El arte de la guerra (II)

Sun Zu dice que  cinco son los factores a tener siempre en cuenta:

1- El dao

2- El clima

3- El terreno

4-El mando

5- La organización.

Estos  son elementos a considerar en cada batalla y en toda guerra. Para el abogado, que defiende los intereses de su cliente, son muy necesarios.

1- El dao. Es la senda  y el objetivo, ¿qué fin pretende el cliente? ¿ es lícito? siendo lícito ¿ casa con nuestra forma de actuar? ¿es adecuado el camino jurídico que se pretende?. Se trata de lograr una unión con el cliente, una confianza perfecta. En base a todo ello se puede actuar, si falta esta confianza en el objetivo y el camino, falta todo.

2- El clima. Podemos entender “el momento oportuno” el abogado debe ser oportuno y nunca intemperante. Es una pena tener derecho y no ejercerlo oportunamente. En la negociación esta habilidad es esencial, a veces es importante saber hasta dónde (entendido por el lugar) se negocia.

3- El terreno. Es el conocimiento que se tenga del derecho. Conviene no meterse en jardines y no animar al cliente a sus guerras vengativas. Es normal que el cliente esté alterado, pero el abogado es un técnico ajeno, que busca satisfacer al cliente, sí, pero de modo técnico. Como decía un amigo “los abogados no damos palizas de encargo”- Cuidado con identificarse con la posición personal del cliente. Lo nuestro es poner a su servicio el derecho.

4- El mando. Es esencial, a éste dedicaré un sólo capítulo. Si uno actúa sólo es como un jedi, tiene que saberlo y tener una filosofía muy propia. Si uno comanda un equipo ha de cuidarlo, saber bien qué sabe cada cual y su límites y procurarle  una formación continua así como estímulos profesionales.

5- La organización. Aquí como previo ha de saberse si se va a una sola batalla, o a una guerra larga y de numerosos frentes. Si se va a una sola batalla decisiva, la organización debe preverse sobre todo para el caso de derrota, el famoso plan B. Se debe contratacar si se puede y no es temerario. Debe haber gente de refresco el la retaguardia con un plan B que sorprenda al contrario. Si la guerra es larga, ha de haber gente para todo y en cada momento y pactarse bien con el cliente no sea que nos quedemos cortos de gente o cortos de dinero a nivel de honorario, Y. según mi experiencia, si la guerra parece larga echémosle más tiempo. Seamos adecuados no sea que nos pillemos las manos por mucho o por poco.

Paseando

Ahora, dada mi situación de pensionista, paseo mucho por Zaragoza. Voy con mi silla autopropulsada y mi perrita , una bichona maltesa muy cariñosa, al lado. Lógicamente paseo a horas en que antes trabajaba y, como me dijo Ignacio Sancho, voy sintiendo poco a poco que se me cae el corcho que forma una vida organizada por el trabajo.

Se me cae el corcho y veo la ciudad, una urbe grande pero con sus matices, veo escenas normales que ni sabía que se daban, gente tomando café tranquilamente, el olor de los churros recién hechos, el tañido de las campanas, las palomas de la plaza y mi perrita persiguiéndolas, el color del día…. Todo es un espectáculo vivo del que te priva el corcho de una vida organizada al minuto.

Toda mala situación tiene su lado bueno, y, a veces, ese lado va creciendo haciéndose mejor. Todo es evolucionar y, en mi caso, siento que se me ha dado esa oportunidad. Uno no puede esperar que la vida sea como uno quiere,o como esperan los demás, o como la del amigo a quien envidia, la vida es como es y, si uno es capaz, es bueno aplicarse el lema del escudo de la ciudad de París que se refiere a un barco: fluctuat nec mergitur. Y como un preparador mío me dijo una vez que no hay que traducir el latín no lo hago,

También participo de escenas curiosas, como con mi perrita hacemos un dúo singular ha habido gente para todo. Recuerdo tres escenas, en la primera me hice una fotografía con unos turistas en la plaza del Pilar, creo que el dúo formado por mi perrita y yo  llamó la atención. En la segunda unos reporteros de callejeros de TVE, que hacían un reportaje sobre el barrio de la Magdalena, nos echaron un “rayo” , les debimos de parecer curiosos.

La tercera fue hace poco cuando un mujer de cierta edad me dijo que mi “perro” me haría mucha compañía, ante mi sorpresa aseveró que era perro, no preguntó sobre su sexo ni dijo su “perro o perra”, yo comprendí que, por la edad, era un producto de la educación heteropatriarcal que ha sufrido este país. Gracias a preclaras cabezas como Alberto Garzón vamos entendiendo lo engañados que estábamos por los poderes fácticos y que hemos de hablar así, decir lo mismo pero perdiendo el tiempo.

Después de soportar con paciencia bolivariana su absoluto desconocimiento de la ideología de género, algo le debí de comentar sobre que la perrita era de mi hija así que, con cara compungida, me dijo “Ah que vive con su hija” y ahí ya sonreí y me marché pensando que a esta mujer, sinceramente, le debía de dar mucha pena. En fin, menos mal que me  da la risa pero situaciones así, normales y naturales, no ayudan. Llevan al “pobrecito de mí” y eso no es bueno, nada bueno, hay que apostar por normalizar sino ,a la menor, contamos nuestra triste historia, yo al menos.

La ciudad tiene esas cosas, una vez una monja de clausura nos dijo que le sorprendía no ver, en la cara de la gente, muchas sonrisas. Y es cierto, no las hay, salvo si tú sonries, ya hay una, además todo se pega, y algún otro, si te ve sonreir, lo hará… y así sucedáneamente.

Aprender a disfrutar de la vida poco a poco no es cambiar de ocupación, es abrir lo ojos, es ver lo que la vida nos ofrece y es pesar en los que nos rodean y evitar pensar sólo en nosotros que es lo más habitual.