Mantenerse en sus XIII

Pedro Martínez de Luna y Gotor, cardenal de Aragón, fue electo al solio pontificio con el nombre de Benedicto XIII, durante el Cisma de Occidente, fijando  su sede en Avignon. Era aragonés, conocido como el Papa Luna, era de Illueca concretamente, con lo cual no tenía pedigrí para ser precursor ilustre del independentismo. Era un hombre normal, un tanto cabezudo, dado que hasta su muerte, con más de 90 años (acaecida en Peñíscola en 1423), se consideró verdadero y único Papa (“se mantuvo en sus XIII”).

Lo que mucha gente no sabe son dos cositas;

  • Avignon era un territorio papal que no inició cisma alguno. Allí se fueron a vivir los Papas porque en Roma no se podía estar. Duró la vida pontificia en Avignon de 1309 a 1377. Hubo 7 Papas legítimos: Clemente V, Juan XXII, Benedicto XII, Clemente VI, Inocencio VI,  Urbano V y Gregorio XI que volvió a Roma, a instancias de Santa Catalina de Siena, donde falleció en 1378. A esta época se la denominó “El cautiverio de Avignon” por su similitud temporal con el “cautiverio de Babilonia” que sufrieron los judíos según la Biblia.
  • Es en 1378, cuando, tras diversos tumultos en Roma, se inicia el “Cisma de Occidente”, se elige a Urbano VI que se queda en Roma y a Clemente VII que vuelve a Avignon.

Tenemos 2 Papas, o sea un buen cisma. Y este era por si el Papa estaba bien elegido o no. No era, como con los ortodoxos, por si el  Espíritu Santo procedía del Padre o del Padre y el Hijo, o como con los monofisitas por la naturaleza de Cristo, si era sólo divina o divina y humana. Algo transcendente en sus vidas diarias, e importante para comprar el pan. Lo otro se las traía, aunque a la gente corriente le daba igual.

La Iglesia Católica, como toda organización, se rige por el Derecho y ello ha provocado cosas  buenas y lamentables como esta. Esto pasa cuando no hay normas o no son claras, porque nunca pasa nada y “hay confianza”, a la divina providencia es mejor limpiarle el camino de tontadas diversas.  A Clemente VII le sucede Benedicto XIII y surge la “solución conciliar” se convoca un concilio, se depone a los 2 Papas y se elige al legítimo. Con ello se consiguió  que hubiera 3 Papas, como pasó en el concilio de Pisa.

El aragonés se mantuvo hasta el final (hasta su deposición por el Concilio de Constanza, la retirada de obediencia del rey de Aragón, la declaración de antipapa  y su exilio en Peñíscola) no llevó esta vida por soberbia o por construir un Derecho falso y a medida,  sino que tuvo una vida martirial (o casi) por sostener la teoría jurídica de que el poder del Papa era superior al del concilio, por tanto, un concilio no le podía deponer. Lo cual demuestra que no es que los aragoneses seamos tercos, es que, como dice Leo Harlem, tenemos razón

Además, hemos de señalar que, como vivió tanto tiempo, era el único cardenal nombrado por un Papa no dudoso. Y eso no era discutible, si bien no se preveía un concilio con un solo cardenal elector.

Por tanto, respetaba las normas, y las respetó incluso en su exilio en Peñíscola, llamada “el Arca de Noé”, desde dónde firmó varios documentos pontificios.

Siendo así, su figura despierta poco interés en la vida actual, sobre todo para algunos que se las dan de demócratas violando la ley, yo creo que ni Fidel Castro era precursor de esta gente.

Regirse por la ley, la palabra dada etc… queda fuera de concilios, conciliábulos, compadreos y cosas raras.

Quizá el pactar sea, hoy en día, lo más razonable, pero siempre toda posición ha de tener un sustento.