¿A quién le comprarías un coche de segunda mano?

Hoy he tenido una comida con funcionarios amigos. Inevitablemente ha surgido el tema de la confianza en los políticos, y yo, que a diferencia de los que allí estaban, soy muy poco correcto, he dicho que la cuestión es si al político de que se trate le compraríamos un coche de segunda mano.

Una amiga me ha dicho que era un buen tema de blog y ahí voy.

A Echenique, Errejón, Monedero, Pablito Iglesias, Ramoncito el del piso, el inefable Garzón, Irenita Montero, la cansa de la Bescansa, y demás gente de Podemos no les compro un coche usado porque saben escasamente que tiene cuatro ruedas. No entra una cuestión tan prosaica dentro de sus afanes por la libertad de los pueblos, además hay poca pasta que sacar.

A Mariano Rajoy no, y no es por que no sepa, es que como buen gallego no sabes si sube o baja.

A los del PSOE, hay que dividir. A los pedristas ni de coña y no es no. A la Gestora cuando sepa de qué va.

A Rivera se lo compraría, me parece noble el chaval, ya se maleará, pero de momento él se esfuerza por entenderse con todos por la gobernabilidad de España. Parece que en este país es mejor atenerse a posiciones ideológicas y no hablar, creo que es una tontería.

Yo no he votado a Rivera porque veo a su partido muy centralista para mi gusto. Ni le he votado ni creo que le vote pero le compraría un coche usado.

 

 

Puritanismo

Podríamos decir, en términos históricos, que fue una corriente religiosa, pero yo me voy a referir a aquellos que, en cualquier ámbito de la vida, no admiten un mínimo de “suciedad”, no bromean salvo con corrección, son fríos en el trato, súmamente correctos en las formas,  no admiten bien la diferencia, no se atreven a discrepar en público no sea que les vaya mal, hacen lo contrario de lo que predican, etc…

Todos tenemos algún aspecto puritano, tenerlos todos es complejo y de hacérselo mirar.

Me voy a referir a la intolerancia actual con lo que he venido en llamar “mínimo de suciedad”.

Toda sociedad democrática moderna como la española codifica en sus leyes penales toda aquellas conductas reprobbles y que merecen un reproche penal. Se trata de castigar lo hecho y de efectuar una prevención general, dirigida a todos, y una prevención especial, no lo vuelvas a hacer, dirigida al delincuente.

Además, en este país, como en muchos otros, hay una serie de faltas administrativas que se sancionan fuertemente si bien la pena de cárcel sólo va ligada a delitos y faltas penales.

O sea quela gran diferencia es cualitativa, por la pena de carcel, y vayamos más allá porque el  reproche social es mayor que en el caso de una mera sanción administrativa, cuyas consecuencias  son siempre económicas directas o indirectas.

Es decir, que estamos en un país con unas leyes penales y un cuadro de infracciones y sanciones adminitrativas.

En el caso penal nadie es culpable salvo que lo determine sentencia penal firme, en el caso administrativo (de menor reproche que el penal) hace falta resolución administrativa firme o sentencia firme.

Es lo que se conoce como presunción de inocencia.Pues bien, yo sostengo que lo no prohibido, por el Derecho, se puede hacer, es decir, que lo que no es penal o administrativaente sancionable, es legítimo.

Además sostengo que hasta que no se rompe la presunción de inocencia hay que mantenerla, es casi imposible restaurar en caso contrario el buen nombre de una persona.

Pues bien, en nuestro país, propiciado por puritanos que no miden las consecuencias de su actos, además,se ha establecido que no es legítimo todo lo que sea éticamente reprobable.

¿Y qué ética? Lógicamente la católica no, estamos en un país aconfesional, sino la del buen rollito, la de lo políticamente correcto, interpretada por algunos, no por todos.

Esos algunos son los puritanos de siempre, que hacen lo contrario de lo que predican. Véase Errejón con el negro que le hacía el trabajo, Echenique con la seguridad social, Espinar con su vivienda y Monedero con Hacienda.

Todos exculpados por su partido pero todos pregonaban una limpieza que no cumplían.

Con todo y con eso no respetaron la presunción de inocencia de Rita Barberá, una vez extiguida por muerte la investigación a la que colaboraba voluntariamente.

O sea que se crea un nivel moral (interpretable sólo por algunos) de responsabilidad, minucioso e inplacable con los demás pero exceptuable con los propios.

Si además de lo normado (que es mucho) no admitimos una “cierta suciedad” (es decir que es normal que uno pueda cometer ciertas faltas administrativas menores y que satisfaga su culpa pagándolas y punto), que lo que no está prohibido está permitido, y la presunción de inocencia, o vamos mal.