Otoño

Otoño es esa estación que en Zaragoza empieza “después del Pilar”. Es una estación melancólica que nos va pareciendo más bonita a medida que nos vamos haciendo más mayores. Ello es así, ni bueno ni malo, ni tampoco generalizable. Yo ya tengo ganas de que entre de una vez el otoño, se acaben estos calores, anochezca antes y no haya tanta gente por la calle. Parece que siempre estamos de juerga, hace falta un estación donde comience el sosiego y el vivir para dentro que el verano ya nos lleva a salir.

Últimamente recibo varias imágenes del Otoño, a ellas hay que unir la inevitable de la caída de la hoja con toda la carga que tiene.

Es la estación en que se reanudan los proyectos del año. y ello porque parece que casi no hay fiestas. Pero entre que es la última del año, en diciembre todo son puentes, y en septiembre no se hace nada y se dedica a los Colegios. El Otoño es una estación engañosa si no aprovechamos bien el tiempo día a día.

 

Cataluña

Reconozco que no quería escribir sobre el tema, que el procès me aburre, pero reconozco que una perspectiva real de la independencia de Cataluña me supone una profunda tristeza. Y la tristeza no es porque pierda algo, que no pierdo nada, sino por un doble motivo: 1- Que para conseguirla independencia los nacionalistas se salten sin rubor hasta sus propias normas 2- Que se haya generado un incomprensible discurso del odio hacia el resto de España.

Hace tiempo que se veía venir, pero con la reforma del Estatut y la Sentencia del TC más, fue Artur Más el que se inventó el mantra del “derecho a decidir” y sacrificó  a su corrupto partido, que es el que más casos atesora de corrupción en toda España, con una alianza con ERC. Entonces surgió toda la estela de corrupción de  Pujol, fundador de la patria catalana, y de toda su familia, de los cuales ya ni se habla en ámbitos indepes.

Luego fue la gran operación, que fue cambiar a la gente inteligente, que se había ido a sus asuntos, por tontos útiles y ocurrentes como Puigdemont, Tardá, Forcadell o Rufián, dejando a algún “inteligente” que controlara, como Junqueras.

El caso es que lo que se podía desarrollar como una Comunidad Autónoma de primera, dentro del marco constitucional y con pleno respeto a las leyes, es hoy una Comunidad Autónoma con una deuda equiparable a la de Irak, y gracias a que está dentro de España que, si no, no sé quien paga a los farmacéuticos.

Se han ensoberbecido y se han creído mentiras. España no les roba, les ha dado la fuerza de trabajo que les hacía falta para ser lo que son. La emigración interior de los años 60 y hasta los 80 del siglo pasado consistió en gente que dejaba su región, donde no había más que hambre, y se iba a Cataluña a trabajar, mucho, y labrarse un futuro. La despoblación es un problema que viene de no haber tenido entonces futuro para nuestra gente. No fue ni es un latrocinio, eso es otra cosa, de momento lo puede explicar más de un catalán ilustre no emigrante que sí que robó.

No se entiende que desde 1992 Barcelona vaya de mal en peor, claro que nadie la gana en gobernantes inútiles y en poner trabas a actos internacionales, que su actual alcaldesa sea quien es, es muy significativo.

Cataluña ha pasado de ser una Comunidad líder a ser una pena de Comunidad, si se independiza será peor, confiemos en que vuelva el seyn.

Diálogo

Últimamente oímos mucho esta palabra como si fuera el bálsamo de fierabrás que todo lo cura. Yo la practiqué mucho en mi vida profesional, de hecho prefería un mal acuerdo que un buen pleito, y llegué a ser famosillo porque, durante una temporada en que arregle nueve pleitos de diez, no entraba nunca en Sala.

Yo creo que si hablando y negociando se busca una solución para un problema pues mejor. Pero no nos engañemos, a veces el diálogo no es sincero, sólo es para obtener más tiempo. A veces la apelación al diálogo es para que el problema no lo resuelva el que lo ha creado. A veces es para que se resuelva y seguir igual de mal que antes pero así seguimos igual esperando que alguien se apiade de nuestra terrible situación. A veces es un diálogo para conseguir cosas que están fuera del poder de disposición de una parte. A veces una parte te dice que diálogo es para llegar a un fin ilegítimo sí o sí.  A veces el diálogo es para romper la normas etc…

De esto hemos visto mucho últimamente, hemos visto actitudes tramposas nada honradas. La más honrada es parapetarse tras el diálogo como excusa y a ver si esto se resuelve, sin hacer nada por supuesto. En momentos de caos es bueno recordar el marco normativo y el que quiera buscar soluciones, que sólo caben dentro de él, que arreé y que negocie y dialogue todo lo que sea posible.

Fuera de la ley sólo ha pobreza, tristeza y mucho macarra. Así no, no se puede arreglar nada, sólo que tenga la razón uno u otro, y los delincuentes tienen más boletos porque se mueven en su terreno.

 

Voluntarios

Hace poco iba  con mi silla subiendo el Paseo de la Independencia de Zaragoza. Iba con cierta precaución porque siempre he tenido miedo de que me atropelle alguien que esté consultando su móvil por algo que, seguro,  no puede esperar. Desde hace poco. conviven, además, en el Paseo, testigos de Jehová, peatones con móvil, y voluntarios de organizaciones caritativas en busca de socios.

Me referiré a estos voluntarios pues fui atropellado por uno de ellos. Era un día cualquiera, yo subía temprano al fisio, y a lo lejos vi a un voluntario de Intermon-Oxfam persiguiendo a una señora para que se hiciera socia. Yo seguí mi camino, él ni me vio, y se me cayó encima, yo aún me disculpé y él no dijo nada, se levantó y se fue.

Como el lector puede imaginar me quedé bastante fresco. En fin…

Enseguida lie esta situación a algo que hemos vivido o vivimos todo. Este joven no está en la calle por gusto (creo) le pagan algo (poco) por cada socio que hace, eso es como quien tiene un bonus anual que depende del producto que vende o de los números que hace. Sucede que venderá a cualquier precio ya que quiere cambiarse de coche o lo que sea. Sucede que venderá cosas que ni entiende, que, quizá, no son muy buenas para el cliente, pero bueno se entiende que no hay que decirlo todo, que perder la venta y ver minorado el bonus es de tontos.

Es lo que nos ha pasado a todos con la crisis. Desde los bancos se ha querido crecer y se han ofrecido bonus sustanciosos a sus empleados y nuevos y raros productos bancarios. Los empleados, para obtener el bonus, vendían lo que fuera. Muchos clientes, con tal de obtener ganancias, compraban lo que no entendían. Y así hasta que todo explotó.

Es una avaricia global, y volveremos a ella con independencia de la posición del arco político en que nos situemos. De hecho, en el caso de las tarjetas black, ha habido gente de todos los colores políticos imaginables y es que el dinero es lo que es. La avaricia es algo previo, e ínsito al ser humano, es uno de los antes llamados “pecados capitales”. Sobre la avaricia no se reflexiona y la tenemos todos, con independencia de nuestras ideas políticas.

Si somos inconscientes a que somos de natural avariciosos, si no tenemos medido el grado en que lo somos, ni sabemos qué cosas desatan nuestra avaricia, lo veremos todo normal y atropellaremos todo lo que se interponga en nuestro camino con tal de obtener nuestro objetivo.

Para este voluntario había que conseguir socios y lo demás no existía, ni lo consideraba. Lo malo, para mi, es que entre “lo demás” estaba yo en ese caso.

 

Testimonio

Dos amigos me han pedido que vaya a ver a gente. que ellos conocen, a hablar. La verdad es que, al principio del verano, no sabía qué decir, hoy más o menos. Me veía un poco sobrepasado y, todo hay que decirlo, con la voz que me queda, justo para hablar en un auditorio, quizá fuera vanidad pues siempre la he tenido y cultivado y algo queda. Ahora entiendo que con ver a un tío que vive y es feliz la gente tiene bastante para pensar, da igual lo que yo diga, cada cual se aplica el caso a lo suyo.

Uno se cree muy original y ahora toca no serlo, no ser nada y perder la individualidad. Dejarse querer y dejarse hacer. La verdad es que lo que más me cuesta es pasar de la independencia a la dependencia. Primero fue dejar de conducir, no fuera que… y dejar de juzgar a los conductores que me llevaban, luego fue dejar de trabajar, todo eso lo he cumplido, me queda dejar de dar el coñazo y ser más diligente con los médicos.

El nuevo papel que me toca es dejar hacer a los demás. Parece un tontada pero, para mí, no lo es. Además lo demás quieren hacer. Si uno sigue vivo es por el increíble afecto de los demás, conocidos o no, que, en este momento y en esta Sociedad, se vuelcan para que la vida de todos sea lo más normal posible. Desde el alcalde que pelea con los bordillos de su ciudad. hasta la Comunidad de vecinos que se rasca el bolsillo y hace accesible el portal “aunque sólo sea para cuando entre nosotros haya una persona mayor”.

Es un papel complicado porque otras personas hacen lo que tú hacías, pero es lo que hay, hay un nuevo papel, otra cosa que hacer o una nueva por dejar hacer.

Ahora entiendo algo lo del testimonio, los chicos tienen que aprender que la vida no es rectilínea, que pasan cosas, incluso, que le pasan hasta al que no le pasa nada, que la vida es variada, que no se pierde ni se aumenta la fe, y que no  se es mejor ni peor, por una enfermedad , etc…

Pero lo importante sigue siendo el oyente, el que hablar no es más que el sobre que lleva la carta. La carta ni es suya ni la va a leer él, sólo ha de ser buen sobre.

curriculum

En este país, dominado por la titulitis, es común poner el los perfiles de las redes sociales que uno ha estudiado en la “Universidad de la calle” o en la “Universidad de la vida” demostrando, además, que os que, por desgracia, tenemos titulo universitario, somos la mitad de espabilados.

De hecho predominan diputados con pocos estudios pero muy ocurrentes en twitter y muy útiles para defender siempre lo mismos, aunque es gente que no suele dialogar de nada (porque no sabe) ni vale para cuestiones técnicas, ahora bien, como analfabetos orgullos de serlo, desempeñan bien su pobre papel.

No reivindico el tener título universitario, de hecho he sufrido quien tiene título, y aun una oposición, y es lo peor. Se le supone algo, y no sabe nada ni vale para nada.

Es tiempo de ir de una vez a las habilidades que uno tenga. con independencia de si están respaldadas por título o no. El título es un mera presunción. Es como si a un español se le pidiera título de saber español en Namibia.

Hay que ir a lo que sabe cada uno y luego dejar hacer a cada uno en lo que sabe.

Últimamente hemos visto a una filóloga interpretando un Reglamento y prescindiendo del consejo de los juristas, o explicaciones absurdas para justificar lo imposible, algo ridículo. La jefatura de los inútiles es algo común, se da más de lo que pensamos y llega al absurdo, es como si yo opinara o decidiera sobre economía. El problema es que el que no sabe, convenientemente jaleado y con buen sueldo, piensa que sabe de todo o puede hacer de todo, Y el que sabe no dice nada por no meterse en problemas, sin saber que, tolerando, vive en el problema, y éste se hace cada vez más grande.

Hay que tener el valor de decirle la verdad al que se cree que vale y no vale nada de nada. Será más feliz reconociendo la realidad.

Los nuevos espartanos

Los espartanos, cuando nacía un niño, lo examinaba un consejo de ancianos, y, si tenía alguna minusvalía, lo despeñaban por un barranco para evitar al Estado los gastos de mantenimiento de una vida poco productiva. Hitler hacía lo mismo. Y hace unos años, cuando aún no tenía esta enfermedad ni por asomo, un compañero/amigo llamaba despectivamente “el subnormal”  a un ujier del Parlamento, que tenía una minusvalía psíquica y había sacado dignamente sus oposiciones y su plaza, a diferencia de muchos otros.

Sucede que ayer oigo hablar a una madre de que su hija ha tenido una reunión convocada ex profeso por el equipo director de una Facultad. Sucede que la niña, que tiene un síndrome que le lleva a hablar con dificultad y a usar silla, va a ir a un Colegio Mayor interna  y la nota le ha dado para estudiar una carrera de prestigio. La reunión fue para desalentar a padres e hija, para decirles que era una carrera muy difícil y que hiciera otra más fácil. Evidentemente, se oyeron de todo y la niña va a empezar la carrera.

Yo creo que no salgo de mi asombro desde ayer, hay quien se cree que, frente al esfuerzo de vivir todos los días, lo importante es un carrera universitaria.

Vaya mentes más limitadas, resulta que la niña se supera día a día, sonríe todos los días, sus padres se separan de ella para que haga su vida aunque conlleve más riesgo, y hay quienes, como los antiguos espartanos, juzgan que no podemos hacer lo mismo que los demás, que, con perdón, pero para nosotros no es para tanto comparado con lo que hacemos día a día, y, nos vienen a decir, que mejor que para qué, que no demos tanto mal, que no hagamos lo ordinario que hay gente mejor.

Cierto que damos mucho mal, en nuestro descargo diré que no es a idea. Siempre se puede volver a tratarnos como ya he descrito antes, siempre se nos puede despeñar por un barranco y fin.

En el fondo yo tengo suerte, esto me ha pillado mayor, mi familia y mi entorno me ayudan sin pedirlo, y la gente siempre ha sido muy maja conmigo, jamás me he encontrado con un gilipollas. Dada mi edad tengo un currículo interesante y, por eso, me doy el lujo de reírme de quien presume de su logros profesionales únicamente.

Cuando digo que no me he tropezado con gilipollas soy muy generoso, ahora recuero dos: una psicóloga y un médico neurólogo. Fíjese que ambos tienen, si no han muerto, carrera.

Frente a la lucha por vivir, una carrera no es sino un elemento más. Puede salir bien o mal, pero no pasa nada. Además ¿qué es salir mal? ¿suspender? o ¿tropezarse con tontos?

Aunque Hitler, y mi amigo, nunca lo vieron, el peor síndrome es el que no se ve, la falta de empatía que te lleva a tratar a los demás como cosas útiles o inútiles. Un riesgo que corremos todos si no humanizamos nuestras ocupaciones.

Asumir la mentalidad espartana es fácil y rentable.

 

 

Yo no podría

Eso me dice alguno, bienintencionado, cuando me ve, pero siento decirlo: tu sí podrías. Esto no tiene ninguna ciencia, como decía uno que conozco, y ya se me perdonará la vulgaridad, es más fácil que mear en pared.

Los que te dan soporte son los que tienen mérito que piensan por lo que pasas, que sufren angustia, que ven limitada su vida por otro, etc… ¿tú? no es para tanto, mucho mito es lo que hay.

Cierto que ves limitada tu vida pero hay que adaptarse, sin más. Y tomárselo bien. La alternativa es muy aburrida,

Esto me lleva a una reflexión común que es atribuirse todo lo bueno, o lo que parece bueno, a uno y sus propios méritos, y el que es generoso también a la suerte. Lo que llamamos “malo” se lo atribuimos a Dios, como si nos fuera poniendo “pruebas” a cuál peor. Esta enfermedad la mandaría Dios si seguimos esa lógica. Yo creo que no hay nada bueno o malo, las cosas son, sin más, y lo bueno y lo malo es nuestra reacción.

De hecho lo que llamamos bueno genera más gilipollas que lo que llamamos malo. Hagan la prueba y verán.

Don de consejo

Hace poco me he dado cuenta de lo que ya intuía: yo no tengo ese don. Para todo hay que valer, y para eso no valgo, no digo que alguna vez haya acertado, pero normalmente no. Además, si hoy en día unimos a eso el hecho de que hablo como las ballenas y no se me entiende, cerramos el círculo.

Lo que si veo es que con mi sola presencia la gente se monta su película particular. Con no decir nada, escuchar y sonreír, basta. La gente no quiere oír, quiere decir y que le oigan. Es jodido ( en la medida en que uno no es la estrella, que es lo que más mola) pero es así.

Aprovecho para rectificar/completar mi artículo sobre “Dios”, cuando decía que “humanizamos” a Dios, quería decir que lo “reducimos” porque cierto que Dios se hizo hombre para mostrarnos al verdadero hombre, y cierto que, a través de esa humanidad, se da a conocer, digamos que da el paso y nos lo hace fácil, nos evita interpretaciones imposibles de lo absoluto. Pero siempre lo reducimos a la mínima expresión, a algo mezquino, algo fácil y controlable, algo que no moleste, algo que sea políticamente correcto, incluso algo criticable. Reducimos, pero así hago yo con la mente de los demás, creyendo que tengo don de consejo, y que mi enfermedad me hace muy guay (y de eso nada). Incluso creo que soy interesante para quedar con la gente, por eso de que estoy malito y demás, y no veo el esfuerzo que hace todo el mundo por estar conmigo cuando hay opciones más fáciles. O sea que muchas gracias, y perdón, a ver si me acostumbro a depender del cariño de los demás, son muchos años tratando de ser independiente.

Pues bien, volvamos al tema. Don de consejo no tengo y he de aprender a escuchar. Es importante aprender que mucha gente se hace la terapia oyéndose y no oyendo lo obvio en telepredicadores.

Me pasa lo mismo que con los juicios, que cuando creía que me salían muy bien, los perdía, y viceversa. Este blog es parecido, hay artículos que creo muy interesantes, y no los lee nadie y viceversa.

Es decir, que soy mal juez en causa propia. De hecho creía que este Blog lo leían sólo mis amigos y día a día me dice otra gente que lo lee.

El mundo es imprevisible. De hecho me es imposible hasta fijar la periodicidad de artículos en este Blog, hay cosas muy sesudas que no tienen audiencia, y hay cosas en las que, no sé por qué, estoy más inspirado y tienen más audiencia.

Ya disculparéis, pero no soy nada original, periodicidad poca, escribo cuando me siento inspirado y, este Agosto, el calor me ha afectado como a todos.

Dios

Hoy iba pensando cosas que me parecían muy originales y, como de costumbre, se me ha cruzado otra. Además de pensar en todo lo que tengo que hacer y no me apetece. Y eso que no tengo médicos, que soy muy mal paciente, bueno no soy muy paciente que digamos.

El caso es que iba a poner un artículo original, de esos que no lee nadie, y se me ha cruzado el típico y habitual comentario de “cómo lo llevas, yo no podría”.

La respuesta es “no te lo deseo pero tú podrías, yo también pensaba que no podría y ya ves” A esto se une atribuir la enfermedad a Dios, como una prueba que nos manda Dios a algunos, a ver si somos fuertes, o sea que el que la recibe es una especie de “elegido”, que, ya que está jodido, no es mal consuelo.

Yo no es que no crea en Dios, pero creo que no manda enfermedades ni esas cosas, creo que está en otros temas.

Hace mucho una amiga me dijo que tendemos a humanizar a Dios, a buscar seguridades. De ahí las listas de deberes piadosos que agradan a Dios. Hay gente que busca cumplir todos para obtener con seguridad lo prometido en vez de luchar por cumplir cada uno bien como posibilidad de penetrar en el misterio de Dios. Porque Dios es un misterio, no es un sádico despiadado que nos manda crueles enfermedades para probarnos, Dios no tiene nada que ver con la enfermedad. En realidad nos explicamos todo mejor con un Dios antropomorfo como los antigüos griegos.

La enfermedad, como, al final, la muerte, es parte de la vida, no es una prueba. Como decía Santa Teresa, en el ocaso de la vida se nos juzgará en el amor, no sobre qué obligaciones piadosas hemos cumplido o qué pruebas hemos superado. La vida, la de cada uno, es como es, y la vida en sí es un completo para amar o no, para eso Dios nos creó libres. Podemos elegir, pero lo bueno y lo malo  es responsabilidad nuestra. Los únicos dones de Dios son el conocimiento y la libertad, de ahí la perversidad de las dictaduras.

La enfermedad ni es mala ni buena a los ojos de Dios, a vista humana es mala, a vista de Dios simplemente es.

La libertad y el examen final en el amor, nos llevan a una mayor responsabilidad con nosotros mismos y los demás, sin que le podamos endilgar nada a Dios.

Todo lo malo y lo inexplicable se lo solemos chutar, o se lo recriminamos o lo sublimamos de lo puro buenos que somos.

En el fondo, como dijo uno de mi pueblo cuando le recriminaron que sólo tenía dos hijos pudiendo haber tenido tres, Dios no está para estas tontadas.

Como se nos juzgará en el amor, y somos libres, cada acto hay que hacerlo a conciencia.

Se puede tener una vida, humanamente, plena y ser un tonto del culo y cada día más. Y al contrario.