Juan Alberto Belloch

Hace poco el actual Ayuntamiento de Zaragoza ha licitado una auditoría por 20.000 euros (una birria para hacer algo serio y propio de consultores  de segunda) para ver los “desfases” del tranvía, denunciados por el Tribunal de Cuentas.

Las obras del tranvía son las únicas que conozco donde el presupuesto de adjudicación ha sido el presupuesto final, donde ha habido informes independientes a cada queja, donde se ha puesto de manifiesto que los cambios en lo planificado han obedecido a órdenes del Ayuntamiento si bien se tenían que haber recogido burocráticamente aunque eran legales y legítimas. Pese a eso el Tribunal de Cuentas ve desfases y el Ayuntamiento contrata un informe para que algún listo les diga que el Ayuntamiento del PSOE gastó de más porque estaban mal hechos los pliegos. Los dineros ya están adjudicados y el listo será de la órbita, ¿qué se juegan?

La verdad es que nunca he sido muy fan del tranvía porque tenía ya mis necesidades cubiertas, pero al moverme en silla de ruedas he cambiado de opinión.

Es evidente que para nosotros las mejores calles son las remodeladas con ocasión de las obras del tranvía, y no las comparo con un barrio, pongamos, por ejemplo, la plaza de los Sitios. El que quiera que me llame, o me escriba y coja mi silla, se de un vuelta y me diga.

El tranvía es el único medio de transporte realmente accesible para nosotros, los demás no lo son, y lo siento por los ímprobos esfuerzos de sus titulares para que lo sean.

Este beneficio social no es medible pero ahí está, midan lo que hubiera costado hacer accesible las vías remodeladas por el tranvía, midan lo que es reformar todos los antiguos autobuses que pasaban por el trayecto del tranvía, midan todo eso y se quedarán cortos. Acabaremos concluyendo lo que me decía ayer un compañero desde su silla ” A mí me da igual el gasto, más líneas que hubiera,”

Y todo se lo debemos al alcalde Belloch, que, retirado de la política, calla. Yo parto de unas bases ideológicas que no son las de Belloch, y nunca le voté, pero reconozco que ha sido un lujo tenerlo entre nosotros como alcalde y como persona.

Aún recuerdo sus tiempos  de “superministro” en Madrid, donde le tocó resolver el caso Roldán, donde le tocó lidiar con el ego de Garzón etc….

Luego recaló en la política aragonesa, pasó por la oposición municipal, fue alcalde, impulsó la Expo, sacó a Zaragoza del atraso en materia de infraestructuras, tuvo la gallardía de reconocer a Atarés los méritos que ni en su partido le reconocieron, y dejó, al final, el tranvía, y todo en medio de la peor crisis que hemos sufrido.

¿Qué dejó deudas? normal, quizá sea mejor no hacer nada, como Rudi, así tu vida política es tan larga como insustancial.

Ahora el nuevo Ayuntamiento le ataca cada vez que puede, él no dice nada, su tiempo en política ha pasado. Y menos mal que sacó el crucifijo del salón de plenos municipal así evitó mofas gratuitas, o, más bien, desahogos de la libertad de expresión, a lo que se ve reprimida desde 1936.

Yo sostengo que ha sido un lujo, alguien por encima de las mediocres figuras de su partido y la oposición, una figura de nivel nacional a las que estamos desacostumbrados.

Te podrá gustar más o menos pero el nivel era muy distinto a la cutrez actual, sino véase la polémica de nuestro alcalde, la gomina y su estilismo, Por no entrar en el alto grado de preparación de los concejales de ZEC, y su amplia visión de la ciudad. De todas formas, seamos buenos, démoles más de los cien días de cortesía, ah pero si llevan ya dos años, y recordemos siempre el refrán “donde no hay mata no hay patata” y es que va a ser que no hay.

 

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

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