Puritanismo

Podríamos decir, en términos históricos, que fue una corriente religiosa, pero yo me voy a referir a aquellos que, en cualquier ámbito de la vida, no admiten un mínimo de “suciedad”, no bromean salvo con corrección, son fríos en el trato, súmamente correctos en las formas,  no admiten bien la diferencia, no se atreven a discrepar en público no sea que les vaya mal, hacen lo contrario de lo que predican, etc…

Todos tenemos algún aspecto puritano, tenerlos todos es complejo y de hacérselo mirar.

Me voy a referir a la intolerancia actual con lo que he venido en llamar “mínimo de suciedad”.

Toda sociedad democrática moderna como la española codifica en sus leyes penales toda aquellas conductas reprobbles y que merecen un reproche penal. Se trata de castigar lo hecho y de efectuar una prevención general, dirigida a todos, y una prevención especial, no lo vuelvas a hacer, dirigida al delincuente.

Además, en este país, como en muchos otros, hay una serie de faltas administrativas que se sancionan fuertemente si bien la pena de cárcel sólo va ligada a delitos y faltas penales.

O sea quela gran diferencia es cualitativa, por la pena de carcel, y vayamos más allá porque el  reproche social es mayor que en el caso de una mera sanción administrativa, cuyas consecuencias  son siempre económicas directas o indirectas.

Es decir, que estamos en un país con unas leyes penales y un cuadro de infracciones y sanciones adminitrativas.

En el caso penal nadie es culpable salvo que lo determine sentencia penal firme, en el caso administrativo (de menor reproche que el penal) hace falta resolución administrativa firme o sentencia firme.

Es lo que se conoce como presunción de inocencia.Pues bien, yo sostengo que lo no prohibido, por el Derecho, se puede hacer, es decir, que lo que no es penal o administrativaente sancionable, es legítimo.

Además sostengo que hasta que no se rompe la presunción de inocencia hay que mantenerla, es casi imposible restaurar en caso contrario el buen nombre de una persona.

Pues bien, en nuestro país, propiciado por puritanos que no miden las consecuencias de su actos, además,se ha establecido que no es legítimo todo lo que sea éticamente reprobable.

¿Y qué ética? Lógicamente la católica no, estamos en un país aconfesional, sino la del buen rollito, la de lo políticamente correcto, interpretada por algunos, no por todos.

Esos algunos son los puritanos de siempre, que hacen lo contrario de lo que predican. Véase Errejón con el negro que le hacía el trabajo, Echenique con la seguridad social, Espinar con su vivienda y Monedero con Hacienda.

Todos exculpados por su partido pero todos pregonaban una limpieza que no cumplían.

Con todo y con eso no respetaron la presunción de inocencia de Rita Barberá, una vez extiguida por muerte la investigación a la que colaboraba voluntariamente.

O sea que se crea un nivel moral (interpretable sólo por algunos) de responsabilidad, minucioso e inplacable con los demás pero exceptuable con los propios.

Si además de lo normado (que es mucho) no admitimos una “cierta suciedad” (es decir que es normal que uno pueda cometer ciertas faltas administrativas menores y que satisfaga su culpa pagándolas y punto), que lo que no está prohibido está permitido, y la presunción de inocencia, o vamos mal.

 

Tiempos de tribulación

El Evangelio de ayer, en línea con la lectura del Apocalipsis que se hace al principio, va sobre las persecuciones y catátrofes que Jesús anuncia a sus discípulos, si bien, al final de todo ello, les anuncia tambien que llega, asimismo, el día de su liberación.

Es decir, quien en una crisis, o tribulación, no corre como gallina sin cabeza, al final triunfará.

Volvamos a la conocida máxima ignaciana: “en tiempos de crisis no hacer mudanza”. Tiempos de crisis, tiempos de tribulación de cualquier tipo, que nos ponen a prueba, o ponen a prueba nuestras creencias o nuestra línea de actuación. En esos tiempos hay que insistir en lo que creemos profundamente.

La crisis puede ser de todo tipo, cada cual que mire su caso, económica, personal, profesional……

La cuestión es que la crisis se lleva por delante todo lo no assentado, todo lo no auténtico, la crisis en sí no es mala dado que depura.

Puede crear  situaciones difíciles, e, incluso, aparéntemente insolubles, pero de todo se sale.

La cuestión es agarrarse a algo para salir, no sea que no tengamos nada a lo que asirnos y nos acabemos hundiendo.