El amoto

Todo aragonés que no sepa qué es un amoto podrá tener la vecindad civil y la política, pero le falta algo. Le requiero a que no presuma de ser aragonés en un tiempo y que se lo haga mirar.

El amoto es algo tan simple como la forma abreviada de motocicleta, lógicamente es “la moto” pero la gente, básicamente de capas rurales, de edad respetable, poco instruida, a su pesar,y con poco gusto por la literatura, pensaban que la “a” del artículo formaba parte del nombre, por eso hablaban de “amoto” y decían “El amoto” por evitar cacofonías, o porque pensaban que era masculino.

Ahora se va oyendo menos, la gente mayor en los pueblos va desapareciendo, y esos “modismos” no son guay, es un castellano mal hablado, es mejor decir  algo en fabla, ay perdón, en aragonés, aunque no se hable ni se haya hablado nunca. Y ya si se sabe una jota en aragonés, ni te cuento.

O sea que el amoto no queda bien. Hoy en día amplias capas urbanas, de menos de 20 años, poco instruidas, a idea, y con ningún gusto por la literatura, aunque lean mucho wathsapp mal escrito, han sustituido a las antiguas.

Son los nuevos analfabetos, los que ni se plantean que existe el aragonés, salvo si queda muy chic…. para ligar. Una nueva clase que pasa de todo, que se traga todo, y que, en un futuro próximo, acríticos como son, asumirá lo que más cómodo le resulte.

Yo reconozco que no me molesta lo del amoto, me parece más natural que llamar Chorche  a quien siempre se ha llamado Jorge. Pero bueno, para gustos los colores, y siempre se puede debatir.

Sucede que la nueva generación se  va a tragar lo más guay, dirá alguna palabra en aragonés a la vez que se lía un porrito, asumirá los valores que le vendan, nos dirá a algunos que somos unos incorrectos y no sembramos buen rollo, y punto. Es lo que hay.

No es que odie a esa generación pero hoy, volviendo del Hospital Miguel Servet con mi silla autopropulsada, me he metido en el tranvía.

La gente mayor me cedía el sitio pudiera o no, la gente joven veía el móvil y ni se movía, alguno manifestaba, discretamente, su incomodidad por mi presencia y, sobre todo, porque tuviera que apartar la vista unos segundos de la pantalla del móvil y moverse mínimamente.

Ante semejante postura de este colectivo, he optado por invertir los términos: primero atropello, segundo aviso, tercero me disculpo. Primero y segundo suelen ir al revés, pero, ante tanto modorro, no he podido y he de reconocer que me lo he pasado bien atropellando a esta gente con mi amoto.

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

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