Flojita

Una sociedad flojita de cojones, eso es lo que tenemos. Una mierda, vaya. Sociedad, que, ante el ejemplo de Ignacio Echeverría que asumió sus valores sin pensárselo, pagando el precio de la muerte, se acojona, menos mal que el Gobierno reconoció el ejemplo. Menos hablar del terrorismo islámico y más actuar. Menos circo y más realidad. Menos bufonadas gratuitas, como rechazar la donación de Amancio Ortega y más pensar en la gente.

Todo empieza con una sociedad cuyo leiv motiv es “ser feliz”,”autorealizarse”, eso sí, sin dolor y sin que la fama cueste. Total, los indocumentados de Gran Hermano (en pantalla desde 2000) ahí están, y cuanto más impresentables son más ganan. Hay políticos que presumen de no tener estudios, se exige más a un ujier de las Cortes que a un diputado, además el ujier  ha de vestir de una determinada forma y el diputado un día nos aparece en bañador porque pasa mucho calor.

Una sociedad flojita, tolerante porque nadie se mete en líos ni propios ni ajenos, no hay valores integrados, hay palabras huecas que no dicen nada pero políticamente correctas.

Pero vayamos a la causa de todo: la búsqueda de la Felicidad. A los 40 años, todo hombre sufre una crisis de edad, que puede ser bien resuelta y crecer o mal resuelta, volverse gilipollas y hacer alguna tontería. Una de las tentaciones es hacer lo que no se ha podido hacer hasta la fecha. Aquí suele fallar el primer análisis y se pone uno a hacer cosas que, se supone, dan la felicidad. La primera autocuestión es ¿si hasta la fecha no he hecho esto no será que no me convenía? así evitamos toda idea de martirio y represión previa que solemos achacar a: padres, formación religiosa, mujer, hijos, me casé muy pronto y no sabía lo que hacía, trabajo mucho, etc..

A ver, si hemos hecho lo que hemos hecho suele ser por algo, ver las consecuencias de ello (la más evidente de ellas son los hijos), asumir el espacio que nos queda, no echar la culpa a nada ni a nadie y adelante, pasemos a la segunda fase y corramos, hagamos cocina, cambiemos de trabajo o de mujer incluso. Pero seamos razonables, tengamos fundamento de peso, no digamos la gilipollez típica de frase hecha ” antes yo era esclavo” “no hacía lo que me gustaba” “ahora soy feliz” etc… Por favor, algo más que  esto es de tontos y hay demasiados.

Cada cuál verá, pero que no se proclame como ejemplo por favor. Que no nos torre. Yo creo que Ignacio Echeverría era un tío normal que vio una agresión, se bajó de la bicicleta (pudiendo escapar), se enfrentó al agresor con su monopatín y otro le mató de una cuchillada por la espalda. No buscó nunca ser un ejemplo pero lo fue y su país se lo ha reconocido.

No voy a entrar en más ni en menos. ¿Producto de esta sociedad? Más bien de su familia, que estuvo ejemplar en todo.

Esta sociedad es una mierda, obsesionada por la “felicidad” de cada cual, “felicidad” que es ausencia de dolor, de obligaciones. de trabajo, de la propia formación, de valores, no sea que asumirlos cueste, y de compromiso. Eso sí, hay que ser políticamente correctos, con el lenguaje, con los semáforos, etc…

Lamentable Irene Montero que se pone a llorar por lo que le dijo el portavoz del PP, pero bueno, si ya lo conoce, y ella dijo, durante más tiempo, lindezas mayores.

Pero el portavoz del PP, y ese fue el error, no fue políticamente correcto, hay temas que no se pueden mentar, por más que sean vox populi.

Una sociedad donde ni se fomentan los valores ni el esfuerzo, una sociedad sin otro fin que so sea ser cada vez más “felices”.

¿Dónde vamos? a ningún lado. Hay cosas evidentes como la claridad del sol y la oscuridad de la noche. Es evidente, por ejemplo, la propiedad de la Iglesia sobre la catedral de la Seo de Zaragoza, es evidente que la actuación del Ayuntamiento de Zaragoza era temeraria y una soberana chorrada, pues nadie tuvo cojones de decírselo, y así los políticos se creen sus propias mentiras.

Estamos en un país en que se puede creer en cualquier cosa, sea verdad o mentira, dañe a otros o no, con tal no te haga daño a ti, no te perjudique, y te haga feliz a ti, cree lo que quieras, todo da igual, todo es relativo.

¿Perder la vida defendiendo a una desconocida? Eso es la excepción, no es normal. Los terroristas  suicidas seguirán igual, pero, más de uno, pensará que, si se baja a dar cuchilladas, lo mismo se lleva un patinetazo.

Este sociedad se parece al cuento del traje del emperador, que parezca aunque no sea, preferimos creer en la ficción antes que descender a la cruda realidad.

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

3 thoughts on “Flojita”

    1. Pues sí David, la vida es lo que es no lo que queremos, algunos la definen como una putada. Yo me acuerdo que alguien, cercano, me dijo, hace nueve años, ante una cierta previsión de futuro “a ti, ¿qué te va a pasar?” ya ves, pues nada, para lo que me podía haber pasado, nada de nada. Lo único que la vida no es rectilínea.

  1. Yo también pienso que vivimos en el cuento de El nuevo traje del emperador, el problema es que cuando sale el niño (que siempre hay alguno) y dice que el emperador está desnudo, en vez de darle la razón, le fríen.
    Es lo que nos ha tocado vivir y nuestra generación, los que fuimos adolescentes en los 80, ha tenido la mala suerte de conocer la involución después de la evolución. Sólo nos queda pelear para que nuestros hijos tengan claro donde está el horizonte.

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