Coaching

Con el vicio de decirlo todo en inglés, se usa esta palabreja que quiere decir: entrenamiento. La fascinación por lo extranjero es común. Yo pensaba que una compañía de autobuses  de Zaragoza, Therpasa, era de matriz alemana, dado su nombre, y me parecía superguay, luego supe que Therpasa quería decir Transportes Hernández Palacios Sociedad Anónima, y que era de Tarazona, me sentí superidiota. Cosas que pasan debido a la fascinación por lo raro..

Pero volvamos al coaching o entrenamiento. Todos hacemos, o nos hacen, coaching. Hay gente profesional en ello y hay gente que ni lo sabe. Cierto que los profesionales saben ir más allá, pero yo creo que todo parte de lo mismo: saber escuchar.

Parece algo muy simple pero no lo es, todos tenemos la tendencia de decir, de aconsejar, pero no escuchamos nada o muy poco. Últimamente la redes sociales nos refuerzan esa tendencia y nos creemos muy originales, a lo mejor sin darnos cuenta de que herimos sentimientos con lo que decimos.

El entrenador debe escuchar, a lo mejor el entrenamiento se lo hace uno mismo al poder decir lo que piensa y escucharlo. El entrenador ha de saber guiarte para decir lo que se piensa, sin más. No ha de condicionarte, no ha de hacerte decir lo que quiere escuchar, y, eso sí, ha de ser como una tumba.

Como siempre, voy a contar dos sucedidos personales. Un amigo, quizá el mejor abogado que conozco, y al que llamaré “fulano” por discreción, me decía, con sencillez, sorna y humildad, que una buena amiga, ante un gran problema que tenía, había comentado: “Me buscaría un buen abogado, pero voy a ir con fulano. Escucha tan bien.”

Otro amigo, segundo en una gran empresa, me comentaba que el gran jefe solía llamarle para que le hiciera de paño de lágrimas, para desahogarse.

Por ello creo que todo el mundo necesita alguien que le oiga, alguien a quien desarrollar sus ideas y ver, él mismo, si son tontadas o merecen la pena.

Lo difícil es escuchar de modo neutro.

De una situación pasiva pasamos al consejo. a la acción, al entrenador profesional. No todo el mundo sabe aconsejar, y hay consejos que la lían parda.

Hay quien tiene don de consejo y hay quien no, hay quien tiene experiencia y hay quien no, hay quien se guía por el bien del entenado y hay quien pasa de él, en fin… hay de todo, como en botica, y más si usamos términos ingleses que dan sensación de algo nuevo e ignoto.

Últimamente triunfa gente que se titulan como “motivadores”, se dedican a la proclamación de lo obvio, ante el asombro de gente mucho más docta que ellos.

Son consecuencia de los fallos y rendijas del sistema, que es, por donde se cuelan.

En el fondo son una cuadrilla de mercachifles, de vendedores de crecepelo, y la empresa actual tiene recursos de sobra para examinar lo obvio y el día a día por sí sola, si no lo hace que se lo cuestione y que sea crítica con las enseñanzas de esta gente.

Los verdaderos entrenadores saben sacar de uno mismo y añaden valor, no se dedican a lo obvio.

Y luego sepamos los límites de cada cual, un entrenador no es un santón al que se le debe devoción ciega en todo ni ha de pretenderlo, sus funciones son las que son, punto. Digo esto porque es común que, para personas enfermas como yo, aparecen salvadores mágicos son poderes inexplicables, tontadas a montón en las que creemos por desesperación, sin más. Apliquemos la lógica, que para eso está, y veamos si hay algo aprovechable.

No todo el mundo es buen entrenador ni se debe dar todo tipo de consejos a todo el mundo, por ejemplo, a los hijos. Cuidado con el tema. Ahora rige la especie de la amistad con los hijos y la sinceridad. A ver, uno no es amigo de sus hijos, es su padre, y hay cosas que no se cuenta y así se evita abrumarlos y descargar las propias responsabilidades en los hijos. Es verdad que es muy tranquilo tener amigos mejor que hijos, pero eso uno se lo piensa antes. Y la misión de un padre es educar no ser colegui. Pero esto, es algo que se sale del tema.

O sea que entrenar es complicado, discernir un buen entrenador también; tiene que tener claro su límite, la empresa debe saber el para qué, etc… Lo que está claro es que hace falta, en uno u otro grado, a todo el mundo, y hay que hacerlo bien.

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

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