Ni yo bordo pañuelos, ni tú rompes contratos….

Como cantaba María Jiménez, esto me recuerda a que, suele pasar, que nunca nadie tiene toda la razón pero, a veces, sí y hay que dársela.

Sucede que el mundo de hoy en día predomina el equidistanciamiento. Hay, sin embargo, otra posición que suele mojarse más en favor de una parte pero suele pecar  de radicalismo, tal y como le suelen confirmar las actuaciones de su defendido.

Las dos posiciones obedecen al mismo miedo , yo no me mojo nunca no vaya a ser que me equivoque, yo pienso siempre lo mismo y, si me equivoco, he sido coherente. La necesidad de no equivocarse nunca, o, si me equivoco, tengo justificación,

Ambas son comprensibles pero un poco cansinas, hay un tema que, hoy en día, se olvida sistemáticamente y es el propio criterio. Ciertamente el criterio propio da miedo ya que conlleva asumir responsabilidades y éstas pueden ser duras, el propio criterio lleva a mojarse y no a sostener siempre que todo el mundo tiene sus razones. Cierto que cada cual actúa movido por su razón, pero no todas razones son iguales, mantener esto, lleva a equiparar víctimas con verdugos por ejemplo.

No se puede ser tan poco ecuánime que se sostenga sólo una postura, pero cundo, generalmente, se es equidistante, y se justifica a ambas partes, se suele ser frío e injusto.

No todas las razones o motivos son iguales, hay que saber discernir, y hay que saber decantarse si es necesario.

En el fondo es ser frío o caliente, la otra opción es ser tibio y ya se sabe que los tibios no salen muy bien parados en la Biblia.

El río de la vida

Que la vida es un río ya lo decía Jorge Manrique. Que la vida es un proceso es lo mismo, además eso es lo único inteligente que dijo una psicóloga que tuve hace más de dos años. La vida no es rectilínea, ni nosotros estamos preparados para serlo, quizá estamos educados para serlo pero venimos programados para sobrevivir a lo que nos toque.

Esa es una idea que veo cada día más clara. Surgió de una pregunta en la charla del a.p.a agustinos- Romareda. Me preguntaron qué les diría a los niños; en realidad a los niños no hay que decirles nada, vienen programados para hacerse con todo lo que les toque. El problema es que deben sentir y crecer en libertad y no condicionados por los miedos y neuras de sus padres. Si yo he aceptado mi enfermedad, cualquiera puede. No condicionemos  a los niños con la vida que nos gustaría que llevaran o les tocara. Hemos de tener muy en cuenta que somos su ejemplo y su espejo para lo bueno y para lo malo.

La vida es un río, cambia. evoluciona y, tozuda, va a su fin. O nos dejamos llevar, o nos arrastra la corriente. Hasta esta enfermedad yo he rechazado depender de nadie y, ahora, me veo necesitado de dependencia, y digo “necesitado”. Hasta ahora, me he gloriado, de haber logrado todo por mi esfuerzo, pero ahora veo que el plan es otro, experimento la dependencia, con todo lo que tiene de confiar, de dejarse hacer, de dejarse querer, algo a lo que siempre, soberbiamente, me he negado.

Hoy, meditando ante un Belén, porque uno es de esa escasa minoría que se llama católica y, por ello, en este tiempo no desea Amor y Felicidad a nadie, ante la figurita del niño Jesús que depende de todos y todo para sobrevivir, creo que hay mucho que pensar sobre la dependencia. En realidad muchos dependen de uno para tener, simplemente, un día mejor. Una sonrisa, un recuerdo, un WhatsApp,… cuesta poco, pero, por favor, no sólo ahora sino durante todo el año.

Este tiempo de Navidad entre el exceso de bondad, amistad, comida, etc… resulta nauseabundo. Lo cierto es que era tan sólo un tiempo litúrgico, pero, a falta de Religión, lo mejor es sustituirla por comer, beber, y hacer sensibleras proclamas de unos deseos de bondad universal que se pasan el 8 de enero.

Este es un buen tiempo para  reflexionar, para recomenzar, para darse cuenta de cómo somos y cuál es nuestro papel ahora en el río de la vida. Quizá ya sea absurdo el figurar, quizá el papel sea ser mero instrumento, quizá sea dejarse querer. Cuesta mucho dejarse querer, pero hay mucha gente que es feliz queriendo a los demás, la cuestión es que alguien se deje. No se trata de aprovecharse de los demás sino de saber recibir su preocupación y cariño.

Hoy, el río de la vida me lleva a descubrir eso. Parece una tontada, y quizá lo sea, pero te lleva a profundos cambios si la sigues.

KENOSIS

Los que tenemos cierta edad, respetable ya que no somos ni jóvenes ni viejos, solemos tener algún cura amigo en nuestra generación, cuanto más joven se es, es más difícil, me temo.

Yo tengo más de un amigo cura, o sea sacerdote católico, esa religión que va de más a menos en su papel social o que mucha gente dice profesar aun cuando ni sabe de qué va. Con uno de estos amigos, con el que luego coincidí en un cumpleaños en Madrid, muy agradable por cierto, tomo café una vez al mes. Mi amigo, que estuvo en Roma aunque te habla más de Maella como experiencia vital, me comentó lo de la Kenosis y, como es griego, me dijo que significaba “abajamiento”, y me pregunta por cómo llevo mi personal Kenosis cada vez que quedamos. Y la llevo mal, muy mal, es lo que peor llevo, Claro abajarse, que en mi caso no es voluntario, lleva a depender de todo, de todos, y cada vez más, Abajarse lleva a aceptar y, para cuando acepto, esto ya ha ido a más. Es complicado. Claro, hay que ligar el “abajamiento” con el Misterio central de la Navidad, que no es si papá Noel era de Finlandia o un obispo italiano, es Dios que se convierte en niño, voluntariamente. Se despoja de todo, y acepta la peor de las condiciones y un futuro, en fin, digamos que complicadito.

Yo, hasta hace poco, comparaba esa distancia como la que hay entre el hombre y la hormiga. Pero yo no soy hormiga, o sea, que no vale.

Ahora la comparo entre mi vida independiente y la dependiente. Ambas sé de qué van ambas. Y no acepto la kenosis,  bueno acepto algo, no todo. En el caso de Dios su kenosis no tiene parangón. yo uso la mía porque es lo único que conozco.

Todos tenemos nuestra particular kenosis pero ¿la vemos’ ¿la aceptamos? Buen tema para meditar en este tiempo que se acerca que, seamos católicos o no, que cada vez somos menos,siempre será Navidad, incluso si Puigdemont sigue en Bruselas.

 

 

Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora

El Evangelio de hoy nos recuerda algo muy cierto, no sabemos ni el día ni la hora, pero no sólo de la muerte, sino, en general, de todo lo importante. Vivimos como si nuestra vida respondiera a un manual, y no sabemos lo que nos va a acontecer hoy, o lo que les va a suceder a la gente que nos rodea. Puede ser bueno o malo, pero lo bueno o lo malo depende de nuestra reacción al evento, es decir, es bueno si reaccionamos bien y malo si reaccionamos mal. Por ejemplo, frente a un ascenso, generalmente, nos volemos gilipollas, muy bueno no es, no nos hace bien ni a nosotros ni a los demás, igual es mejor un despido y contribuye a que nos volvamos más normales.

Todo depende de la reacción que tengamos, nada es bueno o malo por sí, todo depende de cómo te lo tomes.

No sabemos ni el día ni la hora, mejor así se está más vivo, sino vaya aburrimiento.

Me voy a centrar mejor en la primera palabra “Velad”, se nota que el Evangelio es Palabra de Dios. Yo diría: “Haced lo que os dé la gana, pero apechugad con las consecuencias, no como Forcadell, porque no sabéis ni el día ni la hora.” Se nota que el mensaje es mío. Hay que responsabilizarse de los propios actos, buenos o malos, y cada cual que haga lo que quiera o lo que pueda, él mismo. Lo mismo lo que hace uno  es lo mejor que puede hacer y a los demás nos escandaliza. No hay que juzgar, pero en este país el cotilleo nos domina, a algunos mucho.

Con responsabilizarnos de lo que hacemos, ya hacemos bastante. No seamos buenos, procuremos ser honrados que tajo tenemos.

Testimonio

Dos amigos me han pedido que vaya a ver a gente. que ellos conocen, a hablar. La verdad es que, al principio del verano, no sabía qué decir, hoy más o menos. Me veía un poco sobrepasado y, todo hay que decirlo, con la voz que me queda, justo para hablar en un auditorio, quizá fuera vanidad pues siempre la he tenido y cultivado y algo queda. Ahora entiendo que con ver a un tío que vive y es feliz la gente tiene bastante para pensar, da igual lo que yo diga, cada cual se aplica el caso a lo suyo.

Uno se cree muy original y ahora toca no serlo, no ser nada y perder la individualidad. Dejarse querer y dejarse hacer. La verdad es que lo que más me cuesta es pasar de la independencia a la dependencia. Primero fue dejar de conducir, no fuera que… y dejar de juzgar a los conductores que me llevaban, luego fue dejar de trabajar, todo eso lo he cumplido, me queda dejar de dar el coñazo y ser más diligente con los médicos.

El nuevo papel que me toca es dejar hacer a los demás. Parece un tontada pero, para mí, no lo es. Además lo demás quieren hacer. Si uno sigue vivo es por el increíble afecto de los demás, conocidos o no, que, en este momento y en esta Sociedad, se vuelcan para que la vida de todos sea lo más normal posible. Desde el alcalde que pelea con los bordillos de su ciudad. hasta la Comunidad de vecinos que se rasca el bolsillo y hace accesible el portal “aunque sólo sea para cuando entre nosotros haya una persona mayor”.

Es un papel complicado porque otras personas hacen lo que tú hacías, pero es lo que hay, hay un nuevo papel, otra cosa que hacer o una nueva por dejar hacer.

Ahora entiendo algo lo del testimonio, los chicos tienen que aprender que la vida no es rectilínea, que pasan cosas, incluso, que le pasan hasta al que no le pasa nada, que la vida es variada, que no se pierde ni se aumenta la fe, y que no  se es mejor ni peor, por una enfermedad , etc…

Pero lo importante sigue siendo el oyente, el que hablar no es más que el sobre que lleva la carta. La carta ni es suya ni la va a leer él, sólo ha de ser buen sobre.

Yo no podría

Eso me dice alguno, bienintencionado, cuando me ve, pero siento decirlo: tu sí podrías. Esto no tiene ninguna ciencia, como decía uno que conozco, y ya se me perdonará la vulgaridad, es más fácil que mear en pared.

Los que te dan soporte son los que tienen mérito que piensan por lo que pasas, que sufren angustia, que ven limitada su vida por otro, etc… ¿tú? no es para tanto, mucho mito es lo que hay.

Cierto que ves limitada tu vida pero hay que adaptarse, sin más. Y tomárselo bien. La alternativa es muy aburrida,

Esto me lleva a una reflexión común que es atribuirse todo lo bueno, o lo que parece bueno, a uno y sus propios méritos, y el que es generoso también a la suerte. Lo que llamamos “malo” se lo atribuimos a Dios, como si nos fuera poniendo “pruebas” a cuál peor. Esta enfermedad la mandaría Dios si seguimos esa lógica. Yo creo que no hay nada bueno o malo, las cosas son, sin más, y lo bueno y lo malo es nuestra reacción.

De hecho lo que llamamos bueno genera más gilipollas que lo que llamamos malo. Hagan la prueba y verán.

Don de consejo

Hace poco me he dado cuenta de lo que ya intuía: yo no tengo ese don. Para todo hay que valer, y para eso no valgo, no digo que alguna vez haya acertado, pero normalmente no. Además, si hoy en día unimos a eso el hecho de que hablo como las ballenas y no se me entiende, cerramos el círculo.

Lo que si veo es que con mi sola presencia la gente se monta su película particular. Con no decir nada, escuchar y sonreír, basta. La gente no quiere oír, quiere decir y que le oigan. Es jodido ( en la medida en que uno no es la estrella, que es lo que más mola) pero es así.

Aprovecho para rectificar/completar mi artículo sobre “Dios”, cuando decía que “humanizamos” a Dios, quería decir que lo “reducimos” porque cierto que Dios se hizo hombre para mostrarnos al verdadero hombre, y cierto que, a través de esa humanidad, se da a conocer, digamos que da el paso y nos lo hace fácil, nos evita interpretaciones imposibles de lo absoluto. Pero siempre lo reducimos a la mínima expresión, a algo mezquino, algo fácil y controlable, algo que no moleste, algo que sea políticamente correcto, incluso algo criticable. Reducimos, pero así hago yo con la mente de los demás, creyendo que tengo don de consejo, y que mi enfermedad me hace muy guay (y de eso nada). Incluso creo que soy interesante para quedar con la gente, por eso de que estoy malito y demás, y no veo el esfuerzo que hace todo el mundo por estar conmigo cuando hay opciones más fáciles. O sea que muchas gracias, y perdón, a ver si me acostumbro a depender del cariño de los demás, son muchos años tratando de ser independiente.

Pues bien, volvamos al tema. Don de consejo no tengo y he de aprender a escuchar. Es importante aprender que mucha gente se hace la terapia oyéndose y no oyendo lo obvio en telepredicadores.

Me pasa lo mismo que con los juicios, que cuando creía que me salían muy bien, los perdía, y viceversa. Este blog es parecido, hay artículos que creo muy interesantes, y no los lee nadie y viceversa.

Es decir, que soy mal juez en causa propia. De hecho creía que este Blog lo leían sólo mis amigos y día a día me dice otra gente que lo lee.

El mundo es imprevisible. De hecho me es imposible hasta fijar la periodicidad de artículos en este Blog, hay cosas muy sesudas que no tienen audiencia, y hay cosas en las que, no sé por qué, estoy más inspirado y tienen más audiencia.

Ya disculparéis, pero no soy nada original, periodicidad poca, escribo cuando me siento inspirado y, este Agosto, el calor me ha afectado como a todos.

Dios

Hoy iba pensando cosas que me parecían muy originales y, como de costumbre, se me ha cruzado otra. Además de pensar en todo lo que tengo que hacer y no me apetece. Y eso que no tengo médicos, que soy muy mal paciente, bueno no soy muy paciente que digamos.

El caso es que iba a poner un artículo original, de esos que no lee nadie, y se me ha cruzado el típico y habitual comentario de “cómo lo llevas, yo no podría”.

La respuesta es “no te lo deseo pero tú podrías, yo también pensaba que no podría y ya ves” A esto se une atribuir la enfermedad a Dios, como una prueba que nos manda Dios a algunos, a ver si somos fuertes, o sea que el que la recibe es una especie de “elegido”, que, ya que está jodido, no es mal consuelo.

Yo no es que no crea en Dios, pero creo que no manda enfermedades ni esas cosas, creo que está en otros temas.

Hace mucho una amiga me dijo que tendemos a humanizar a Dios, a buscar seguridades. De ahí las listas de deberes piadosos que agradan a Dios. Hay gente que busca cumplir todos para obtener con seguridad lo prometido en vez de luchar por cumplir cada uno bien como posibilidad de penetrar en el misterio de Dios. Porque Dios es un misterio, no es un sádico despiadado que nos manda crueles enfermedades para probarnos, Dios no tiene nada que ver con la enfermedad. En realidad nos explicamos todo mejor con un Dios antropomorfo como los antigüos griegos.

La enfermedad, como, al final, la muerte, es parte de la vida, no es una prueba. Como decía Santa Teresa, en el ocaso de la vida se nos juzgará en el amor, no sobre qué obligaciones piadosas hemos cumplido o qué pruebas hemos superado. La vida, la de cada uno, es como es, y la vida en sí es un completo para amar o no, para eso Dios nos creó libres. Podemos elegir, pero lo bueno y lo malo  es responsabilidad nuestra. Los únicos dones de Dios son el conocimiento y la libertad, de ahí la perversidad de las dictaduras.

La enfermedad ni es mala ni buena a los ojos de Dios, a vista humana es mala, a vista de Dios simplemente es.

La libertad y el examen final en el amor, nos llevan a una mayor responsabilidad con nosotros mismos y los demás, sin que le podamos endilgar nada a Dios.

Todo lo malo y lo inexplicable se lo solemos chutar, o se lo recriminamos o lo sublimamos de lo puro buenos que somos.

En el fondo, como dijo uno de mi pueblo cuando le recriminaron que sólo tenía dos hijos pudiendo haber tenido tres, Dios no está para estas tontadas.

Como se nos juzgará en el amor, y somos libres, cada acto hay que hacerlo a conciencia.

Se puede tener una vida, humanamente, plena y ser un tonto del culo y cada día más. Y al contrario.

 

Gilipollas

Suele pasar que el que nace gilipollas muere gilipollas, le pase lo que le pase. Entiéndaseme bien, uno no es un gilipollas ontológico, dado que gilipollas es el que dice o hace gilipolleces, no hay gilipollas las 24 horas del día (ni Rufián), tampoco hay gente que siempre es inteligente. Cualquiera te puede sorprender, hasta tú te puedes sorprender, para bien o para mal.

Recordemos la frase “Cualquier tonto hace relojes” seamos más humildes y no nos convirtamos en lo que no queremos ser, y tratemos a los demás de modo que no nos sorprendan.

Hace un tiempo un amigo me dijo que la gente no cambia, y tenía razón. La gente no cambia; o sigue igual, o acentúa sus defectos con la edad, a veces los pule no obstante. Pero cambios en sí son raros.

En mi concreta opinión diré que la gente no cambia nada aunque te caiga una enfermedad como la mía. No se cambia. Eres el mismo pero con enfermedad. La enfermedad es una llamada al cambio no el cambio mismo. Sucede que la gente “sana” no sabe qué hacer, o incluso se siente culpable de estar sano ante la enfermedad, y se da explicaciones, y entre ellas está la bondad ínsita a quien sufre la enfermedad que “bastante tiene”, y el que la sufre sigue, a lo sumo, igual, con sus mismas rarezas, y se preocupa de las mismas tonterías.

Como he dicho al principio el que nace gilipollas muere gilipollas, le pase lo que le pase. Pero los milagros existen y suelen darse diariamente. Lo que pasa es que el que suele hacer o decir muchas gilipolleces, o no cree en ello, o no pone condiciones para que se den.

Iglesia Católica

Cierto es que yo soy uno de los primeros cabreados con Zaragoza en Común al reclamar ésta, sin sentido, la catedral de La Seo, cierto que me indigna que la CUP reclame la propiedad de la catedral de Barcelona para convertirla en un economato, pero cierto es también que la Iglesia se gasta una pasta en mantener su patrimonio. Más valdría que fuera del Estado el mantenedor, aunque no tiene dinero para mantener tanto, quizá crear economatos (y dárselos a los amigos) sea una visión futurista/realista.

Nuestra Constitución, en su art. 16, recogió, implícitamente, el papel que la Iglesia Católica ha tenido y tiene en la sociedad española, pero:

1- Cada vez menos españoles son católicos, además las vocaciones son muy escasas y abundan la congregaciones que van dejando trabajos y se centran en sí mismas para no desaparecer.

2- Lo que antes era normal, pues se veía a la Iglesia con tanta autoridad como el Estado, ya no lo es. La Iglesia es un sujeto particular que ha de tener los mismos derechos y deberes que los demás. De ahí que sus exenciones fiscales sean vistas como privilegios, y así las verá, si le toca, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

La Iglesia se justifica en su ingente labor social. Cierto, pero no le vale ya para todo y cada día menos, si bien en base a los fondos que destaca a fines sociales puede justificar ciertos “privilegios” fiscales.

En fin, los católicos hemos de prepararnos para el invierno que ya va llegando.

El problema es que la Iglesia va lento. Los cambios sociales son vertiginosos, las vocaciones siguen igual… de mal. La única posibilidad de la Iglesia es enganchar a los laicos pero no para actividades de ministerio sino para actividades profesionales que no deben hacer los curas.

Es un despilfarro de recurso que un cura sea administrador de una diócesis o restaurador, eso lo puede hacer, y mejor, un laico, lo que no puede hacer es dar misa. Hay que destacar más laicos en labore puramente profesionales.

Poco a poco se va cambiando porque ¿a la fuerza ahorcan? o ¿Por qué somos cada vez más generosos y vemos la potencialidad de los laicos?