Los nuevos espartanos

Los espartanos, cuando nacía un niño, lo examinaba un consejo de ancianos, y, si tenía alguna minusvalía, lo despeñaban por un barranco para evitar al Estado los gastos de mantenimiento de una vida poco productiva. Hitler hacía lo mismo. Y hace unos años, cuando aún no tenía esta enfermedad ni por asomo, un compañero/amigo llamaba despectivamente “el subnormal”  a un ujier del Parlamento, que tenía una minusvalía psíquica y había sacado dignamente sus oposiciones y su plaza, a diferencia de muchos otros.

Sucede que ayer oigo hablar a una madre de que su hija ha tenido una reunión convocada ex profeso por el equipo director de una Facultad. Sucede que la niña, que tiene un síndrome que le lleva a hablar con dificultad y a usar silla, va a ir a un Colegio Mayor interna  y la nota le ha dado para estudiar una carrera de prestigio. La reunión fue para desalentar a padres e hija, para decirles que era una carrera muy difícil y que hiciera otra más fácil. Evidentemente, se oyeron de todo y la niña va a empezar la carrera.

Yo creo que no salgo de mi asombro desde ayer, hay quien se cree que, frente al esfuerzo de vivir todos los días, lo importante es un carrera universitaria.

Vaya mentes más limitadas, resulta que la niña se supera día a día, sonríe todos los días, sus padres se separan de ella para que haga su vida aunque conlleve más riesgo, y hay quienes, como los antiguos espartanos, juzgan que no podemos hacer lo mismo que los demás, que, con perdón, pero para nosotros no es para tanto comparado con lo que hacemos día a día, y, nos vienen a decir, que mejor que para qué, que no demos tanto mal, que no hagamos lo ordinario que hay gente mejor.

Cierto que damos mucho mal, en nuestro descargo diré que no es a idea. Siempre se puede volver a tratarnos como ya he descrito antes, siempre se nos puede despeñar por un barranco y fin.

En el fondo yo tengo suerte, esto me ha pillado mayor, mi familia y mi entorno me ayudan sin pedirlo, y la gente siempre ha sido muy maja conmigo, jamás me he encontrado con un gilipollas. Dada mi edad tengo un currículo interesante y, por eso, me doy el lujo de reírme de quien presume de su logros profesionales únicamente.

Cuando digo que no me he tropezado con gilipollas soy muy generoso, ahora recuero dos: una psicóloga y un médico neurólogo. Fíjese que ambos tienen, si no han muerto, carrera.

Frente a la lucha por vivir, una carrera no es sino un elemento más. Puede salir bien o mal, pero no pasa nada. Además ¿qué es salir mal? ¿suspender? o ¿tropezarse con tontos?

Aunque Hitler, y mi amigo, nunca lo vieron, el peor síndrome es el que no se ve, la falta de empatía que te lleva a tratar a los demás como cosas útiles o inútiles. Un riesgo que corremos todos si no humanizamos nuestras ocupaciones.

Asumir la mentalidad espartana es fácil y rentable.

 

 

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

3 thoughts on “Los nuevos espartanos”

  1. Añadiría que a los “gilipollas” que se consideran legitimados a opinar lo que los demás pueden o no pueden hacer, suelen presumir de ser solidarios y otras virtudes varias.
    Todos tenemos limitaciones; las discapacidades son muy diversas; y a todos nos tienen que “aguantar” los demás. Menos mal que aportamos cosas buenas sino ya no quedaba nadie.

  2. Desconozco el alcance de tus posts, Luis, pero espero que lleguen muy lejos, cada día más; porque estas palabras, estos “dardos” que lanzas, sin duda dan en el centro de la diana (aunque desearía que a tu mencionado compañero/amigo le alcanzaran en medio de salva sea la parte).

  3. Dicen que el mal absoluto, en las personas, es la total falta de empatía. Y los “gilipollas”, además de falta de empatía, se les olvida una cosa importante, y es que en cualquier momento, ellos pueden estar en esa misma situación. Basta un ictus, un cáncer cualquiera, un accidente de circulación…. y “voilà”.
    Por lo tanto, mas vale tratar a las personas por su sesera y menos por el envoltorio….

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