Simplicidad

Nunca me han gustado ni los análisis complejos, ni las cosas complicadas; pero ello no quiere decir que no existan. En mi trabajo jurídico siempre he intentado, y recomiendo, reducir a una idea comprensible todo. Trabajar con ideas sencillas. En lo simple suele estar la esencia y la solución, lo demás son envoltorios. Hay que ir al núcleo.

Sucede que esto que suele servir en Derecho, y más en el caso de contienda judicial, no suele servir en la vida normal de relación, es “demasiado crudo”.

Esto es así, la vida no es un trabajo jurídico, aunque parezca mentira para un abogado español, la vida atiende a las más variadas consideraciones y opiniones.

No se puede actuar como un podemita cualquiera, es decir, sin tener ni puta idea de nada y, además, creerse en posesión de la verdad. La posesión de la verdad hasta ahora era el típico e irritante patrimonio de la izquierda, pero los de Podemos le han añadido una cosa difícil: no tener ni puta idea de nada.

Pero dejémonos de excursus políticos.

La vida es compleja y a veces es difícil, imposible, o desaconsejable, reducirla a fórmulas sencillas. En las tertulias televisivas y radiofónicas suele darse tal reducción, yo creo que es porque el formato lo exige, pero los contertulios pontifican y la gente que los oye cree y divulga medias verdades, en el mejor de los casos.

Hay cosas que son lo que son, hay cosas simples a las que se ponen ropajes para disimular y para que no podamos opinar, y nos perdamos. Esto ha pasado, y pasa, con los crímenes de ETA, de la muerte o extorsión a un ser humano, pasamos a múltiples consideraciones de todo tipo. Esto sí que se puede hacer simple, al fin y al cabo es lo que es.

Salvando muchísimo las distancias, y poniendo un ejemplo totalmente diferente, ¿Qué se puede decir jurídicamente de la demanda de Zec sobre la catedral de La Seo? que es una mamarrachada, y atender a otras consideraciones o a su examen jurídico es de gente que o no sabe, o que atiende a otros intereses, y que han elegido esta catedral a sabiendas de lo injusto de la reclamación, y que no la paga Zec sino el Ayuntamiento de Zaragoza.

Reduzcamos a lo simple lo que tengamos claro, quizá no hay mucho, pero eso es bueno: que lo poco esté claro. Admitamos opiniones en todo y discutamos todo, pero no mantengamos que todo es relativo y opinable, hay cosas que no lo son. Un amigo mio, con su conducta, mantiene que casi todo, o todo, es opinable, que la gente tiene sus razones,. Así se lleva bien con todos y con ninguno, pero eso, a veces, es muestra de tibieza, y la tibieza, en algunos casos, suele ser operativa pero poco recomendable.

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

One thought on “Simplicidad”

  1. La simplificación además de FRÍVOLA resulta CÓMODA. Tener una opinión banal de las cosas es más fácil que analizar y concluir, tareas para las que además se requiere cierta capacidad intelectual y en la mayoría de los casos “despensa cultural”. Eso sí, la simple frivolización de la realidad se puede defender con la misma vehemencia y convicción que la verdad más fundada.

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