La patria del ratón Pérez

No sé si Vds. sabrán que el ratón Pérez es un personaje de la tradición oral popular en Hispanoamérica, y que el padre Coloma recopiló esa tradición en un libro dedicado al rey niño Alfonso XIII. Coloma situaba el domicilio del ratón en la calle Arenal de Madrid, cerca de Palacio, en uno de cuyos inmuebles hay un museo del ratón Pérez que les invito a visitar.

Hoy Alberto Garzón nos diría que estamos en un caso típico de envenenamiento por la iglesia de la mente de un privilegiado niño en base a cuentos infantiles y  sólo para lograr poder. No se entiende que este niño goce de un poder omnímodo sólo por su nacimiento y sin ser votado. Menos mal que los gilipollas doctrinarios y catetos son un fenómeno, relativamente, reciente.

Todos, evidentemente alienados, creemos de niños en el ratoncito Pérez, luego ya no, pero hay gente que cree siempre, curiosamente, gente del PSOE. Pedro Sánchez es un claro ejemplo, dice dos cosas que evidencian su fe en la existencia del ratón Pérez.

Primero dice que el problema catalán es político, y digo yo que cuando se comete ua delito es también jurídico. Y espero que no admita la tesis de que los delitos cometidos en España lo son según lo que se le ocurra decir a un Tribunal alemán.

Por otra parte dice que va a hablar con los independentistas, ¿para qué? ¿para fomentar su postureo? ¿o porque cree firmemente en la existencia del ratón Pérez? yo, viendo la cara del sujeto, me decanto por la última. Con esta panda no hay nada que hacer, como poco, perderemos la dignidad. Conviene que alguien le diga al  Presidente que el ratón Pérez no existe y que sus dientes se los lleva Rajoy que, además de ser malo, quiere hacer, dado que se va de la política, lo que cantaba Juanito Valderrama: “tengo que hacer un Rosario con tus dientes de marfil, para que pueda besarlo cuando esté lejos de ti”.

 

Siempre he sido un raro

Es así, en fin, yo debo de ser el único español que no vio la final de fútbol del mundial de Sudáfrica.  Y es que no me gusta el fútbol, lo cual es una pena en este país. Empezando por ahí, muy normal no soy. Advertido esto, tengo aficiones poco habituales, no digamos poco normales sino poco habituales.

Colecciono monedas y, el otro día, miraba un real de a 8, columnario, de Fernando VI de 1754. En él aparecen los dos mundos (simbolizan España y América) como si fueran lo mismo, y así se dice: Utraque unum.

Yo sostengo que España entra en decadencia cuando en el siglo XIX pierde el Imperio, antes pudo bajar de nivel entre los grandes pero nada más. La leyenda negra es una propaganda protestante superficial que ha hecho mucho daño sobre todo en España poblada por gente que “parece” que sabe algo y en que lo correcto es opinar como de costumbre, y hablar mal de España para parecer más guay. Algunos no somos guays, nunca lo hemos sido, y ahora menos. Es otra rareza, sin más. Es parte de la poca amabilidad que uno tiene, de siempre.

Total que en el Imperio español todos eran españoles, no peninsulares y colonos, el mestizaje se practicó siempre, y a la nobleza local (sobre todo la peruana, la azteca era muy combativa y los propios indios de otras tribus la odiaban bastante) se la reconoció siempre, véase la historia del inca Garcilaso de la Vega.

A las autoridades americanas, cuando se iban, se les hacía el juicio de residencia, se miraba detalladamente en qué se habían gastado el dinero. El juicio podía durar un tiempo largo, durante el cual, se quedaban a disposición del tribunal sin marcharse del lugar y sólo cuando salían absueltos se podían ir.

La independencia de América fue curiosa, de hecho el  último país realista fue Perú, y lo independizaron otros, el Perú no tiene héroes libertadores propios como Bolívar o San Martín.

Hay cosas que España no ha creado, por ejemplo, la Inquisición. La Inquisición, cosa de la Iglesia, se crea en el sur de Francia en el siglo XII en la cruzada contra los Albigenses, donde, por cierto, muere, en la batalla de Muret, Pedro II de Aragón defendiendo a sus súdbitos albigenses. En España se instaura en el siglo XV, y no hace ni la mitad de lo que dicen por ahí, de hecho San Pedro Arbués, inquisidor mayor de Aragón, fue canonizado y, hace muy pocos años, se ha consagrado una iglesia en su nombre, por algo será. A la Inquisición no le interesaban las brujas, sus prácticas le parecían Chorradas pueriles, pero a los protestantes les daban miedo, y los ingleses quemaron muchas más que la Inquisición española,

La primera y segunda guerras mundiales fueron cosa de países tan civilizados como Francia, Inglaterra y Alemania. Por cierto que el holocausto de los judíos empezó en los años 30 sin que Francia e Inglaterra hicieran nada, ahora sí, el tema es si Pío XII pudo hacer más.

Una francesa me dijo, muy en serio, que Francia había ganado la segunda guerra mundial. En fin. Hasta dónde llega el chauvinismo.

España no participó en el colonialismo del siglo XIX donde Francia e Inglaterra se repartieron el mundo y trataron a su colonias como gente de segunda.

En el siglo XIX destacan las atrocidades en el Congo del rey de los belgas, y no digo más.

En fin, menos mal que no hemos estado con Europa hasta hace poco, así no nos pueden culpar hasta de la muerte de Manolete. Somos diferentes, y menos mal que lo somos. Ahora bien, habrá que reivindicarse algo, o dejar que la historia la sigan escribiendo los de siempre y con los tópicos de siempre.

Independencia

Aclaremos, en primer término, que lograr la Independencia es algo legítimo. De hecho, a nivel personal, lo deseamos todos, y la dependencia suele ser complicada.

La idea de la Independencia está bien, y si esa idea se materializa suele estar mejor, o no, pero, al fin y al cabo, es lo que queríamos. Independencia no es sinónimo de algo necesariamente bueno.

En España también se logró la Independencia, de ahí el nombre de nuestra famosa guerra contra Napoleón en la que tuvo parte muy activa la, entonces, patriótica Cataluña.

Independientes fueron los reinos de Taifas y el cantón de Cartagena.

Euskadi buscó la Independencia y Cataluña. cíclicamente, la busca, la culpa, parece ser, que la tuvo Felipe V.  El hombre no sabía que un acto de principios del siglo XVIII sería juzgado con criterios del siglo XXI, un poco tarde pero todo viene bien, el que no se consuela es porque no quiere.

La Independencia como fin es, sin duda alguna, algo legítimo. Pero, claro, todo fin tiene un camino para llegar a él. En España no lo hay, pero una amplia base social puede cambiar las normas y trazar el camino. De hecho cosas más difíciles hemos hecho, y que se vaya Cataluña no es la más.

Pero, tras varias elecciones normales y con mucha participación, la conclusión es que el voto independentista nunca llega ni a la mitad. Además se ve que es un voto rural, el urbano no es independentista. Y ni las generales ni las autonómicas las ha ganado un partido independentista. No hay mayoría independentista para cambiar las normas.

Conscientes de ello, los independentistas más inteligentes (Más y Junqueras) planean ir por la mayoría pelada, pasar de la otra mitad de Cataluña,  repetir la matraca independentista ad nauseam a través de TV3 y sus medios, y poner gente  que no sepa hablar de otra cosa que la independencia, ERC consigue a Tardá, Rufián y Rovira y el PDECAT a Puigdemont. Inteligentes no, por favor, que se abren a discutir y aceptan argumentos.

Una hoja de ruta demencial, unos parlamentarios de escaso nivel, pero repitiendo siempre lo mismo, los medios de comunicación propios o subvencionados, un electorado abducido, y el complejico natural de España, era la fórmula perfecta.

Lo que pasa es que en el camino han cometido delitos y desafueros sin término, no han convencido a nadie más, y han despertado a la otra mitad de Cataluña al ver de qué iban.

Si el fin es legítimo, el camino debe serlo. Aquí lo han planteado como una revolución y, ante la revolución, la Justicia, ha actuado, no hay más.

 

Diálogo

Últimamente oímos mucho esta palabra como si fuera el bálsamo de fierabrás que todo lo cura. Yo la practiqué mucho en mi vida profesional, de hecho prefería un mal acuerdo que un buen pleito, y llegué a ser famosillo porque, durante una temporada en que arregle nueve pleitos de diez, no entraba nunca en Sala.

Yo creo que si hablando y negociando se busca una solución para un problema pues mejor. Pero no nos engañemos, a veces el diálogo no es sincero, sólo es para obtener más tiempo. A veces la apelación al diálogo es para que el problema no lo resuelva el que lo ha creado. A veces es para que se resuelva y seguir igual de mal que antes pero así seguimos igual esperando que alguien se apiade de nuestra terrible situación. A veces es un diálogo para conseguir cosas que están fuera del poder de disposición de una parte. A veces una parte te dice que diálogo es para llegar a un fin ilegítimo sí o sí.  A veces el diálogo es para romper la normas etc…

De esto hemos visto mucho últimamente, hemos visto actitudes tramposas nada honradas. La más honrada es parapetarse tras el diálogo como excusa y a ver si esto se resuelve, sin hacer nada por supuesto. En momentos de caos es bueno recordar el marco normativo y el que quiera buscar soluciones, que sólo caben dentro de él, que arreé y que negocie y dialogue todo lo que sea posible.

Fuera de la ley sólo ha pobreza, tristeza y mucho macarra. Así no, no se puede arreglar nada, sólo que tenga la razón uno u otro, y los delincuentes tienen más boletos porque se mueven en su terreno.

 

Demagogia

Según el diccionario de la RAE

Del gr. δημαγωγία dēmagōgía.

1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.

2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder-

Demagogia sí que viene de demos (pueblo) y no dictadura del proletariado como dijo Alberto Garzón en un célebre tuit.

Demagogo es quien practica la demagogia como tonto es el que dice tonterías, como dijo Forrest Gump. Alberto Garzón nos está saliendo rana. Célebre es su obsesión, que raya en la malaeducación, con los Borbones y con la tercera República. Útil es su libro para calzar muebles sobre la hipotética  tercera República. Lo que no sabía es que de etimología no tenía ni idea, y eso que es escritor.

Por otra parte, hace poco he leído unas declaraciones del gurú económico de Pedro Sánchez, Jordi Sevilla done retrataba Garzón. Gazoncito medió para que hubiera acuerdo PSOE Podemos pero Iglesias dijo no, en realidad Garzón buscaba que Iglesias lo acogiera en su filas cuando vio que con el proyecto de IU no iba a ningún lado.

Ahora la misión de Garzón es cargarse al PCE e IU, de ahí que ha dicho que el PCE se equivocó en la transición, y proclama como su ideólogo al serio, soberbio, aburrido y circunspecto de Julio Anguita, frente al que llora de cursi y autentica emoción Iglesias, y que cundo estuco al frente de IU llegó a cansar a su propio electorado.

Pero el remate ha sido la operación Lezo donde parece que hay comisiones a miembros del PP de una empresa, toda ella o una división, dedicada a sondeos electorales. La conclusión es sencilla; fraude electoral. Hay una más sencilla o Garzón es tonto o se cree que lo somos los demás.

En nuestro país se pueden hacer todo tipo de sondeos pero los votos de la urna, que son los que valen, sólo los cuenta la Mesa Electoral, formada por ciudadanos y con interventores de todos los partidos.

Si ahora releemos la definición de demagogia, es claro que Garzón no procede del griego demagogia, ahora buen demagogo ya es.

Aconfesionalidad

De mis estudios de Derecho eclesiástico del Estado recordaba que no era lo mismo Estado aconfesional que Estado laico.

Y, efectivamente, no son lo mismo. Partamos del principio para ser claros y no dar lugar a líos. En mis tiempos allá por 1986, se estudiaba Derecho canónico y Derecho Eclesiástico del Estado como una sola asignatura, producto de la confesionalidad del Estado español cuando se redactó el viejo Plan de Estudios de la carrera de Derecho que yo estudie. Así como el Derecho Canónico se refería al Derecho propio de la Iglesia Católica, el Derecho Eclesiástico del se referí a cómo veía y trataba el Estado el mundo de las Religiones, era y es, un Derecho Estatal.

El caso es que hay tres posiciones que un Estado puede tener ante el fenómeno religioso: 1- Estado confesional 2- Estado aconfesional 3- Estado laico. Estado confesional es el que se adhiere a una confesión religiosa como confesión del Estado, como podía ser la España de Franco, es el Estado de la Ciudad del Vaticano, y algún país mayoritariamente musulmán. Estado aconfesional es el que proclama que el Estado no tiene religión oficial pero reconoce el hecho religioso y mantiene relaciones de cooperación con todas las confesiones, es el caso de la España democrática 3- Estado laico es el que se declara independiente del hecho religioso y no mantiene relación alguna con las religiones, viéndolas como algo privado de cada cual. Hay Estado laicos y laicistas, los laicistas, como Méjico hasta hace poco, declaran su animadversión a las religiones, los simplemente laicos, como Francia, no tienen relación con ellas, aunque al principio fueron abiertamente laicistas.

Visto esto, que podéis contrastar en la Wikipedia si no me creéis, habrá que partir de la Constitución española que en s artículo 16 dice lo siguiente:

“1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.

2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.”

Lo primero a constatar es que no aparece la palabra laicidad, tampoco aparece la palaba “aconfesionalidad” pero sí su concepto, art 16.3, y al que no me crea me remito a la Wikipedia.

Es decir, que nuestro Estado es aconfesional y no laico, por ello tiene acuerdos con todas las confesiones religiosas, todas tienen su especio en la 2 de TVE, y existe una dirección general para relacionarse con las religiones en el Ministerio de Justicia.

Es obvio decir que la religión católica es la más importante, por número de miembros, acción social, acción educativa, sanitaria, tradición, etc… por ello se la cita.

Se le da la relevancia que tiene, pero el Concordato de 1953, se sustituyó por los acuerdos de 1977, mucho más conformes con la situación actual tanto de la Iglesia como del Estado. El que mención que hay vigente un concordato con la Iglesia católica o no sabe nada o miente descaradamente.

Hace poco dije en Facebook que no podía con la devoción que desencadena la Semana Santa, frente a este comentario ha habido división de opiniones, alguno que estaban de acuerdo conmigo y otros que en absoluto, Me confieso igual de poco empático con la Semana Santa pero en la respuesta a mi comentario vi de todo.

La Semana Santa es una mezcla de Fe, tradición, folklore, sentimientos, amistad etc…Lo cierto es que si se “racionaliza” se herirá a mucha gente no necesariamente católica. Es un ejemplo más de base católica de tradiciones asumidas por el pueblo y  que son o católicas dependiendo del usuario.

Si estuviéramos ante un Estado laico la Semana Santa sería muy distinta.

Absurdas me parecen otras cosas como que la bandera ondee a media asta en los acuartelamientos del Ejército, esto no casa ya con un Estado aconfesional.

Habría que revisar el juramento del Cargo por los altos cargos, la simbología del Estado, etc…

Habría que tender más a una aconfesionalidad real, quizá el absurdo conflicto sobre la Seo de Zaragoza ( que entra dentro de la propaganda de Podemos) se hubiera resuelto discutiendo, hace tiempo,  lo que dijo Javier Lambán.

Con ocasión de las absurdas demanda y carta al Papa del alcalde podemita de Zaragoza, Javier Lambán dijo que la cuestión no es disputar la propiedad a la Iglesia, sino el empleo de fondos públicos en la restauración de patrimonio eclesiástico.

Y tiene razón, no se puede dar dinero a la Iglesia a cambio de nada, la contrapartida (uso público, exposiciones, precio limitado de entradas, o lo que sea) hay que negociarla. La Iglesia debe sabe eso, no estamos ya en un Estado católico sino en un Estado sin religión oficial pero que coopera con la Iglesia católica. Si la Iglesia no se adelanta el Estado no lo hará y la liará, de momento muchos políticos repiten el falso mantra de que éste es un Estado laico.

Hay una serie de cositas que conviene revisar. Incluso al pueblo fiel nos parece bien quitarlas. De hecho sólo algunos trasnochados en la proclamación del nuevo Rey dijeron algo porque no había dignatarios de la Iglesia católica.

Una comisión permanente o una relación fluida Iglesia-Estado se impone para adelantarse a posibles problemas, aunque, como es sabido, tontos habrá siempre entre nosotros, dirán muchas tontadas y habrá que tener mucha paciencia.