Best lawyers y el Cid Campeador

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A raíz de esta noticia, algún amigo, manifestó su extrañeza sabiendo que estoy de baja desde octubre de 2015. Ha habido que aclarar que hay dos razones plausibles: la primera es que se evalúa 2015, la segunda, y más importante, es que se vota entre abogados de toda España sobre quién conoce en tal o cual especialidad a otro letrado.

Lo cierto es que hace un tiempo ( un año más tarde que mis compañeros Javier Garanto y Antonio García) salgo ininterrumpidamente en este anuario americano.

Salgo en las especialidades de media y comunications y, la verdad que, con Cuatrecasas, he trabajado en toda España sobre esas materias.

Bueno, a lo que voy, que la prensa ya ha contado todo sobre el premio, dado que tengo una enfermedad neurodegenerativa que puede (o no) acabar en una invalidez permanente absoluta, califiqué esto, en un grupo de chat, acordándome de Inés de Castro, como Reinar después de morir.

Lo de citar a Inés de Castro fue un poco repipi por mi parte o sea que os voy a evitar mi explicación sobre quién era y mando a los curiosos a la wikipedia.

Cité también al Cid Campeador en aquel conocido episodio de su leyenda en que gana una batalla después de muerto.

O sea que, salvo que el INSS diga que puedo trabajar en algo, se confirmará mi matarile profesional y éste será uno de mis últimos reconocimientos profesionales, reinar después de morir profesionalmente. Por eso le he cogido un especial cariño

 

Puritanismo

Podríamos decir, en términos históricos, que fue una corriente religiosa, pero yo me voy a referir a aquellos que, en cualquier ámbito de la vida, no admiten un mínimo de “suciedad”, no bromean salvo con corrección, son fríos en el trato, súmamente correctos en las formas,  no admiten bien la diferencia, no se atreven a discrepar en público no sea que les vaya mal, hacen lo contrario de lo que predican, etc…

Todos tenemos algún aspecto puritano, tenerlos todos es complejo y de hacérselo mirar.

Me voy a referir a la intolerancia actual con lo que he venido en llamar “mínimo de suciedad”.

Toda sociedad democrática moderna como la española codifica en sus leyes penales toda aquellas conductas reprobbles y que merecen un reproche penal. Se trata de castigar lo hecho y de efectuar una prevención general, dirigida a todos, y una prevención especial, no lo vuelvas a hacer, dirigida al delincuente.

Además, en este país, como en muchos otros, hay una serie de faltas administrativas que se sancionan fuertemente si bien la pena de cárcel sólo va ligada a delitos y faltas penales.

O sea quela gran diferencia es cualitativa, por la pena de carcel, y vayamos más allá porque el  reproche social es mayor que en el caso de una mera sanción administrativa, cuyas consecuencias  son siempre económicas directas o indirectas.

Es decir, que estamos en un país con unas leyes penales y un cuadro de infracciones y sanciones adminitrativas.

En el caso penal nadie es culpable salvo que lo determine sentencia penal firme, en el caso administrativo (de menor reproche que el penal) hace falta resolución administrativa firme o sentencia firme.

Es lo que se conoce como presunción de inocencia.Pues bien, yo sostengo que lo no prohibido, por el Derecho, se puede hacer, es decir, que lo que no es penal o administrativaente sancionable, es legítimo.

Además sostengo que hasta que no se rompe la presunción de inocencia hay que mantenerla, es casi imposible restaurar en caso contrario el buen nombre de una persona.

Pues bien, en nuestro país, propiciado por puritanos que no miden las consecuencias de su actos, además,se ha establecido que no es legítimo todo lo que sea éticamente reprobable.

¿Y qué ética? Lógicamente la católica no, estamos en un país aconfesional, sino la del buen rollito, la de lo políticamente correcto, interpretada por algunos, no por todos.

Esos algunos son los puritanos de siempre, que hacen lo contrario de lo que predican. Véase Errejón con el negro que le hacía el trabajo, Echenique con la seguridad social, Espinar con su vivienda y Monedero con Hacienda.

Todos exculpados por su partido pero todos pregonaban una limpieza que no cumplían.

Con todo y con eso no respetaron la presunción de inocencia de Rita Barberá, una vez extiguida por muerte la investigación a la que colaboraba voluntariamente.

O sea que se crea un nivel moral (interpretable sólo por algunos) de responsabilidad, minucioso e inplacable con los demás pero exceptuable con los propios.

Si además de lo normado (que es mucho) no admitimos una “cierta suciedad” (es decir que es normal que uno pueda cometer ciertas faltas administrativas menores y que satisfaga su culpa pagándolas y punto), que lo que no está prohibido está permitido, y la presunción de inocencia, o vamos mal.

 

Cuatrecasas

 

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Yo creo que le debo un post a mi trabajo. Podrá haber opiniones, como en todo, de varios gustos, pero en mi caso, que me veo en el dique seco de una baja prolongada he contemplado con imparcialidad, y fuera del trabajo diario, al despacho.

Cierto que el apoyo de la firma y su gente en estos días ha generado en mi unos sentimientos de amistad y agradecimiento grandes y ello pone en duda mi imparcialidad al escribir estas líneas.

Por tanto, prescindamos de lo subjetivo y  centrémonos en lo objetivo.

Este año he salido del universo Cuatrecasas, donde se trabaja con gran rigor, calidad, exigencia, profesionalidad y contando con un buen equipo, algo que te llega a parecer normal; he podido fijarme en cosas similares que se hacen por ahí y la conclusión es la que es.

Con indepedencia que, en algún extraño caso, se trabaje parecido, Cuatrecasas supera con mucho la media en todo, desde luego en exigencia, brillantez de sus abogados y profesionalidad. O sea que lo que consideraba normal es la excepción por ahí, algo que en Cuatrecasas se da con habitualidad.

Nos decía Emilio Cuatrecasas hace un tiempo que él no quería un despacho grande sino un gran despacho,y, efectivamente, eso es lo que es: un gran despacho.