la gana (como Puigdemont con el referéndum) no se podría vivir. Hay normas imperativas y hay dispositivas, sujetas a la voluntad de los ciudadanos.

Aquí quiero resaltar a quien tiene la carrera de Derecho de quien se dedica a otra especialidad. Cuando se ingresa, por ejemplo, en la Administración, siempre hay algún listillo respetable que lleva tiempo en el mismo puesto, no es jurista, y lo sabe todo, o sabe más que tú.

Eso, al principio, es cierto, todo nuevo funcionario no conoce el terreno, y suele ser imprudente por su juventud o por la erudición que tiene.

Conviene esperar y aprender, pasado el tiempo, conocido el terreno, y sosegado el orgullo, suele suceder que el que sabe te pide opinión. Y suele suceder que el Jurista sabe leer las normas, interpretarlas, aplicarlas etc… Demuestra que no es un mero recopilador, en caso contrario ¿para qué sirve?

Sucede también que los políticos, en España, tienen tendencia a regularlo todo, debe de ser el miedo a la libertad, o la ruptura por la izquierda de las nomas impuestas por la derecha, o la mala conciencia de la derecha.

Sucede que en un tema como la educación, donde, según la Constitución, los padres tenemos derecho a elección de centro ello, en Aragón por ejemplo, no se da.

Sucede que una serie de burócratas, que saben más que Vd. sobre la crianza de sus propios hijos, van a acabar dictaminando cómo se accede a la educación, y qué colegio toca. No quiero entrar en más, una maraña de normas que empañan el horror vacui, el miedo a que la gente decida libremente qué colegio le conviene.

En el fondo desde pequeñito hay que seguir el carril que te mandan, obedecer las normas. no hay tiempo para cuestionarse si éstas son absurdas.

 

La Santísima Trinidad y Pedro Sánchez

Que Europa tiene raíces cristianas es cierto, y si no juzguen el parecido entre la idea territorial de España de Pedro Sánchez y el dogma de la Santísima Trinidad.

Pedro, después de ser, injusta y dolorosamente, depuesto en octubre de 2016 se dedicó a dar vueltas en su coche por España y a oír a la militancia. Después de eso, arrasó en las primarias del PSOE. Pedro ha vuelto más conciliador, más callado, con nuevas caras y alguna nueva idea (no muchas menos mal).

Visto cómo se desgarra España ante el independentismo, y visto que el PP no mueve pieza, a él se le ha ocurrido que España es una Nación de Naciones, como la Santísima Trinidad, uno en esencia, trino en persona. Pero Pedro no ha dicho que en España quepan tres naciones, sin soberanía, caben más ¿cuántas? no sé, eso sí, España sólo hay una, de ahí la foto de él con el banderón.

Pedro se decanta por una en esencia, pero personas ¿cuántas hay? se parece al del chiste ¨- ¿cuántos dioses hay? – uno – ¿y personas? – cualquiera dios lo sabe ”

Para mi débil razón el dogma de la Santísima Trinidad es incomprensible, lo mismo me pasa con esta propuesta de Pedro Sánchez. Yo creo que es cambiar “nacionalidades” por “naciones” en el art.2 de la Constitución, simplemente. Yo creo que el actual at.2 fue todo lo lejos que podía y que dos naciones son incompatibles y han de tener una frontera por medio.

Pedro debió de sufrir una intervención divina, o un calentón con su coche.

Yo no entiendo nada, pero ante el dogma de la Santísima Trinidad me he quedado tranquilo con el cuento de san Agustín y el niño de la playa.

Propongo a los del PSOE que hagan lo mismo, que se vaya a cavilar por la playa un fiel que defiende la unidad de España como Guillermo Fernández Vara, el niño sería Rufián pero me temo que le diría “Guillermo, andas en un lío, llegas tarde, eso ni nos va ni nos viene, nosotros nos vamos, seguid con vuestras gilipolleces que ya nos vienen bien.”

 

Caricias

La verdad es que, muchos días, no entiendo lo que me pasa, esta enfermedad etc… lo que llevo muy mal es el etc. La dependencia la llevo fatal.

Pero bueno, últimamente es el cambio de casa lo que más me viene en mente. Es así mejor, pero cuesta asumirlo y sonreir cuando se está sólo o con los más íntimos.

Pero bueno, son coplas que a las 10 de la mañana se pasan. Lo que me tengo que acostumbrar es a que mi ritmo no es el de antes, que no me acostumbro y ya toca.

Estos días pensaba en una conversación sobre la enfermedad, sobre su sentido, sentido creo que tiene porque para cosas sin sentido ya hay obras humanas bastantes, fin de la cita.

Sentido tiene, es una “caricia” o una gracia especial de Dios que aquí vemos al revés. Normalmente, y eso es muy bueno, confiamos en llevar un vida plena de salud, familia, profesión, dinero,… pero, a veces, alguno, conocido, sufre algo inexplicable, haced recuento alrededor. Ese “alguno” o se muere de repente, o lentamente, o sufre una cruel enfermedad que desemboca en el cajón de pino,

Cierto es que Dios te da fuerzas antes, porque te planteas esto en frío y te das de baja.

El que lo sufre tiene dos opciones:1- llevarlo bien 2-Llevarlo mal, es como todo en la vida, la enfermedad no cambia nada, sólo que te hace más peculiar.

El enfermo sufre, o no, lo que le toca. Lo realmente importante son las personas de alrededor, porque el enfermo aunque niegue su enfermedad no puede huir de ella. Pero los demás sí que pueden optar por irse, o no verlo. Y no me refiero sólo a los más próximos, que ya me ayudan a vivir, me refiero a todos.

Me refiero a la gente que te cruzas en el camino, a aquella señora que me abrió la mochila y a la que le di las gracias y me dijo “Con qué poco nos ponemos contentos los dos” yo le dije: “Sí, quizá es poco para usted, pero es mucho para mí”.

Quizá el sentido es dejarse querer, dejarse hacer, quizá… por mi parte tenga que aprender. Me cuesta, aún estoy centrado en lo bien que hago todo y llevo esto, que eso me cuento,  aunque quizá no esté entendiendo nada de nada.