Dios

Hoy iba pensando cosas que me parecían muy originales y, como de costumbre, se me ha cruzado otra. Además de pensar en todo lo que tengo que hacer y no me apetece. Y eso que no tengo médicos, que soy muy mal paciente, bueno no soy muy paciente que digamos.

El caso es que iba a poner un artículo original, de esos que no lee nadie, y se me ha cruzado el típico y habitual comentario de “cómo lo llevas, yo no podría”.

La respuesta es “no te lo deseo pero tú podrías, yo también pensaba que no podría y ya ves” A esto se une atribuir la enfermedad a Dios, como una prueba que nos manda Dios a algunos, a ver si somos fuertes, o sea que el que la recibe es una especie de “elegido”, que, ya que está jodido, no es mal consuelo.

Yo no es que no crea en Dios, pero creo que no manda enfermedades ni esas cosas, creo que está en otros temas.

Hace mucho una amiga me dijo que tendemos a humanizar a Dios, a buscar seguridades. De ahí las listas de deberes piadosos que agradan a Dios. Hay gente que busca cumplir todos para obtener con seguridad lo prometido en vez de luchar por cumplir cada uno bien como posibilidad de penetrar en el misterio de Dios. Porque Dios es un misterio, no es un sádico despiadado que nos manda crueles enfermedades para probarnos, Dios no tiene nada que ver con la enfermedad. En realidad nos explicamos todo mejor con un Dios antropomorfo como los antigüos griegos.

La enfermedad, como, al final, la muerte, es parte de la vida, no es una prueba. Como decía Santa Teresa, en el ocaso de la vida se nos juzgará en el amor, no sobre qué obligaciones piadosas hemos cumplido o qué pruebas hemos superado. La vida, la de cada uno, es como es, y la vida en sí es un completo para amar o no, para eso Dios nos creó libres. Podemos elegir, pero lo bueno y lo malo  es responsabilidad nuestra. Los únicos dones de Dios son el conocimiento y la libertad, de ahí la perversidad de las dictaduras.

La enfermedad ni es mala ni buena a los ojos de Dios, a vista humana es mala, a vista de Dios simplemente es.

La libertad y el examen final en el amor, nos llevan a una mayor responsabilidad con nosotros mismos y los demás, sin que le podamos endilgar nada a Dios.

Todo lo malo y lo inexplicable se lo solemos chutar, o se lo recriminamos o lo sublimamos de lo puro buenos que somos.

En el fondo, como dijo uno de mi pueblo cuando le recriminaron que sólo tenía dos hijos pudiendo haber tenido tres, Dios no está para estas tontadas.

Como se nos juzgará en el amor, y somos libres, cada acto hay que hacerlo a conciencia.

Se puede tener una vida, humanamente, plena y ser un tonto del culo y cada día más. Y al contrario.

 

Published by

Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

One thought on “Dios”

  1. No sé si viene al caso la reflexión, si tiene que ver con tu post, pero siempre he creído que eso de que “la vida pone a cada uno en su sitio” es una soberana mamarrachada. Hay auténticos gilipollas e hijos de puta que viven y mueren tocando el cielo con las manos (otra cosa es lo que pase después), y gente buena cuya vida es un infierno. Si no se ven las cosas con un plano muy abierto (a mí cada vez me cuesta más abrirlo) es difícil de asumir y aceptar que no existe la “justicia divina terrenal”.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *