Pablo Ráez

La verdad es que acojonado me ha dejado este chaval. Con 18 añitos, fuerte, joven, atlético, alto, le notifican, sin más ni más, una leucemia. El tío contaba que fue un mal día, pero peor el tratamiento, encerrado, el no superar el primer trasplante, pero lo peor fue no superar el segundo.

Al final acaba de morir con 20 años. Hasta aquí he contado lo “jodido” que lo es, pero el tío era valiente y positivo,  y sonreía de verdad.

Y a mí, que estoy con una enfermedad degenerativa poco simpática, este chico joven me removió no sé el qué, pensaba que yo afrontaba la adversidad de modo guay pero no, para guay este tío que con 20 años deja muchas lecciones a todos.

Hubiera estado bien conocerlo, creo que se ha ido alguien que sabía lo que de verdad importa. A mí, como relativista que soy, me cuesta reconocer que hay gente 100% honesta y buena y Pablo lo era. Tendría sus cosas, como todos pues lo jodido es no ser un ángel en estos casos, pero a nadie le han importado.

Mucho que aprender de él, mucho que rezarle, y mucho que imitar si se puede.

Pero, además, esta semana leyendo “Patria” de Fernando Aramburu (libro muy interesante) me encontré con un personaje que pasaba de encantador a ogro deprimido por un despido. Es decir, una contrariedad económica, algo objetivamente grave. Pero el tío era tan petardo que no se fijaba en los esfuerzos de su mujer, transmitía su amargura a sus hijos, y a toda su familia. Al final se recolocaba y mejoraba si bien su mujer ya no. El se creía que tenía justificación para todo, e incluso que, en esta vida, tenía derecho a una cuota-parte de felicidad.

Bueno el 99% de los mortales somos más o menos como él, aunque algunos nos pasemos la vida disimulando, no queremos contrariedades, aceptamos las evidentes porque es absurdo negarlas pero incluso nos negamos lo que no es evidente a todas luces. No aceptamos las contrariedades ordinarias, nunca pensamos que le puedan pasar a la persona que nos apoya por en ese caso, ¿qué haríamos? no sólo no sabemos hacer nada sino es que nunca lo hemos agradecido ya que, es algo objetivo, tenemos bastante con lo nuestro.

Todos pensamos, de una manera u otra, que tenemos derecho a nuestra cuota-parte de felicidad, no la trabajamos, queremos que nos la den, es nuestra ya que somos muy buenos y bastante sufrimos (por lo que sea).

Como veis es la antítesis de Pablo, leed algo de él, yo espero comprender, de momento me parece que merece la pena,  y no es poco.

 

 

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Luis Murillo

Jurista, escritor (ensayista y blogger). Fuí Abogado, Consejero en Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, Director de la Asesoría Jurídica de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión y Letrado de los Servicios Jurídicos del Gobierno de Aragón. luismurillojaso@gmail.com

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