Colegio agustinos Romareda

Hoy el Apa del Colegio agustinos Romareda de Zaragoza me ha invitado a dar una charla sobre superación de la adversidad, Hace más de dos años que no doy charlas en público, por eso me la he escrito, creo que he dicho algo de lo escrito, además, me ha salido desestructurada, pero yo soy así,  ahí va:

“1-Presentación

Buenas tardes, gracias por venir, me llamo Luis Murillo, hace más de dos años que no hablo en público, me vi­ mal con el habla y me retraje, hoy estoy peor.

Yo nací el 28 de mayo de 1967, estudié en corazonistas, e hice la carrera de Derecho en nuestra Universidad. En 1995, ingresé en la escala de Letrados de la DGA , antes, de 1990 a 1994 intenté Abogado del Estado pero no la saqué. En la DGA fui también secretario del Consejo Consultivo, y vocal de la Junta de reclamaciones económico-administrativas. Impulse y fundé la asociación de Letrados de la DGA.

En 1998 me caso, en 2004 nace mi hija.

En 2005 me compro casa tipo casoplón.

En 2005 pasé a ser Director Jurí­dico de Tv y Radio autonómicas, que entonces se fundaban y partí­amos de cero.

En 2007 pasé a Cuatrecasas con la máxima categoría de abogado excepto los socios-propietarios.

En 2012 tengo los primeros síntomas muy leves de la enfermedad, en julio de 2014 dejo de correr, no puedo, en noviembre de 2014 me diagnostican la enfermedad: ataxia cerebelosa bilateral, no hay medicamentos. En mayo de 2015 dejo de conducir.

El 6 de octubre de 2015 me cojo­ la baja, en octubre de 2016 me cambio de casa, el 26 de diciembre de 2016 me comunicaron la invalidez absoluta, y en septiembre de 2017 vendo mi antigua casa. Ahora hago fisioterapia, dos veces por semana, terapia ocupacional, una vez, xilografí­a japonesa, yoga y logopedia, tengo un blog, facebook, linkedin, twitter, ayudo a preparar oposiciones, y trato de reinventarme día a dí­a.

2- ¿Qué pinto yo aquí­?

La verdad que no lo sé. La gente que me ha invitado piensa que mi testimonio es importante. Yo, siendo sincero, y pese a ser abogado, no lo sé. Una enfermedad como ésta supone una catástrofe y no se supera. Como mucho se acepta, se sabe que la vida va a ser distinta a como venía siendo.

Todo es un proceso de aceptación paulatina, la vida no es la misma y uno no es el mismo. No se trata de superación. La enfermedad no es algo que superar sino algo con que vivir con naturalidad, y eso cuesta.

Acostumbrarse a que te cuiden,

Acostumbrarse a que te hagan todo.

Acostumbrarse a dejar hacer.

Acostumbrarse a escuchar.

Acostumbrarse a hablar raro.

Acostumbrarse a la dependencia.

Acostumbrarse a la silla.

Acostumbrarse a confiar.

La costumbre leva a la aceptación.

Los demás tienen un papel muy activo, con una mera sonrisa o con una simple amabilidad pueden cambiar vidas.

1 Consejo: acostumbrémonos a ser amables siempre y a escuchar.

Adversidades, contradicciones hay muchas, en distinto grado, estemos dispuestos a sobrellevarlas, no se miden objetivamente, sino subjetivamente, en base a su intensidad. No valoremos, escuchemos, acompañemos. Y no digamos gilipolleces objetivas como ” ¡Qué día llevamos, a ti se te muere el padre y yo pierdo el lápiz!

2 Consejo: fomentemos el oír el sentimiento propio sin ser sentimentalistas de lágrima fácil. Dejemos que los niños sientan y no les encerremos en un sistema de normas. Sólo sintiendo distinguirán el grano de la paja.

No pensemos que la solución es formar en valores. Cierto que hay que formar en valores pero hay valores permanentes como la sinceridad, la honradez y el esfuerzo y otros caducos, temporales o poco importantes. Además sucede que hay valores que sirvieron para nosotros pero no para nuestros hijos que crecen en otros que no comprendemos.

Rechazarlos aumenta la brecha generacional.

3 Consejo: la vida es un rio. La vida no es algo rectilíneo, es un iter, un camino, un proceso, con sus baches, sus meandros, etc… la vida nos viene dada, no la diseñamos nosotros, pero somos libres para aceptarla o no.

El hecho de que algo no nos guste no es malo en sí­, por ejemplo: no nos gusta el colegio y vamos, A veces lo que nos gusta no nos conviene: por ejemplo los dulces. La vid no es sólo cuestión de gusto, el gusto es una buena orientación pero nada más. Suele pasar que queremos lo que nos gusta pero hay que saber distinguir.

A mi no me gusta esta enfermedad, me cuesta vivir cada momento, yo sufro, mujer sufre, mi hija sufre, mi familia sufre, la opción es aceptarla y hacer todo lo que se pueda. Sucede que, cuando se hace, se mejora uno y su entorno y todo va costando menos, pero se hace partiendo de las propias limitaciones, porque es absurdo querer correr cuando no se puede andar, lo que no es absurdo es querer que la silla corra más.

Me gusta la imagen del escudo de Parí­s: un barco, unas aguas y el lema “Fluctuat nec mergitut”, fluctúa pero no se hunde, en realidad eso es la vida: fluctuar, y hundirse, inevitablemente por viejo o por enfermedad, al final pero no voluntariamente.

Sucede que todos siempre nos hemos fijado en otros que se enfrentan a adversidades terribles, y siguen, mal o bien fluctúan, tú también eres capaz, todos lo somos. Sólo hace falta una cosa: sentirse querido y respetado. Si la familia y la sociedad te tratan normal, y no te agobian con cariños, compasiones y elogios innecesarios, se puede tirar. No somos gente especial somos gente normal a la que le ha pasado algo, como los rubios por ejemplo, nadie piensa en hacerle nada especial a un rubio, a nosotros tampoco. Lo hay que hacer es adaptar, pero ya eso lo hacemos, todos, de continuo, porque no hablamos igual a todo el mundo.

Como decí­a una, especiales son las pizzas, no nosotros.”

 

 

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

4 thoughts on “Colegio agustinos Romareda”

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  2. Ayer por la noche te escribí pero algo debí de hacer mal y se borró. En fin, lo reitero ahora: ¡bravo, Luis!

    Un fuerte abrazo

  3. Sabes, cuñado? Los que te queremos fluctuamos contigo. Quién dijo que la vida fuese fácil? Y nosotros, cobardes?

    Un abrazo enorme, ya sabéis que no estáis solos (algo habréis hecho bien, no? ;))

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