El arte de la guerra (III)

Uno de mis capítulos preferidos es, realmente, una breve frase, son las virtudes que ha de tener todo mando. Todo abogado puede tener dos posiciones (1) o hacer la guerra por su cuenta, caso del letrado de una Administración, que ha de saber de todo, tener armas cual navaja multiusos de Albacete (2) o mandar un equipo, grande o pequeño. Las cualidades del mando las cita bien Sun Tzu: sabiduría, rectitud, afabilidad, valor y temple.

Yo me las puse en una pizarra y nunca las conseguí todas, pero, en fin, el cuadro me ayudó a reflexionar.

Puede valer para criticar al jefe si eres currito y tienes alma de maruja verdulera como yo, o puede valer para autoexaminarse si eres jefe.

A mí me tocó ser jefe, con poco equipo, en la CARTV, y jefe, con buen equipo, en Cuatrecasas. En la DGA era un guerrillero, o un paracaidista como dijo mi jefe en la comida de despedida. He estado siempre orgulloso de ser un paracaidista, en Derecho, lío que hay, me pongo la mochila y al ataque. Uno es así, pero no es lo mejor para ser jefe. De hecho un amigo dijo  de mí que eran tan buen compañero como pésimo jefe, eso fue en 2010.

Un buen jefe se implica con su equipo, lo cuida, les transmite su sabiduría, que no es erudición. Se dice que más sabe el diablo por viejo que por sabio, y hay recorridos vitales que dan capacidad y sabiduría para saber qué hacer y no correr, ante un problema, como pollo sin cabeza.

Lo de la rectitud tiene su cosa en un abogado, pero sepamos que el buen cliente la demanda aunque le duela y no podemos chalanear con los clientes, además si el jefe no es recto el equipo se equivocará, puede pensar que es lo normal. Y la rectitud no reside en la cuenta de resultados sino en la lealtad mutua, la confianza mutua y la transparencia.

La afabilidad es básica en todo equipo, si el jefe no la transmite no hay un equipo que trabaje unido, hay gente técnicamente más o menos buena y punto. Claro que la afabilidad muy simpática o coleguismo hace que el subordinado se equivoque y se pierda el papel del jefe. Es muy fina la línea de separación, pero hay que conseguirla.

Valor y al toro, importante tenerlo, el jefe ha de tomar las decisiones más comprometidas y responder de ellas y sus resultados. No se puede hacer recaer esa función en el equipo, el equipo siempre sigue a su comandante.

Temple, buff, yo ya no lo tenía cuando estudiaba oposiciones y luego he tratado de tenerlo, consiste en no acelerarse ante una situación, analizar sus pros y contras fríamente, despellejarla bien, a conciencia, verle toda, hasta lo que uno cree que sabe y no imaginar situaciones que no sean producto de la lógica.

Además hay que tener en cuenta que el arte de la guerra es el arte de la ficción por tanto hay que esforzarse en tener esas virtudes y el equipo debe saber que, al menos, su jefe lo intenta y las respeta o le guían porque conseguirlas todas  es complicado.

 

 

 

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

2 thoughts on “El arte de la guerra (III)”

  1. Muchisimo animo Luis, no sabía nada. Tu buen hacer, tu sensibilidad y tus ganas de hacer cosas en la vida y….. tan defensor siempre de la radio. A mi, no se me olvida. Un fuerte abrazo.

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